Michoacán
Carlos E. Urdiales Villaseñor
Una de las muchas secuelas que el movimiento estudiantil del 68 dejó al país, fue la extendida percepción idealista de que quien pretende hacer la revolución no puede ser molestado, de no asumir que quien baja al ruedo para hacer faena, se juega la vida. La defensa infinita de los derechos humanos no puede estar ajena a esta realidad. Cuando el gobierno federal anuncia que asumirá el control de poblaciones tomadas por grupos de autodefensa en Michoacán, la noticia de enfrentamientos y muertos era previsible, siempre indeseada pero altamente probable.
Políticamente es muy correcto y rentable alzar la voz para pedirle a las autoridades federales, tan demandadas en esta crisis de Estado de derecho, que apliquen toda la fuerza pero no rompan una sola ventana, eso no ocurre en ninguna parte, donde hay intervención armada hay bajas, militares y civiles.
Michoacán es un reto mayúsculo para el poder federal y debería ser una revisión forzosa en términos políticos para el PRD de donde emanaron los gobiernos antecesores al actual.
El sexenio de Leonel Godoy tiene que ser investigado, el famoso, por malogrado, caso del “michoacanazo” en el que se consignaron a ediles, funcionarios municipales y del gobierno estatal, se desvirtuó por la insuficiente o ineficiente integración de los casos por parte del Ministerio Público, lo que no puede traducirse de facto en decretos de inocencia.
El episodio vergonzoso del hermano del gobernador, Julio César Godoy elegido diputado federal, perseguido por la justicia e ingresado en la cajuela de un auto al recinto para rendir protesta y arogarse el fuero legislativo que impediría su detención para posteriormente solicitar licencia y desaparecer; hoy es un prófugo más de la justicia. ¿Puede el PRD ser tan omiso de sí mismo? No.
La descomposición política local con la ausencia y presencia intermitente de Fausto Vallejo no es origen de nada de lo que hoy ocurre, pero sin duda contribuyó al desarticulamiento institucional local.
Frente a cuántos ojos gobiernos y funcionarios, el territorio michoacano se fragmentó en células controladas por actores al margen de la ley, lo mismo narcotraficantes, extorsionadores, autodefensas, paramilitares y sus transformaciones en males subsecuentes para la mayor parte de la sociedad. No es pregunta, es contumaz inferencia lógica. Frente a todos.
Desde el 11 de diciembre de 2006 la federación envió interventores a Michoacán, que si soldados, marinos, policías o recursos económicos y humanos para capacitar y transformar sus cuerpos de prevención y persecución en entes confiables. Ahora se anuncia el enésimo plan, el gobernador despacha desde Apatzingán como símbolo, no como solución.
Las fuerzas federales llegan y habrá enfrentamientos primero con las autodefensas y después con los templarios y familiares. La reconstrucción del tejido social e institucional será una tarea de muchos años y los apetitos políticos no ayudarán.
Michoacán es la terca realidad que se antepone al momento mexicano, a las reformas y grandes transformaciones del país, la eterna lucha de lo urgente sobre lo trascendente. La amnesia política en aras del pacto, acuerdo y hasta complicidad.
@CarlosUrdiales
