El ex primer ministro israelí Ariel Sharon, conocido como “el carnicero de Sabra y Chatila”, fue sepultado el pasado 11 del presente mes en un rancho de su propiedad en el desierto de Neguev tras permanecer en estado vegetativo ocho años al sufrir un accidente cerebrovascular.
Conocido como “la aplanadora” por sus métodos expeditos en la eliminación de nacionalistas palestinos, Sharon fallece con el estigma de haber propiciado la matanza de miles de personas durante la invasión militar a El Líbano de 1982.
El ex general y ex primer ministro se agravó a principios de año cuando sus órganos vitales comenzaron a fallar, según reportes del hospital en el cual estaba internado.
El féretro de Sharon fue cargado por ocho generales y depositado en la tumba acorde con los ritos de la liturgia judía.
En 1982 las tropas al mando de Sharon cerraron los campamentos de Sabra y Shatila en la capital libanesa, para que miembros de la milicia cristiano maronita Fuerzas Libanesas comandadas por Elie Hobeika, penetraran y masacraran a los refugiados palestinos, niños, mujeres y ancianos incluidos.
Hobeika moriría años después en un atentado dinamitero después de haber sido expulsado de la agrupación armada ultraderechista.
Los cadáveres de los palestinos asesinados fueron arrojados a basureros y en tumbas colectivas. Una provocativa visita de Sharon, líder entonces de la ultraderechista coalición Likud, a la explanada de las mezquitas en Jerusalén ocupada provocó el estallido de la segunda Intifada (Levantamiento, en árabe) en la que murieron más de cinco mil 500 palestinos.
Tras la súbita enfermedad de Sharon en 2006, la organización palestina Hamas emitió un comunicado el cual sentenció que “el Medio Oriente estará mejor sin él”.
