Alejandro Alvarado

En todos los medios de comunicación del país se publican temas de violencia, pero no de la cotidiana, la que se valida todos los días en las escuelas, en las casas, en las oficinas, en un contexto cibernético, de la que son víctimas las mujeres. Cómo que no hay suficientes espacios para contar esa historias porque los protagonistas son los jóvenes. La juventud está estereotipada, poco importa, es rebelde, no sabe lo que quiere, no posee valores, comenta Alejandra del Castillo, coautora con Moisés Castillo (colaborador de este semanario) del trabajo periodístico Los Nadie, publicado por Grijalbo. Precisamente la voz de Alejandra es la que abre la presente charla:

—Como que nos cuesta trabajo comprender las circunstancias que giran alrededor de los muchachos y en vez de acercarnos a ellos los vemos con reticencia. De ahí viene el título del libro Los nadie. Moisés y yo tratamos de exponer un dibujo de la violencia que viven los jóvenes, dado que ésta se comporta como una hidra, como el monstruo mitológico al que le cortas la cabeza y le nacen dos más. Empiezas hablando de un tipo de violencia y de repente ella se te escapa a la escuela, se te escapa a la calle, se te escapa a todos lados. Cuando te das cuenta ya estás hablando de violencia intrafamiliar y de bulliyng en una misma historia, o ya estás hablando de violencia institucional, porque no hay instituciones de salud que atiendan a los jóvenes, pero sí que se relacionen con algo que sea determinante en la vida de ellos; por ejemplo: una persona pierde un ojo porque no hubo posibilidad de atenderlo. En Los nadie contamos la historia de un discapacitado emocional y del desconocimiento que hay de ese tipo de personas. Porque, para ponerlo entre comillas, son “normales” y de repente tienen un episodio de estrés o de otra cosa que les detona la enfermedad, y ni estamos preparados para trabajar con ellos, ni para tratarlos, ni para incluirlos socialmente. Es muy triste que su vida en la actualidad es más difícil que antes.
—Según su experiencia, ¿de qué manera se atiende esta problemática?
—Esa atención no la hay. Los nadie funciona como un puente para llegar a muchos jóvenes que tienen diferentes tipos de historias. Al final de cada capítulo hay conceptos, datos estadísticos, aportaciones de especialistas, páginas de Internet y hay una pregunta a forma de test.
—¿La violencia, cree usted que sea una parte inherente del ser humano?
−Sí, lo es. Erich Fromm dibuja esto muy bien. En su libro Anatomía de la destructividad humana separa la agresión de la violencia. Habría entonces que hacer una diferenciación de esos términos. La violencia siempre ha existido, nada más que no está visibilizada, México es un país que la esconde y la valida, y esto trae como consecuencia la sociedad que tenemos. Una forma de atacarla es hablando de ella, de señalarla, de decir no está bien y no buscar espacios de diálogo. Yo no tengo ningún problema con la confrontación pero hay mucha gente que sí lo tiene, porque piensa que la confrontación es pelear a muerte, pero no es eso; es un debate de ideas. Puedes tú no estar de acuerdo conmigo, pero eso no nos hace amigos o enemigos. Mucha gente tiene pensamientos tan primarios que no puede generar un sentimiento empático, porque no le importa la opinión de los demás.
—¿Qué tan importante puede ser la educación para, de algún modo, erradicar la violencia?
—Todos vamos a la escuela y, aún así, la violencia no se acaba. La mayoría de personas que han sido asesinados por el narcotráfico tiene el factor común de que casi todos interrumpieron sus estudios. La escuela te salva pero no hay en ella espacios para dialogar. Te da otro nivel de vida pero no te vuelve más humano.