Pertenecen al Instituto de Neurobiología

René Anaya

Una importante aportación de investigadores del Instituto de Neurobiología de la Universidad Nacional Autónoma de México a la lucha contra el cáncer ha pasado casi inadvertida, tal vez porque los problemas económicos y de inseguridad acaparan la atención de la mayoría de la población o quizá porque la información se generó en nuestro país.

Lo cierto es que el trabajo de nuestros científicos podrá contribuir a disminuir la mortalidad por cáncer de glándula mamaria; los problemas que trae consigo la hiperplasia prostática (crecimiento de la próstata), que en ocasiones deriva en cáncer; y podría ser un factor decisivo en el combate del neuroblastoma, un cáncer del tejido nervioso que se presenta principalmente en niños.

El regreso del yodo

En la década de 1940, en México y otros países se tomó la decisión de agregar yodo a la sal, con la finalidad de combatir la falta de este elemento en el organismo, que causa enfermedades agrupadas como Trastornos por Deficiencia de Yodo, entre las que se encuentra el cretinismo, el bocio y el hipotiroidismo.

Años más tarde, en 1993, la Organización Mundial de la Salud y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia pusieron en marcha una política de yodación universal de la sal, ya que se calculó que más de un tercio de los escolares del mundo no consumen la cantidad de yodo necesaria; su carencia causa alteraciones mentales y neurológicas que repercuten en el rendimiento escolar.

Ahora, un trabajo dirigido por la doctora Carmen Aceves Velasco, investigadora del Laboratorio de Metabolismo Energético ha permitido descubrir otra función muy importante del yodo, pero no en la forma de yoduro, que es como se consume con la sal, sino como yodo molecular (I2), por lo que podría tratarse del regreso del yodo.

El yodo molecular se encuentra principalmente en el agua de mar y en las algas marinas frescas pardas, como las Wakame y Kelp, las cuales forman parte de la dieta diaria de las poblaciones asiáticas. La doctora Aceves Velasco hace trece años comenzó una investigación para averiguar porqué razón los orientales tienen menos casos de fibrosis mamaria, hiperplasia prostática y cáncer de ambos tejidos. Encontró que en la dieta oriental abundan las algas marinas, que contienen I2, por lo que consumen hasta 25 veces más yodo que los occidentales.

La protección del yodo molecular

La investigadora, con la colaboración de Brenda Anguiano Serrano, María Guadalupe Delgado y varios médicos del sector salud de Querétaro y estudiantes de pre y posgrado, logró descubrir los mecanismos por los que el yodo molecular protege de la proliferación de cierto tipo de células cancerosas.

Se sabe que en pacientes con cáncer de tiroides la administración de yodo reduce el tamaño del tumor, probablemente por la formación de lípidos (grasas) yodados, como la 6-yodolactiona (6-IL). Los investigadores demostraron que la administración crónica de I2 en animales disminuye la incidencia del cáncer mamario producido por cancerígenos químicos, lo cual no sucede con el suplemento de yoduro de la sal, ni con las hormonas tiroideas.

“En cultivos de células tumorales mamarias, prostáticas y de neuroblastoma encontraron que el I2 induce muerte celular programada (apoptosis), mediante la inducción y activación de caspasas (proteínas específicas). Estas últimas son enzimas que se encargan de fragmentar el material genético de la célula (ADN), lo que da como resultado su muerte y condensación y permite su eliminación por el sistema inmune”, según refiere un boletín de la UNAM.

En mujeres con cáncer mamario, Aceves Velasco y colaboradores determinaron que el I2 disminuye la entrada de estrógenos (principal hormona femenina) al núcleo de la célula, lo que evita la proliferación y vascularización del tumor. Además, su administración con la quimioterapia de antraciclina causó una mejor respuesta pues en la tercera parte se detectó una remisión total. Estos resultados sugieren que el I2 impide el desarrollo de quimiorresistencia.

En los hombres con hiperplasia prostática benigna, la administración de yodo reduce los síntomas, el tamaño de la glándula y el nivel sanguíneo de antígeno prostático. En las células del neuroblastoma, por su parte, se ha demostrado que el “yodo molecular con ácido retinoico sensibiliza las células a este último componente, lo que permite la diferenciación celular e induce la muerte por apoptosis”, se precisa en el boletín de la UNAM.

Por lo tanto, el trabajo de la doctora Carmen Aceves Velasco y colaboradores, del Instituto de Neurobiología de la UNAM, sienta las bases de posteriores investigaciones sobre el papel del yodo molecular en la regulación del ciclo de las células cancerosas, lo que podría representar un gran avance en la investigación de los procesos bioquímicos del cáncer.

 

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