Vaticinios políticos

René Avilés Fabila

No es fácil hacer vaticinios políticos en México. Pero al menos es adecuado intentar algunas opiniones de lo que podrá suceder en este año que nace, 2014. Lo primero que salta a la vista es que los partidos seguirán siendo inestables, subirán o bajarán de las preferencias del electorado, según las actuaciones de sus más activos militantes. Ello es normal en las democracias y la nuestra lo es aunque muy imperfecta. El PRI, por ejemplo, no levantará cabeza en la ciudad capital, pese al desplome de Miguel Ángel Mancera y a las dificultades de un PRD cada vez más dividido, seguirá siendo un partido minoritario.

    El PAN, en su turno, tiene que pasar de las quejas y las críticas que despliegan sus dirigentes, a la reunificación y a una actitud que mejor lo defina en la ideología que alguna vez tuvo. No cabe duda: el poder presidencial le hizo un enorme daño. Ni siquiera tiene una figura de alto rango para las siguientes elecciones presidenciales. Algunos mencionan al gobernador poblano. Podría ser, su estructura es totalmente priista.

El PRI podrá, de seguir así la oposición, acrecentar su poderío a escala nacional. Ya, al parecer, las fugas de sus militantes para buscar en otro partido lo que en el suyo no encontraron, ha concluido. Serán de nuevo personas bien portadas y no se moverán mucho salvo en el interior del organismo. El método que Peña Nieto ha seguido les ha funcionado. Tiene a la oposición dividida y la usa según el caso. Para la reforma energética, se confabula con el PAN, para la política, con el PRD y de tal manera avanza o digamos que se sale con la suya en un país donde los partidos políticos son un desastre.

El PRD se desmorona. Su mejor carta, el petróleo, no supo manejarla. Con serios problemas internos, sólo logró enfrentar la medida priista a gritos e insultos tanto en las cámaras como en las calles. Es decir, volvió a sus orígenes y se alejó de los grandes debates. No es fácil pensar en los caminos que debe tomar para recuperar el prestigio obtenido a fuerza de caudillos que pasaron por el gobierno capitalino. Lo que le permitió a Cárdenas hacer su tercera intentona para llegar a Los Pinos y a López Obrador convertirse en un candidato aguerrido, que se desdibujó con la arrogancia de Ebrard y con los errores de Mancera. El PRD tiene que hacer un gran esfuerzo para que efectivamente sea de izquierda y gire más en torno a su militancia que a los deseos personales de sus líderes. De los tres partidos mayores, es el que tiene dificultades más complejas.

El que parece gran triunfador aunque sus opositores más sectarios lo nieguen, es Peña Nieto. Es el gran reformista a los ojos de los medios de comunicación. Ya tuvo hasta encuentros afortunados con intelectuales y científicos en la entrega del Premio Nacional de Ciencias y Artes. Sus compañeros de partido y muchos ciudadanos lo ven con buenos ojos y lejos parecen haber quedado los traspiés que le restaron popularidad. Sin embargo, apenas lleva un año. Eso puede ser bueno y malo. Bueno porque bien comienza, malo porque faltan varios años de obstáculos y debe decidir la sucesión, lo que hará que esa ínsula de la felicidad que se llama PRI, de nuevo se descomponga.

Por lo pronto, nos hace falta un nuevo partido, uno que bien represente a la sociedad y a sus mejores intereses.

 

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