David Alejandro Boyás Gómez
El lingüista mexicano José Guadalupe Moreno de Alba, quien falleció en agosto del año en curso, fue recordado por alumnos, maestros y compañeros en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM el pasado miércoles 27 de noviembre.
El coordinador de la carrera de Lengua y Literaturas Hispánicas, Javier Cuétara, rememoró con afecto a su maestro y colega, a quien dice, conoció en el periódico al leer frecuentemente sus Minucias del lenguaje que fueron publicadas por primera vez en un libro en 1992.
Cuétara aseveró que el legado del lingüista Moreno de Alba es inconmensurable, pues además de su extensa bibliografía –de referencia obligatoria para los estudiosos de la lengua– dentro de la UNAM dirigió con inteligencia y empeño el Centro de Estudios para Extranjeros, el Centro de Estudios de Lenguas Extranjeras, el Instituto de Investigaciones Bibliográficas y la Facultad de Filosofía y Letras. Fue miembro y director también de la Academia Mexicana de la Lengua e investigador emérito del Instituto de Investigaciones Filológicas
Pero su mayor mérito, según Cuétara, es haber formado a tantos alumnos y profesores en distintas instituciones. Con emotividad, agradeció que haya sido siempre un modelo para los maestros.
En su turno el escritor Gonzalo Celorio, académico de la lengua y ex director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, recalcó la importancia de los estudios de dialectología en México y América y de sintaxis histórica que emprendió Moreno de Alba, quien era Doctor en Lingüística Hispánica por la misma Universidad. Subrayó sus esfuerzos por levantar encuestas para el Atlas Lingüístico de México y por cumplir los tres mandatos que la institución plantea a la comunidad universitaria en su ley orgánica: La docencia, la investigación y la difusión de la cultura.
Para concluir, Celorio agregó: “por encima del ping-pong académico en el que coincidimos, fui su amigo”.
El poeta y profesor Eduardo Casar rememoró los tiempos en que Moreno de Alba dirigía la facultad: “Había una gran permisibilidad”, dijo, y lo adjudicó a que el filólogo poseía un verdadero sentido del humor, a veces sarcástico. Esta flexibilidad se puede ver, afirmó, en sus Minucias del lenguaje, pues nunca era impositivo ni preceptivo en los asuntos de nuestra lengua.
En cuarto lugar tomó la palabra Gloria Villegas, directora de la facultad y colaboradora de Moreno de Alba cuando éste dirigió la escuela. Al respecto Villegas refirió que su conducción fue destacable y que durante su gestión se comenzó a tomar en cuenta a los profesores para la constitución de los cuerpos colegiados de cada carrera.
Para concluir, la directora dio a conocer la decisión del consejo técnico de que la antes llamada Sala A de la facultad ostente desde ese día el nombre de José G. Moreno de Alba.
Los cuatro profesores develaron la placa ante el beneplácito de una comunidad que reconoce en el doctor Moreno una trayectoria humanística de irreprochable ética y una vocación por la enseñanza y la investigación de enorme valor para los estudios lingüísticos, no sólo de México y del mundo hispánico, sino en un nivel internacional.
