Ejército

Jorge Carrillo Olea

Frase imaginativa, vigorosa, rica en significado, así es la que con poco tiempo de emplearse ha permeado como un gran mensaje. Un acierto. Un mensaje convincente que en este convulso febrero toma especial significado.

Siendo septiembre —dicen— el mes de la patria, resulta ser que febrero es el mes de sus símbolos. La promulgación de la Constitución se conmemora el día 5 del mes, el 9 del mismo la conmemoración de la Marcha de la Lealtad, el día del Ejército el 19 y se remata gloriosamente el día 24 celebrando a la bandera.

Lamentablemente el simbolismo de estas fechas y el cuerpo mismo de lo conmemorado han quedado como un residuo ya sólo para su explotación oficial. A la sociedad se le ha venido dejando aparte, ya no cuenta, simplemente porque toda la divulgación oficial está dedicada a la deificación del presidente.

En el remolino universal, en general los valores cívicos van quedando abandonados, más en aquellos países en los que sus gobiernos no se preocupan por ese aspecto de la vida cívica o sus pueblos quizá tienen tal cohesión por otras razones que no es necesaria su exaltación.

Nosotros debemos recordar que, en 2002, Fox canceló las asignaturas de civismo y ética de la agenda de educación primaria. Del mismo modo de los libros de texto de historia se retiraron todos los episodios que causaban malestar entre los sectores de derecha y particular al panismo, como la añosa contienda entre liberales y conservadores y la propia formación del sistema político mexicano del que todas las corrientes ideológicas forman parte.

Los símbolos patrios sencillamente son uno de los nutrientes de la cohesión social, ahora llamado “tejido social” en acatamiento a la expresión inglesa social fabric. En nuestro país en el pueblo hay consenso sobre que su promoción es una necesidad.

Vista metafóricamente, la cohesión social nos atrae hacia su epicentro y con ello fortalecemos nuestra nacionalidad. El lenguaje político ha gastado los términos soberanía, independencia, patriotismo, por eso la nueva alusión es fresca, es una innovación con sentido dentro de ese lenguaje rígido al que nos tienen acostumbrados los discursos de las autoridades militares.

La frase La gran fuerza de México entraña vigor, confianza, seguridad y destino. Vigor porque una fuerza armada es esencialmente eso, la representación de la firmeza de un Estado para ser, prevalecer y proyectarse.

Seguridad y confianza, que son derivados de su lealtad a la nación que la originó, lo que implica su acompañamiento y soporte hacia el destino común. Por definición de su existencia, el Ejército Mexicano se debe al pueblo que lo gestó.

En el escenario en que se mueve el mundo, las misiones de sus fuerzas armadas están siendo polarizadas entre el aplastamiento tecnológico y económico (EU) y la lucha por la supervivencia (Afganistán) en la que la población no sabe qué es peor, si la injerencia de EU y sus coaligados o Al Qaeda.

Esporádicamente surgen casos como Egipto o Ucrania donde vuelven a brotar revoluciones con razones a veces claras y plausibles, otras incomprensibles, y sus fuerzas armadas suelen caer en confusiones ideológicas sobre la lealtad. Sería bueno estudiarlas.

La lealtad del Ejército se diferencia claramente de los actos de simples simpatías porque es una virtud profunda, dirigida hacia un jefe que presuntamente retribuye de la misma manera, todo lo anterior enmarcado en una justa relación de mando y obediencia. El deber de solidaridad que es correspondiente con el derecho a la subsidiaridad

La gran fuerza de México existe en la verticalidad de sus definiciones. Nuestros ejércitos han sido fieles a quien es su único e indiscutible jefe, el presidente de la república, que es simplemente el ejecutor de la voluntad del pueblo.

Esto es, el liderazgo presidencial, la fortaleza de la ley y el clarísimo deber de obediencia militar son definitivamente la última ratio, que se refiere a la capacidad del poder legítimo de imponer sus principios que considera al uso de la fuerza.

Es la garantía de integridad de los más altos intereses nacionales: su paz, su estabilidad y condiciones para su progreso, esa es la gran fuerza de México.

 

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