Un ciudadano alemán que a sus 88 años de edad no esperaba tener que rendir cuentas por algo que sucedió hace casi 60 años. El 10 de junio de 1944, en plena batalla de Normandía, Werner formaba parte de la Tercera Compañía del Primer Batallón del Regimiento -El Fuhrer-, encargada de rodear y liquidar a todos los habitantes del pueblo francés de Oradour sur Glane, en la región de Lemosín, para vengar el asesinato de un capitán de las SS a manos de la resistencia francesa, los partisanos.

-Yo estuve allí, pero no disparé ni un solo tiro», aseguró el pasado miércoles este ex combatiente alemán en los juzgados de Dormunt, donde se ha abierto una causa contra él por haber participado en una de las peores matanzas jamás cometida. Aquel día, en Oradour sur Glane, fueron asesinadas 642 personas. Los 190 hombres del pueblo fueron fusilados, mientras que las 245 mujeres y 207 niños fueron encerrados en la iglesia, los alemanes lanzaron varias granadas de mano al interior del templo y luego le prendieron fuego a la iglesia y a todo el pueblo. Había entre ellos 24 españoles.

El fiscal general de Dortmund, Andreas Brendel, no cree en la versión de Werner C., quien siempre ha asegurado haber estado allí pero que no solo no mató a nadie, sino que ayudó a salvar la vida de varias personas advirtiéndoles de que se escondieran en el bosque y no salieran de allí bajo ningún concepto. Andreas Brendel no se cree esta versión y ha asegurado a los medios de comunicación alemanes: -Me quedo de piedra cada vez que escucho su versión-.

Para el fiscal Brendel, Werner C. participó directamente en el fusilamiento de 25 hombres en un granero del pueblo y de complicidad en la muerte del resto de los habitantes de Oradour sur Glane. El excambatiente y presunto asesino alemán también ha dado su versión a los medios de comunicación: -Es mentira, viví muy de cerca la escena del granero, pero no disparé ni un solo tiro, me ordenaron que hiciera guardia y protegiera los vehículos en los que nos habíamos desplazado hasta allí-, explica Werner C.

La versión oficial de lo ocurrido aquel trágico 10 de junio en Lemosín no recoge más supervivientes que unas cuantas mujeres con sus hijos y seis ciudadanos franceses judíos que salvaron la vida gracias a los monjes de la abadía de Munch, que les dieron cobijo hasta que fue noche cerrada, momento que aprovecharon para escapar por un túnel de desagüe de 800 metros de longitud que los condujo hasta el bosque. Ni rastro de ningún superviviente que huyera al bosque gracias a Werner C.