Claudio R. Delgado

 

 A José Emilio Pacheco, por su partida y por su imprescindible estudio: Nuestros imprescindibles del siglo XIX mexicano

 

 

Hablar del maguey en nuestro país, es referirnos inevitablemente al pulque. Esa bebida embriagadora a la que desde siempre se le han atribuido cualidades afrodisiacas, míticas e incluso a veces curativas.

Del pulque se ha hablado en nuestra literatura nacional, sobre todo durante el siglo XIX mexicano. Aparece en las Leyendas Mexicanas de José María Roa Bárcena, y en Los Bandidos de Río Frío de Manuel Payno, novela costumbrista en la que refiere en no pocas ocasiones y describe incluso es cómo eran los lugares donde la gente se reunía para beberlo.

Y nos dice:

Pero el fondo de ese extraño edificio, que más bien parecía olvidado allí desde los tiempos anteriores a la Conquista, tenía algo de claro y de alegre que contrastaba con la triste desnudez del resto. En el centro de una pared blanca que lo cerraba enteramente por ese lado, estaba colocado un gran marco con la imagen de un San José muy mal pintado al óleo, adornado con flores coloradas y blancas de papel, industria muy conocida de los comerciantes del Portal de las Flores. Todo el ancho de la pared, ocupado con grandes tinas llenas de pulque espumoso, pintadas de amarillo, de colorado y de verde, con grandes letreros que sabían de memoria las criadas y mozos del barrio, aunque no supieran leer: La Valiente, La Chillona, La Bailadora, La Patenera. Cada cuba tenía su nombre propio y retumbante, que no dejaba de indicar también la calidad del pulque. Algunos barriles a los costados, una mesa pequeña de palo blanco y varias sillas de tule. El suelo estaba parejo, limpio y regado, y esparcidas hojas de rosas. El domingo era día clásico. El lunes lo era más; se podía decir de gala.

Tal era la antigua y afamada pulquería de los Pelos.

Afamada por sus pulques, que eran los mejores y más exquisitos de Los Llanos de Apan…”.

Lugar, por cierto, (la pulquería de los Pelos) de donde saldría el terrible Evaristo a darle muerte a la abnegada Tules, una de las bienhechoras del infeliz Juan.

También Guillermo Prieto en sus entretenidasMemorias de mis Tiempos, nos habla de las pulquerías de los rumbos del Centro de la capital y de Tacubaya; incluso ya en el siglo XX, José Vasconcelos y Martín Luis Guzmán, también escriben sobre el caso literario del pulque en nuestra cultura nacional.

Sin embargo es Don Manuel Payno, el único escritor mexicano, quien le dedica todo un estudio a la importancia del maguey y a sus diversos productos, principalmente el pulque.

Editado en 1864, la Memoria sobre el Maguey Mexicano y sus diversos productos, es un libro que Payno escribe ex profeso para la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, de la cual era miembro. En él, el escritor costumbrista hace gala de un conocimiento claro y profundo de la importancia de esta planta, familia de las agaváceas. Desafortunadamente este trabajo del autor del Fistol del diablo, es una de las obras menos difundidas y por lo tanto menos conocidas de este autor mexicano. Actualmente es imposible conseguirlo, pues la gran mayoría de los libreros de viejo, desconocen su existencia. Las editoriales actuales, está por demás decirlo, ni siquiera han oído pronunciar su título.

En 2012, la editorial española MAXTOR, lanzó al mercado una versión facsimilar (muy mal cuidada por cierto), copiada del original de 1864, y que fue editada en ese tiempo,  por la Imprenta de A. Boix, a cargo de Miguel Zornoza, la cual estaba ubicada en la Calle del Águila número 13.

En su ensayo, Payno nos habla de la importancia económica del maguey mexicano, no solamente antes de la Conquista, sino incluso posterior a ésta, y aun durante el México independiente; esta planta representaba un valor financiero altamente apreciado, no únicamente por la naciente industria nacional, sino también por el comercio extranjero, pues cada una de sus partes eran muy útiles.

De las fibras de sus hojas se elaboraban cuerdas y diferentes tejidos; por la forma de sus hojas acanaladas, en ocasiones eran usadas como “canales” para el desagüe; pero su producto más valioso era el licor (aguamiel) que se producía en el interior de la planta. El maguey produce agua miel durante 30, 60 y 80 días por lo común, nos dice Payno. “… sólo la clase de maguey manso fino produce seis meses”, afirma el autor en su estudio.

En su estudio, Manuel Payno nos señala que el origen del maguey es tan “oscuro y dudoso” que se remonta incluso a los grandes sucesos de las antiguas razas que poblaron la meseta central “de la América del Sur”. Y nos refiere además, la bella historia del descubrimiento del aguamiel que brotaba del centro de la planta del Metl, hecho por la joven y bella Xochitl, hija de Papatzin, pariente del octavo rey Tolteca, llamado Tepancaltzin, del Imperio de Tollan.

Y nos habla también de la extraordinaria leyenda en la que se dice que los primeros pobladores del país del Anáhuac, fueron una raza de gigantes, y que algunos de ellos, después de un terrible huracán y de unos intensos terremotos, lograron escapar de la muerte y permanecieron en el valle del Atoyac.

Estos hombres, según la leyenda narrada por Payno en su libro, andaban desnudos, con el cabello suelto “y desgreñado”, comían la carne cruda de los animales que mataban “como Hércules”, con unas mazas formadas de gruesos troncos de árboles y que eran altaneros, crueles y vengativos, dueños de una fuerza sobrenatural, lo que los convertía en hombres dañinos y temibles.

Los habitantes civilizados que vinieron á cultivar los valles de Atoyac y Matlacueye, (Tlaxcala), se encontraron con estos hombres, más feroces que los animales de las montañas. Al principio, y por miedo, hicieron con ellos buena amistad; pero á poco tiempo conocieron que eran una pesada é insoportable carga. Los gigantes comían mucho, y los xicalancas ó toltecas tenían que cultivar la tierra y que ocuparse en la caza para mantenerlos. Además, como los gigantes no tenían mujeres, se entregaban a todo género de abominaciones, de modo que llegaron á ser insufribles…

Un día hicieron (los Toltecas) un gran banquete y con las mayores instancias convidaron á todos los gigantes sin exceptuar a uno solo. Como glotones que eran aceptaron sin dificultad… La agua se proscribió absolutamente y en su lugar se bebió el jugo del maguey. Los gigantes que por primera vez gustaban de este delicioso licor, bebieron hasta que cayeron en tierra sin sentido. Entonces á una señal se levantaron los Toltecas tomaron sus armas, cayeron sobre los gigantes é hicieron una horrible carnicería acabando para siempre con esa raza maldita y que algunos en sus piadosas conjeturas han opinado que descendían del parricida Caín…

Se ha creído que esos huesos enterrados en diversas partes del país, y de los cuales tengo varios en mi poder, pertenecían á gigantes; pero los sábios Humboldt y Cuvier, han demostrado, que eran de especies de animales perdidas”, hasta aquí la cita del autor.

Este tipo de narraciones, hacen además, del libro de Payno, una deliciosa obra literaria plagada de bellas descripciones históricas, científicas y populares.

En Memoria sobre el Maguey Mexicano y sus diversos productos, el lector podrá encontrar también, descripciones de los distintos tipos de maguey que existían. Payno habla hasta de 29 especies distintas de Metl. Podrá leer usted además, descripciones botánicas de la planta; encontrará información sobre las formas de su cultivo, descubriremos propiedades medicinales, etc.

Conoceremos los nombres que refiere el autor de las 20 Haciendas pulqueras que hace más de dos siglos existieron en nuestro país y los 20 ranchos que junto con las haciendas, y “la multitud de magueyeras de los indígenas que formaban estensos en casi todos los pueblos del Departamento de México y Puebla, distritos de Pachuca, Toluca, etc; se puede graduar el valor total de los plantíos de magueyeras según sus precios de compra en 15 millones de pesos”.

Precio que actualmente seguramente resulta irrisorio y que, además, dada la mengua actual en el cultivo del maguey, no llega, seguramente, ni siquiera a la tercera parte del precio señalado por Payno, pero que, sin embargo, nos deja ver la importancia y la validez de los dividendos aportados por la explotación del Metl y la venta de su producto: el pulque, hace más de dos siglos atrás, a la economía nacional.

A finales del siglo XIX existían, nos dice Payno, 180 haciendas y ranchos que se dedicaban al cultivo del maguey y a la comercialización del pulque. Esto tan sólo en la mesa central del país, se refiere a Teotihuacán, Pachuca, Apam y Texcoco. Sin contar, nos dice el autor, que en Tlaxcala, se contaban “de entre 80 a cien” entre haciendas y ranchos.

En el capítulo VIII de su libro, Payno nos describe las formas y métodos que se utilizaban para elaborar el pulque, y nos aclara, en el capítulo II, que entre los antiguos mexicanos no existía la palabra o vocablo: “maguey”. Ya que, nos dice: (sic) “Positivamente no sabemos por qué tomó el nombre de maguey con el cual se conoce vulgarmente hasta el día. Registrando los autores antiguos, en alguno que otro hemos encontrado que la palabra maguey no era mexicana, sino de las islas donde los naturales probablemente daban ese nombre á las aloes. En México se llamaba metl; pero los españoles continuaron llamándole maguey, y así quedo hasta el día”.

Las primeras ordenanzas relativas al pulque, nos dice el autor, datan de 1871. De entre los virreyes de la Nueva España, Revillagigedo fue el que estableció orden y método. En ese tiempo (del virrey) llegaron a existir 34 pulquerías. Tiempo después nos dice Payno, el número de éstas llegó a 80, y  más tarde creció a 500.

En lo que fue el siglo XX mexicano, sabemos que este número descendió considerablemente, llegando a una cantidad no mayor de 300, pero a finales de ese siglo la cifra descendió alarmantemente, a tal grado que se llegaron a contar en toda la ciudad de México, solamente 30. En la primera década del siglo XXI, tan sólo se registraban aproximadamente entre ocho y diez en toda la capital.

De este número yo sólo recuerdo algunas que visité: La Hija de los Apaches, localizada en Av. Cuauhtémoc y fundada en 1936; La Pirata (ahí se expendía uno de los mejores pulques), estaba en la Colonia Escandón y se fundó en 1920; La Risa, se encontraba en el Callejón de Mesones, en el centro de la capital del país. Desconozco si hoy día, éstas siguen vigentes.

Actualmente los jóvenes viven una especie de “euforia”, por estos sitios, los cuales han extendido su presencia en zonas como La Condesa o la Colonia Roma, sin embargo, son lugares en los que la calidad del pulque que ahí se vende deja mucho que desear, y los asistentes acuden, más por esnobismo, que por otra cosa. Pues además, el pulque siempre se ha visto asociado (aunque no necesariamente tenga que ser así) a cierto grupo social dentro de nuestra esfera comunitaria, y no precisamente porque sea un hábito o preferencia de las clases más medianamente acomodadas o pudientes de nuestro país, como ahora se pretende que sea.

El trabajo de Manuel Payno, publicado hace ya 150 años, sigue siendo importante y actual, pues retrata además el valor que tenían el maguey y el pulque, dentro de nuestra sociedad hace más de cien años, y nos hace patente, además, la alta significación que el Metl llegó a alcanzar dentro de la economía nacional.

No es una casualidad o un acto fortuito, el que el autor de Los Bandidos de Río Frío, haya escrito su Memoria sobre el Maguey Mexicano y sus diversos productos, primero porque debemos de tomar en cuenta que Don Manuel Payno desde su juventud (según lo narra Guillermo Prieto) tuvo que ver con cuestiones financieras y económicas de su tiempo, es decir que era un hombre dedicado al estudio del comercio: “Manuel Payno, era meritorio de la Dirección General de Rentas; su buena letra y su expedición para los negocios, así como su finura general y el influjo de su ilustre padre, le hacían estimable en la oficina…”, cuenta Fidel.

Pero además, el mismo José Emilio Pacheco señal que: “El más hábil folletinista de México fue también el genial financiero que (un siglo antes de que hubiese escuelas de economía) logró, cuando el país estaba deshecho a raíz de la intervención norteamericana y sus incalculables perdidas territoriales, que nuestros acreedores de Londres redujeran el interés del cinco al tres por ciento, que el pago de intereses y dividendos se hiciera aquí (sic) y los réditos insolutos se rebajaran de diez a tres millones de pesos”.

De ahí que su interés en un producto tan popular como el Metl y el pulque, pero sobre todo tan importante para la economía de la naciente nación, fuera digno de contar con un estudio tan completo para su tiempo como el que nos ofrece en este libro que comentamos.

Es importante destacar que mucha de la información recabada por el autor en esta Memoria, le sirvió incluso, como punto de partida para la creación de sus magnífica novela Los bandidos de Río Frío, ya que en él, el lector agudo podrá darse cuenta que muchas de las descripciones costumbristas hechas en su ensayo, aparecen (si acaso con algunas muy pequeñas variaciones) en su novela.

No olvidemos que su Memoria sobre el Maguey fue publicada en 1864; Los bandidos de Río Frío, es terminada en 1891.

Por todo ello bien vale la pena conocer y volver a leer Memoria sobre el Maguey Mexicano y sus diversos productos, de Don Manuel Payno. Pero además, como joya bibliográfica, debería de ser de nuevo editada e incluida en las obras completas del autor, las cuales ha editado Publicaciones de Conaculta.