Fue en 2012 cuando salió a la luz uno de los secretos mejor guardados de Alemania. Parecía mentira que en una casa de apenas cien metros cuadrados podría meterse más de mil cuatrocientas piezas de arte.
Cornelius Gurlitt poseía una de las colecciones privadas más admirables, compuesta por obras de Pablo Picasso, Henri Matisse, Marc Chagall, Max Liebermann, Franz Marc y Max Beckmann. Todas ellas fueron la herencia que le dejó su padre, Hildebrand Gurlitt, quien fue un historiador de arte que estableció relaciones estrechas con los nazis comprando “arte degenerado”, es decir, obras que los nazis quemaban o de las cuales se deshacían.
Sus miles de piezas fueron decomisadas, luego de que su origen resultara sospechoso, pues se cuestionaba si realmente el padre de Gurlitt las había obtenido de manera legal.
Sin embargo, el tesoro artístico del anciano Gurlitt — tiene 80 años— no termina ahí, ya que el coleccionista revela que tiene en su poder otras 60 obras de arte. Su portavoz Stephan Holzinger explicó que estas obras, desconocidas hasta ahora, se encontraban en la casa que Gurlitt que mantiene cerrada en un barrio aubicado en la ciudad austriaca de Salzburgo.
Entre las piezas se encuentran algunas obras de Claude Monet, Auguste Renoir y Pablo Picasso, las cuales comentó su portavoz “ya están en un lugar seguro, a la espera de que se investigue su procedencia”.
Gurlitt por el momento esquiva a la prensa y a los jueces. Aseguró en una entrevista al semanario Der Spiegel que no entregará una sola obra voluntariamente. Según diversos medios, está siendo atendido en diversos hospitales bávaros por considerables problemas de salud. Las autoridades le han designado un asesor legal, así como supervisión a sus sesenta obras de Salzburgo.
Anteriormente se conoció que cuando Gurlitt necesitaba dinero, bastaba con que vendiera alguna de sus piezas para obtener algunos miles de euros que le permitían subsistir y pagar sus consultas médicas por algunos años. Eso basto para que nacieran sospechas por parte de las autoridades de Munich, al pensar que Gurlitt evadía impuestos, ya que nunca tuvo un trabajo formal, no tenía asignada una pensión ni un servicio de salud y, además, pagaba todas sus cuentas en efectivo.
