Ricardo Muñoz Munguía
(Primera de dos partes)

El volumen Maravillas que son, sombras que fueron. La fotografía en México (Era / Museo del Estanquillo/ CONACULTA; 2012) retrata diversos instantes de nuestro país gozoso, adolorido y bello. Una historia en la que caben varias historias de nuestra sociedad en la que profundizó Carlos Mon­siváis para dejar célebres páginas en libros, periódicos, revistas, prólogos, catálogos, y que hoy se recogen en el libro que hoy nos ocupa, el que además, como prueba de ese testimonio gráfico, inserta en sus páginas centrales más de cincuenta fotografías que van de las mujeres desnudas de la Belle Époque de Ava Vargas en las casas de citas hasta los momentos que dejan ver las dos partes de la música con un par de mujeres que al salir de un concierto en el Palacio de Bellas Artes pasan frente al organillero que estira el brazo para ver si puede recibir alguna moneda en su gorra o el preciso instante en que mujeres chiapanecas se enfrentan al ejército, pasando por diversas personalidades de la Revolución Mexicana, de la actuación, de la música o el obrero o el campesino.
El recorrido por el México de su historia gráfica que se propone en el volumen Maravillas que son, sombras que fueron… nos deja entrar/ver, en el primer de tres apartados, un preámbulo de lo que enmarca la historia de la fotografía en México; atiende las imágenes de Ava Vargas que pertenecen a la llamada Belle Époque y el privilegio de la mal llamada “clase alta”, que es más bien adinerada, por asistir a las casas de citas; de los Casasola abunda en la Revolución Mexicana en la que el registro de esto eran los soldados, fogoneros, ahorcados, adelitas…; de Sotero Constantino Jiménez Gómez el fotógrafo de grupos y familias en Oaxaca, y de donde se toma el título del volumen Maravillas que son…; con Manuel Álvarez Bravo destaca la mirada que se detenía en el caballito de feria como en una calle vacía o alguna persona que pudiera darle expresión a la fotografía de Álvarez Bravo; o de quien fuera su esposa: Lola Álvarez Bravo, que fijaba más su atención en el detalle y el retrato; de los Mayo hace pervivir lo que les incitaba el campo, la ciudad, la opulencia, la multitud, la tragedia…; de la importante aportación de Gabriel Figueroa al cine nacional o de Armando Herrera que retrató a las grandes figuras del cine; de Héctor García que encontró principalmente el perfil popular de la ciudad.