Franz Kafka, Jean-Paul Sartre, Charles Darwin, Andy Warhol, Benjamin Franklin, Jane Austen, Anne Rice, Igor Stravinsky, Karl Marx, Shostakovich, Agatha Christie, Ingmar Bergman, Stephen King, tenían algo en común: manías.

Está Marcel Proust,, quien se encerraba en una habitación forrada de corcho y solo tomaba en todo el día dos tazas de café con leche y dos croissants -y a veces uno solo—, u Honoré de Balzac que bebía 50 tazas de café diarias para concentrarse. Alice Munro, quien se levantaba a las cuatro de la madrugada para escribir antes de llevar los niños al colegio; Jean Paul Sartré que se tragaba cada día medio bote de anfetaminas encerrado en el estudio y el que pintaba con los hijos jugando alrededor.

O quizás el que pasa meses sin trabajar pero un día escribe ochenta páginas de un tirón y apenas corrige luego, como le sucedió al debutante escritor estadounidense Mason Currey, quien ha reunido una extensa colección de estas costumbres en el libro “Rituales cotidianos” (Tuner), cuyo origen se halla en el blog Daily Routines que él mismo ideó una tarde de verano de 2007 en lugar de escribir el artículo que debía entregar al día siguiente para la revista de arquitectura en la que trabajaba.

El mismo autor comenta, en una nota publicada en el diario ABC, que sin duda alguna este libro -presentado en forma de blog- podrá evitarles a sus lectores hacer algo productivo durante muchas horas, y les dará más de una idea para organizarse una vida creativa o tal vez todo lo contrario.

Mason Currey nació en Honesdale (Pensivalnia) y es licenciado por la universidad de North Carolina en Asheville. Ha colaborado en publicaciones como Slate, Metropolitan y Print. En la actualidad vive en Los Ángeles.

Otras de las manías rituales que integran el libro:

Frank Lloyd Wrigh, jamás hacía un boceto hasta justo antes de reunirse con su cliente.

Gertrude Stein gustaba de escribir mientras contemplaba vacas.

Picasso decía que no se cansaba porque dejaba su cuerpo fuera del estudio donde pintaba.

Woody Allen afina los argumentos de sus películas durante duchas de 45 minutos.

Marina Abramovic tenía que bebe agua cada 45 minutos, incluso de noche, para aguantar siete horas sentada sin moverse en su performance “La artista está presente”