Aprueban diputados adiciones a la Ley Orgánica del Conacyt
René Anaya
A diferencia de la celeridad con que su publicaron las modificaciones constitucionales de la reforma energética, una adición al artículo 2 de la Ley Orgánica del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), ya aprobada por la Cámara de Diputados, está en espera de la publicación por el Poder Ejecutivo en el Diario Oficial de la Federación.
Como otras leyes, no cambiará mágicamente la situación, pero sí contribuirá a valorar la importancia que tiene la divulgación de la ciencia para despertar vocaciones científicas y para fomentar la creación de una cultura científica en la población general, entre otros objetivos.
Un avance loable
En la sesión de la Cámara de Diputados del pasado 6 de febrero, se aprobó el proyecto de decreto que adiciona el artículo 2 de la Ley Orgánica del Conacyt para apoyar la generación, difusión y aplicación de conocimientos científicos y tecnológicos, mediante “acciones que fomenten y fortalezcan las actividades de divulgación científica entre los investigadores del país y las organizaciones de la sociedad civil”. Asimismo, “deberá incentivar la vinculación entre estos actores y las instituciones del sistema educativo nacional a fin de fortalecer la capacitación de los educadores en materia de cultura científica y tecnológica”.
Se trata de un avance satisfactorio, porque puede sentar las bases para el desarrollo de una política de divulgación científica. Por supuesto que no es suficiente, pero por alguna parte deberá comenzarse a fomentar esta actividad, que actualmente realizan pocas instituciones científicas y educativas, y periodistas y divulgadores en los medios masivos de comunicación.
Lamentablemente, algunos legisladores mostraron su ignorancia en la materia, como la diputada Dora María Talamante Lemas, quien de manera optimista señaló que “con esta sencilla modificación contribuiremos al desarrollo científico y tecnológico de nuestro país, a través de la atracción de nuestros talentos a estos campos fundamentales”. Cierto es que la adición puede generar un proceso de cambio, siempre que legisladores, funcionarios, instituciones y sociedad civil promuevan esa transformación, pero por sí sola no lo podrá hacer.
En cambio, el diputado José Enrique Reina Lizárraga atinadamente apuntó que “en una sociedad democrática comprender el trabajo de los científicos posibilita a las personas a una mayor y mejor participación en las decisiones sobre cómo resolver los problemas sociales. En este sentido, la divulgación científica se constituye en una forma alterna de educar que contribuye indiscutiblemente a desplazar las ideas erróneas que se originan por la desinformación”.
Hacia una política de divulgación
Este concepto es muy semejante al que ha propuesto quien esto escribe, como definición de periodismo científico: “la comunicación pública de la ciencia, la tecnología y la innovación, que se lleva a cabo por los medios informativos de comunicación, con el triple objetivo de informar al público de los avances científicos y tecnológicos; proporcionar el contexto político, social y cultural de esos nuevos conocimientos y sus posibles repercusiones; y contribuir a crear un pensamiento científico que aliente la conciencia crítica de la población para que pueda influir en la política científica, con el propósito de lograr el desarrollo integral del país”.
Por lo tanto, si se trata de fortalecer las actividades de divulgación científica, se deberá apoyar la formación de divulgadores y periodistas, ya que en la medida en que se cuente con profesionales de la divulgación y el periodismo científicos, se podrán realizar campañas de divulgación de los beneficios y repercusiones del conocimiento científico. Pero no solo eso, también se podrá contribuir a que el sector privado apoye con más firmeza la inversión pública en ciencia tecnología, y a que ellos mismos patrocinen investigaciones que beneficien tanto a su industria como a la sociedad.
Para fortalecer la divulgación científica, se propone la incorporación de asignaturas obligatorias de periodismo científico a los planes de estudio de las carreras de comunicación; la impartición de cursos, talleres, diplomados y seminarios de divulgación y periodismo científicos; la creación de especializaciones en comunicación de la ciencia y en periodismo científico, tanto para periodistas como para investigadores científicos; y la inclusión de asignaturas y talleres sobre comunicación de la ciencia en las carreras científicas y técnicas.
Estas acciones serán inútiles si no se ponen en práctica otras medidas como la creación de apartados de comunicación social de la ciencia en todas las universidades y centros públicos de investigación; la creación o reforzamiento de áreas de divulgación científica, tecnológica y de innovación en dependencias y entidades del gobierno federal; y la aplicación de medidas semejantes en todas las entidades federativas.
Estas recomendaciones se repiten una y otra vez, en espera de que algún día, algún gobierno, las tome en cuenta. Ahora puede ser el momento, una vez que las adiciones a la Ley Orgánica del Conacyt entren en vigor.
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