Murieron el Pacto y el IFE
Alfredo Ríos Camarena
El Pacto por México ha sido un instrumento ágil y eficiente para construir reformas legislativas, con el apoyo e iniciativa del gobierno federal y con la participación de las dirigencias de los tres principales partidos políticos en nuestro país.
En su desarrollo, se establecieron acuerdos que permitieron avances legislativos que correspondían al proyecto transformador del gobierno priista; en efecto, fueron muchas las reformas, destacadamente la educativa, la de comunicaciones, la fiscal, la hacendaria, la política, la energética y otras más; sin embargo, cada una de éstas fue producto de negociaciones internas de los dirigentes partidistas, con la participación de un puñado de legisladores federales. El propósito era correcto; sin embargo, no siempre la opinión de los legisladores corresponde con sus dirigentes partidarios. En el caso del PAN, fue relevante la división que se dio y que tiene como fondo, después de la gran derrota electoral, la elección de un nuevo comité nacional; en el mismo caso, el PRD, que está integrado por muy diferentes grupos y facciones, por lo que sus bancadas legislativas no tienen homogeneidad, pues representan distintos grupos de poder en el interior de este instituto político, a lo que debe agregarse, para su análisis correcto, la creación de un nuevo partido encabezado por López Obrador, mientras que en el PRI existió y existe una vez más la vieja disciplina al presidente de la república. Peña Nieto logró consolidar su liderazgo en el Congreso y con los gobernadores de todos los estados que pertenecen a ese mismo signo partidario.
En este conjunto de coincidencias y diferendos, llegó el punto en que fueron más grandes las diferencias que los denominadores comunes; así se esperaba. El PRD y las demás fuerzas de izquierda no podían ni pueden aceptar el desmantelamiento de los paradigmáticos artículos 25, 27 y 28 de la Constitución, por lo tanto, se han alejado del Pacto y seguramente no volverán. Por eso, esta crónica de una muerte anunciada se veía venir desde el principio.
En el resultado final, el gobierno logró la reforma fiscal que deseaba con el apoyo del PRD, y la reforma energética, piedra de toque de las aspiraciones gubernamentales, que finalmente se logró en alianza con el PAN; para ello, tuvo que ceder una reforma política que el PAN deseaba y que es verdaderamente, en lo que se refiere al IFE, una barbaridad que al menos costará a la nación mil millones de pesos. La creación del Instituto Nacional de Elecciones es inexplicable, poco justificada y de dudosos alcances.
La reforma educativa obtuvo consensos de todos, incluso para las leyes secundarias, y transitó; y tuvo que caer la cabeza de la lidereja Elba Esther Gordillo, otra muerte anunciada, pero la acción de la CNTE violenta y organizada ha impedido su plena aplicación y tiene secuestrada a la ciudad de México, frente a la acción pusilánime de las autoridades gubernamentales.
Finalmente, la reforma energética fue aprobada pero se han polarizado seriamente las fuerzas políticas y todavía queda un largo camino para que tenga efectos económicos importantes. Por eso, al decidir la creación del Fondo Petrolero, éste se verá obligado a entregar a la federación las mismas cantidades que equivalen al 32 por ciento del Presupuesto de Egresos de la Federación, cuando menos el próximo año; es decir, sus efectos hacia el desarrollo económico tardarán mucho tiempo en darse, sin que sepamos si esta medida es positiva o no, en el futuro de México.
Se murió el Pacto por México, el Instituto Federal Electoral; quedaron heridos los sindicatos de maestros y de petroleros; los partidos políticos de oposición no acaban de aceitar sus maquinarias electorales; no se ve claro el funcionamiento del Instituto Nacional Electoral y, mientras tanto, el tema de la seguridad sigue pendiente y en Michoacán se vive un estado fracasado y una situación de dramática inseguridad.
Salió bien Peña Nieto, los cien días previstos lograron en principio los objetivos, pero el camino es difícil y arduo, falta gran parte de la legislación secundaria; en la reforma de comunicaciones, ya se vencieron los términos que el propio Congreso se autoimpuso. Pese a todo, la transición hacia un sistema diferente está en juego; el objetivo de mayor importancia, tiene que ver con la desaparición de la desigualdad y de la pobreza. Ojalá se logre.
El título de la obra de García Márquez es válido en estos días; se trata de la crónica de una muerte anunciada.
