Hay que tener cuidado con los fármacos
Gabriel Gutiérrez
Estamos en plena temporada de gripe. Es muy fácil contagiarnos con el virus a través de un compañero de trabajo o de algún familiar. Por ello, un reciente estudio realizado en la Universidad Canadiense McMaster retomar una vieja teoría sobre los beneficios de dejar actuar la fiebre en el organismo, y señala como culpable de una mayor transmisión de la infección a la precocidad con la que se administran los antigripales y antifebriles en estos casos.
“Durante milenios, los seres humanos han suprimido la fiebre sin comprender sus potenciales efectos más allá del obvio alivio de los síntomas. Pero a mayores temperaturas, la replicación bacteriana y vírica es menos eficiente, mientras que la respuesta adaptativa del sistema inmunológico funciona mejor”, señalan los investigadores en su estudio publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B.
Además, no es sólo que en el cuerpo humano luche peor contra los virus ante una menor temperatura sino que esa ausencia de fiebre genera mayor confianza para continuar con el día a día. Como explica el doctor David Earn, del Departamento de Enfermedades Infecciosas y profesor de matemáticas de dicha institución: “Las personas con frecuencia toman (o les dan a sus hijos) fármacos para bajar la fiebre con el objetivo de poder ir a trabajar o al colegio. Y pueden pensar que el riesgo de infectar a otros es mínimo porque la fiebre es baja. Pero, en realidad es todo lo contrario: esas personas enfermas pueden liberar más virus porque la fiebre ha sido reducida”.
Para conocer cuál es el impacto de la ingesta precoz de antitérmicos en la epidemia de gripe, han establecido un modelo matemático que cuantifica los casos de transmisión que pueden deberse a este hecho. Así tras incluir datos de experimentos previos en animales y humanos, los investigadores concluyen que la supresión de la fiebre aumenta el número anual de casos en un cinco por ciento, lo que corresponde a más de mil muertes adicionales por gripe a lo largo de un año en Norteamérica.
“Como siempre, la madre naturaleza es la que más sabe. La fiebre es un mecanismo de defensa que nos protege a nosotros mismos y a los demás. Los medicamentos que reducen la temperatura deberían tomarse sólo para aliviar el malestar, y no se debería permitir que las personas salgan a la calle cuando deberían estar en casa”, afirman los investigadores.
Aceite de oliva para males cardiovasculares
Nuevos estudios confirman que la dieta mediterránea sí es efectiva contra prevención de enfermedades cardiovasculares. Uno de sus principales componentes, el oliva virgen extra o frutos secos, han demostrado por primera vez ser capaz de reducir hasta 66 por ciento el riesgo de problemas circulatorios en las extremidades (arteriopatía periférica).
A principios de 2013 pasado, la revista The New England Journal of Medicine presentó los primeros resultados de esta investigación: la dieta mediterránea ayudaba a reducir 30 por ciento las probabilidades de sufrir un infarto de miocardio, así como de un accidente vascular cerebral o de muerte por causa cardiovascular. Tres meses después, las revistas médicas, Journal of Neurology, Neurosurgery and Psychiatry revelaron que además mejoraba significativamente la capacidad cognitiva de las personas mayores.
Lejos de conformarse con los beneficios observados (combate el sobrepeso y la obesidad y contribuye a prevenir la depresión), los investigadores responsables del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición, en los primeros días de 2014 publicaron los resultados de un estudio en el diario Annals of Internal Medicine.
“Vimos que la dieta mediterránea reducía a la mitad la incidencia de nuevos casos de diabetes en sujetos con alto riesgo cardiovascular”, de acuerdo con el doctor Miguel Ángel Martínez-González, investigador senior de este estudio y profesor de medicina preventiva en la Universidad de Navarra.
