Desde antes que se iniciaran los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, Rusia, el presidente estadounidense Barack Obama dio señales claras de que no permitiría que su par ruso Vladimir Putin obtuviera otro punto a su favor, como lo ha venido haciendo en distintos asuntos internacionales.

En esa perspectiva, con algunas semanas de anticipación Estados Unidos empezó a formular una serie de advertencias acerca de los peligros que se cernían sobre los que asistieran a esos juegos.Ello debido a que las autoridades rusas habían encontrado seis taxistas asesinados en cuatro automóviles.

En esos vehículos se encontraron algunas bombas caseras y se estableció que se trataba de taxistas piratas. Aunque no se determinaron las causas de los crímenes, las autoridades rusas tomaron las medidas preventivas del caso.

A partir de ahí proliferaron las notas de algunos periódicos poniendo en duda la capacidad del gobierno que preside Putin para controlar a grupos que estarían conformados por fundamentalistas islámicos en regiones distantes a más de 600 kilómetros de la sede de las Olimpíadas.

El gobierno ruso ya había adoptado medidas para garantizar la seguridad en Sochi, desplegando allí a 75 mil  policías y soldados. Al mismo tiempo se había cerrado el acceso por mar y por tierra a esa localidad, sólo podrían entrar las embarcaciones y vehículos que estuvieran acreditados para los Juegos Olímpicos.

En alguna prensa se llegó a destacar como señal de peligro que habían  reaparecido los temibles cosacos, lo que se supone debía amedrentar a eventuales turistas. Mientras, el asesinato de dos personas cometido por un agente de seguridad privado se convertía en otro signo de peligro, si bien había ocurrido a más de 7 mil kilómetros de Sochi.

Sembrando el miedo: barcos al Mar Negro

En este contexto, el presidente estadounidense Barack Obama decidió tomar el toro por las astas y  anunció el envìo del primero de los dos buques de guerra destinados a ir al Mar Negro como medida preventiva para evacuar a los asistentes  las Olimpíadas si hubiera algún ataque terrorista en Sochi.

Junto a los barcos van aviones de transporte con el fin de trasladar a quienes fuera necesario, aunque el  Departamento de Defensa había dejado en claro con anterioridad que la seguridad de las Olimpíadas era responsabilidad del gobierno ruso.

Estados Unidos lanzó también una advertencia para que en los vuelos hacia Rusia se revisaran los tubos de pasta dental porque podían contener los elementos que se requieren para fabricar bombas dentro de un avión. No dijeron de quien era la receta.

Lo que sí se sabía desde antes es que el gobierno ruso, en los primeros dìas de enero había prohibido el transporte de líquidos en los aviones, lo que incluía “productos de higiene, los cosméticos, medicamentos,  aerosoles y gel, cualquiera sea la cantidad”.

Se había establecido, también, que no se podrían llevar “instrumentos artísticos”, considerando como tales “pinturas o pegamentos”,todos los artículos señalados debían ser incluidos en el equipaje que se facturaba en bodega.

En el caso de que se tratara de medicamentos, se podrían hacer algunas excepciones siempre que estuvieran amparados por una receta médica. Algo habrá detectado la parte rusa.

Pero eso no es todo,el Departamento de Estado le  indicó con anticipación a los atletas estadounidenses que no usaran los uniformes de la delegación fuera del área de las competencias, todo al mejor estilo de las conocidas campañas del miedo o el terror puestas en práctica en diferentes coyunturas.

Pero esta advertencia  se hizo extensiva a los que asistieran a los juegos como público. El Departamento de Estado emitió una declaración advirtiéndoles que debían estar atentos porque este tipo de eventos  era atractivo para los terroristas “y que los estadounidenses  deben estar atentos  a su entorno y tomar precauciones de sentido común  para mantenerse a salvo”, según informó la agencia noticiosa  Associated Press.

No es de extrañar, entonces, que aunque se haya vendido el 92 % de las entradas, la noche de la inauguración de los juegos quedaran miles de asientos vacíos, lo que la portavoz del Comité de Organización trató de justificar diciendo  que se debía a que la gente no llegaba a tiempo.

La verdadera pugna

Mientras todo esto sucede, quedan en la sombra los verdaderos motivos de la confrontación permanente que existe entre Rusia y Estados Unidos, por causas muy claras y de las cuales las Olimpíadas no son parte, aunque hayan sufrido las consecuencias.

El nuevo estilo que inauguró Barack Obama en su reciente informe de gobierno busca presentarlo como un presidente exitoso que dejará un país en las mejores condiciones, aunque esto contraste  con los acontecimientos registrados en el último tiempo.

El caso es que en una reciente entrevista con la cadena televisiva NBC, Obama dijo que no tenía una relación “fría” con Vladimir Putin, “al que cree que le gusta aparentar  ser un “tipo duro”,según publicó el matutino chileno El Mercurio, y agregó Obama:

“En las reuniones siempre hay sorprendentemente mucho humor(…) Siempre me ha tratado con mucho respeto(…)Tiene un estilo que en público le gusta reclinarse en el asiento y parecer un poco aburrido(…)Creo que es parte de su truco de querer parecer el tipo duro cuando vuelva a su país”.

Según Obama “los políticos estadounidenses tenemos un estilo diferente.Solemos sonreír de vez en cuando”.Admitió que han tenido altibajos y diferencias “pero ambos nos decimos claramente en lo que no estamos de acuerdo”.

Y en lo que no están de acuerdo no son las olimpíadas, sino que la amenaza que representa para la riqueza petrolera rusa el conflicto político que se ha generado  en Ucrania, que incide en el acceso al petróleo ruso cuyos yacimientos están en el sector fronterizo entre ambos países.