Patricia Gutiérrez-Otero
(Primera de tres partes)
Las exhortaciones apostólicas forman parte de los documentos que publica un Papa. Éstas se escriben generalmente después de la celebración de un Sínodo o reunión de obispos en el que se trató un tema que merece darse a conocer en forma pública. Forman parte del magisterio de la Iglesia Católica. Esta exhortación surge tras la celebración de XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”, celebrada del 7 al 28 de octubre de 2012.
La alegría del Evangelio es la primera exhortación apostólica del Papa Francisco y comprende 142 páginas. Un rasgo que desde el inicio llama la atención es el lenguaje y el tono en el que está escrita. El lenguaje es mucho más sencillo, en ocasiones llega a ser coloquial, que el que usaron papas anteriores. El tono es más cercano y mucho más personal. Estas características facilitarán sin duda una lectura por parte de la gente, creyente o no, que no domina el lenguaje técnico de la teología ni de la curia.
Entre los autores que cita, además del mismo Sínodo, se encuentran documentos de Vaticano II, de Pablo VI, de Juan Pablo II, de Benedicto XVI, pero también de Tomás de Aquino, Juan de la Cruz, Juan Crisóstomo, el cardenal Newman, Romano Guardini, documentos episcopales, entre ellos varios no europeos, por ejemplo de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (Documento de Aparecida), Catholic Bishops Conference of the Philippines, carta pastoral What is happening to our beautiful land? (1988), United States Conference of Catholic Bishops, carta pastoral Forming Consciences for Faithful Citizenship (2007), Comité Permanent de la Conférence Episcopale Nationale du Congo, Message sur la situation sécuritaire dans le pays (2012), etcétera, lo que habla de la apertura a una Iglesia plenamente universal que no sólo escucha, sino que habla y es escuchada.
En esta exhortación Francisco deja mucho más clara su posición ante varios temas que han causado expectativa entre aquellos que están interesados en conocer sus posturas, y muestra los giros que considera esenciales para la Iglesia en este momento histórico y que reanudan o retoman, con mayor serenidad, aspectos que Vaticano II lanzó y que no han llegado a incorporarse en la comunidad eclesial ni en su estructura. En este sentido la apuesta del papa Francisco sigue siendo, junto con Vaticano II, una revisión y reforma de la estructura de la Iglesia. Sin embargo, su origen latinoamericano y los esfuerzos reflexivos sobre la doctrina social cristiana realizados por la Iglesia Católica, refuerzan mucho más que en Vaticano II el tema de la opción por los pobres y la incidencia necesaria en la vida social actual y en la eliminación de las formas de inequidad existentes a causa del sistema económico dominante.
En relación con sus predecesores redimensiona el tema de la moral y lo sitúa por debajo de la misericordia y del anuncio primero del cristianismo. En ello, y en otros rasgos, se puede apreciar su espiritualidad jesuita.
Profundizaremos en estos temas y trataremos otros, como su posición ante el aborto, el lugar de la mujer en la estructura eclesial, la relación ecuménica, etcétera, en la próxima entrega.
Además, opino que se respeten los Acuerdos de San Andrés, que se detengan las mineras, que se revisen a fondo y dialógicamente todas las reformas impuestas por el gobierno, que no se entreguen los hidrocarburos y que se cumpla la Ley de Víctimas.
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