Alicia y la Reina de Corazones
Marco Antonio Aguilar Cortés
El británico Charles Lutwidge Dodgson (1832-1898), bajo el seudónimo de Lewis Carroll, creó un llamativo paisaje, dos atractivos personajes y un diálogo conceptual para simplificar lo que es el poder.
El escenario resulta un jardín de rosas con soldados que tienen cuerpos de naipes; las protagonistas son Alicia y la Reina de Corazones; y la agraciada y valiente niña de no más de 8 años escucha gritar a la tiránica gobernante mayor de seis lustros:
—¡A callar!
—¡Pues no me callo!—, respondió Alicia.
—¡Que le corten la cabeza!—, gritó la reina con toda la fuerza de sus pulmones.
Pero nadie hizo movimiento alguno ante la orden real, ya que todos veían con sorpresa que Alicia recobraba su enorme estatura.
—¿Quién les va a hacer caso? —dijo Alicia—, ¡si no son más que un mazo de naipes!
El juego de poder en la vida real ahí se manifiesta. Aquella nena con su tamaño y fuerza era capaz de destruir a un manojo de cartas con todo y su reina, afecta a los corazones rojos.
Pero si Alicia reducía su fuerza y tamaño, al comer un pedazo de galleta reductora, se convertía ante la regordeta y sanguinaria majestad en una frágil y vulnerable víctima.
Domina quien tiene más poder; y éste siempre es relativo a alguien o a algo. Relativo a cualquier epicentro de donde emane energía capaz de dominar a los otros: por fuerza física, inteligencia, derecho, belleza, riqueza, ética, sexo.
En las estructuras institucionales o fuera de ellas; en lo privado o en lo público; para bien o para mal; en lo municipal, estatal, nacional o internacional; siempre el poder puede, y el no poder no puede. Y a veces se trastoca la ubicación y la potencia del poder, afectando toda la cadena que constituye el engranaje.
Y esos trastornos es común que se den por ineptitud y corrupción en los círculos de los más poderosos.
Si con simplicidad infantil valoramos éticamente a la reina y a Alicia, al mundo de lo malo iría la primera, mientras que a la segunda la pondríamos en el universo de lo bueno, y las dos ejercen poder, siendo más eficaz en este ejercicio Alicia, quien buscaba no ser afectada por quien francamente deseaba dañarla.
Dos filósofos analizaron ese poder llegando a conclusiones opuestas: el judío holandés Baruch Spinoza (1632-1677) y el alemán Federico Nietzsche (1844-1900).
Spinoza ve el poder como una total unidad de las cosas que se orientan a la armonía. Nietzsche observa el poder como una lucha constante de todo lo que se orienta a la destrucción. Claro que son pensadores de otros siglos y de otros lugares, pero el valor de su talento resulta universal.
¿Acaso los fenómenos políticos de 2014 en México no contienen fuerzas que se orientan a la armonía, y otras que se dirigen a la destrucción?
La moneda del poder tiene dos rostros. ¿Cuál prefieres?
