Energéticos
Jorge Carrillo Olea
Desde el cómodo balcón que me proporciona mi ignorancia sobre energéticos, a los que les han surgido tantos sapientísimos doctores, uso estas líneas para expresar lo que más me inquieta, mientras opinar sobre que las industrias energéticas queden en manos de quién es cosa de los súper expertos en energía que hoy brotan por todas partes.
La visión iluminada de los legisladores ya se expresó, yo sólo me ubico en la comodidad de simple observador, preocupado porque me parece que una discusión de auténtico interés sobre esos temas no estuvo en consideración: corrupción e ineptitud.
Los profanos poco podemos opinar y sin embargo sí nos es claro que no ha habido las indispensables discusiones sobre esos temas esenciales que históricamente han sido el origen de verdaderas adversidades pero de las cuales no se suele hablar.
Para mal nacional, corrupción e ineptitud han estado metidas hasta la médula de los mexicanos y por eso es que debiéramos estar sumamente preocupados. No es acudir a míticos atavismos sino como verdad que es, sólo recordar que nuestra historia política y administrativa está llena de ejemplos.
De no tomarse mil prevenciones, las concesiones o contratos, sean lo que fueren, operarán totalmente arrebatados por esas nefastas constantes que son un deporte nacional. El decreto reformador hace mención de las sanciones sólo de pasada, al final, sólo para justificarse.
Sencillamente en esas materias podríamos estar desarmados ante presuntos socios como las nuevas Siete Hermanas: Aramco de Arabia Saudita; Gazprom, de Rusia; CNPC, de China; NIOC, de Irán; PDVS, de Venezuela; Petrobras, de Brasil; Petronas, de Malasia; sumando a otras más conocidas como la Standard Oil, Royal Dutch Shell, British Petroleum o Texaco.
O peor aún, ante Halliburton con su terrible desprestigio y poder político, el exvicepresidente Cheney de Estados Unidos es el accionista mayor. Son todos verdaderos tiburones de la materia, experimentadísimos en el lóbrego mundo de los negocios de la energía que dominan sin el menor escrúpulo.
Son ellos los que vendrían a lidiar con la débil secretaría de Energía, que sería la contraparte mexicana. Leer el decreto anuncia la terrible complejidad administrativa que anticipa por la pesada carga de creación, ajuste y operación de instancias burocráticas para su manejo y que no nos son familiares.
No conocemos esas disciplinas. ¿Imaginamos a nuestros paisanos manejando con equidad a clientes que son gigantes internacionales, calidades, volúmenes, precios, futuros, financiamientos o paridades monetarias?
El sólo imaginar una negociación entre esos lobos y nuestros buitres u ovejas, resulta para alterar los nervios por las mismas dos razones: la corrupción y la ineptitud bien pudieran presidir la mesa.
Esta convicción no es ni referencia a persona alguna ni catastrofista. No quiere molestar a nadie ni tomar cauces de rendición. Tener esa preocupación es simplemente producto de la experiencia. Así ha sido casi siempre.
No hay por qué pensar que ante esas escabrosas materias, gigantescas en valores involucrados con impacto en las políticas interna, externa y económica, de gran complejidad técnica y mercantil, por arte de magia hoy nuestras conductas serán diferentes. Más que nunca, hoy es proeza nacional ser corruptos e ineptos.
Informes sobre corrupción internacional nos han exhibido recientemente en lastimosos términos, más abajo del centésimo lugar. Ésa es nuestra verdad, siempre lo ha sido, pero siendo siempre mala, ahora es peor.
Se ha hipertrofiado a partir del gobierno de Fox y hoy parece florecer con gran empuje. Es lastimoso hacer un ensayo del vergonzoso rosario de ejemplos dados en el pasado que son aún memorables.
Los grandes escándalos de corrupción por la compra de barcos inútiles y a sobre precio hecha por Díaz Serrano hace unos años o la Sra. Martita y sus nenes, o la Maestra y su sindicato, el Sr. Montiel o García Luna o la ineptitud brutal para construir la Estela de Luz, de Calderón. Ya se verá el tren bala Mérida-Cancún.
El quehacer público ha sido reiteradamente corrupto y frecuentemente inepto. Terribles lastres para el interés nacional. Ningún fatalismo se recoge en estas notas, es simplemente la memoria la que las alimenta.
Hay más, muchísimos casos más que todos conocemos pero que callamos. Callamos porque observamos que la ley y la justicia, por lo pronto, no reinan en nuestro país. Estamos aprendiendo esa fatídica lección de ver y callar.
Ante cualquier denuncia, viene en contra la cargada de la autoridad para hacer del denunciante un delincuente. Se le exigen elementos que tocaría a la autoridad aportar y se le prefigura como prevaricador. ¡Increíble pero es así!
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