Iván López Ovalle[i]

 

Crítica de la ideología burguesa, es el título del libro que hoy presentamos, el cual es el tercer tomo de las obras de Jorge Carrión. En esta obra se manifiesta la labor intelectual que emprendió su autor a través de artículos de reflexión teórico-política, de divulgación y de educación popular, que publicó en su larga trayectoria de periodista combativo. La lectura atenta de sus textos nos permite dar respuestas a preguntas como: ¿qué entiende Carrión por ideología?, ¿qué referentes teóricos nutren la elaboración de su concepto de ideología?, ¿qué fin persigue el estudio, análisis y crítica de la ideología burguesa en México? y aún más, ¿sobre qué relaciones sociales se asienta y toma cuerpo la ideología burguesa?

Para nuestro autor, la noción de ideología forma parte indisoluble de las relaciones que establecen las distintas clases sociales, sus fracciones y sectores, las cuales emanan de la producción capitalista, y por tanto, del sistema de dominación. Para él, la ideología es un ejercicio de dominación que no sólo consiste en ideas o cosas aisladas, sino que adquiere materialidad específica en el momento de producir y reproducir los mecanismos de dominación que preservan la relación-contradicción fundamental entre la producción social y la apropiación privada de la riqueza. Entre aquellos que detentan los medios de producción y los que no tienen más que su fuerza de trabajo para vivir, sentir, luchar y amar.

Para Carrión, la ideología no es una cosa, ni tampoco una relación dicotómica y geométrica, entre el arriba y el abajo, aunque puede presentarse de esa manera como una visión del sentido común que pretende reproducir una concepción binaria del mundo.

Para elaborar su concepto de ideología, Carrión se apoya en los clásicos del marxismo, Carlos Marx, Federico Engels, Vladimir Lenin, George Lúckas y Antonio Gramsci. Los cuales le permiten entretejer su explicación del sistema ideológico burgués en México. Mención especial merece el uso creativo de las concepciones Gramsci, en torno al papel de los filósofos y la filosofía vulgar en la reproducción de la dominación. Así, para Carrión no es posible explicar la imbricación entre la sociedad civil y sociedad política sin considerar las relaciones sociales de dominación que ambas establecen.

Con la intención de aproximarnos a los diversos usos y alcances de la ideología burguesa presentamos algunos temas transversales en el libro, veamos:

 

El imperialismo de la ideología

y la ideología del imperialismo

Jorge Carrión retoma una tesis fundamental: el capitalismo en México y sus distintas fases por las que atraviesa no pueden ser sustraídas del desarrollo del imperialismo, esto significa que el imperialismo no es concebido como un elemento externo a la formación del capitalismo como modo de producción dominante en México, es decir, el imperialismo no es una exterioridad del capitalismo nacional.

De allí su interés por explicar la producción de la ideología imperialista como resultado del nacimiento, alianza y compartidos intereses de la burguesía criolla, particularmente de la oligarquía, que adquiere una condición de dominada a lo externo y dominante en lo interno. Por ello, la ideología imperialista no es ajena al desarrollo del capitalismo en México, al contrario, lo refuerza.

Explica Carrión que el sustratum de la ideología imperialista es el anticomunismo. Y si bien, el anticomunismo ha tenido a lo largo de la historia del país expresiones claras en grupos de corte fascista, como los sinarquistas, la ultraderecha universitaria y algunos grupos empresariales; el anticomunismo también se manifiesta sutilmente en la propaganda gubernamental, en el excesivo nacionalismo al señalar una vía mexicana al desarrollo, la llamada economía mixta, así como la crítica, en su momento, a la falta de libertades y el totalitarismo de los países socialistas.

Pero para él, la ideología imperialista no sólo es anticomunismo, también es una exacerbación de los “valores” y la moral propia del capitalismo: el individualismo, la incesante búsqueda de la ganancia, el utilitarismo, etcéteras. Para difundir los valores capitalistas se refuerzan los medios de reproducción ideológica como la Iglesia, la educación -haciendo Carrión un énfasis en las instituciones privadas-, una forma particular de cultura, instituciones nacionales e internacionales que tienen un destacado papel, como la Sociedad Interamericana de Prensa y la infiltración de agencias norteamericanas en el sindicalismo.

 

El desarrollo del capitalismo en

México y el sistema ideológico

Para nuestro autor, existe un déficit de los estudios del desarrollo del capitalismo en México, aunque aventura hipótesis al respecto y claridades sobre su desarrollo, al recurrir a nociones del Capitalismo Monopolista de Estado, al señalar que el capitalismo se engendró, como modo de producción dominante, en las postrimerías del siglo XIX. Al tiempo que con la revolución mexicana de 1910, se concreta la consolidación de la toma del poder por parte de la burguesía, de tal modo que ésta adquiere consciencia de su situación histórica, esto es, consciencia como clase.

Al transfigurarse la conciencia burguesa hacia las demás clases sociales se constituye como falsa consciencia, es decir, tiene significado histórico ya que es resultado de la revolución democrático burguesa de 1910. Por ello, la ideología burguesa insiste en la vigencia de la Revolución Mexicana que es permanentemente aludida para justificar su mando en el desarrollo del capitalismo en México.

 

El Estado e ideología y la ideología del Estado

Carrión sostiene que es la ideología un medio de reproducción del dominio de clases, siendo en y desde el Estado, donde tiene su principal función al representar por excelencia el espacio de organización de las clases dominantes. El Estado -nos explica nuestro autor- no fue el resultado de la Revolución Mexicana sino que la revolución democrática burguesa reorganizó el dominio de clases, la capacidad de mando de la clase dominante, y por ello, el sistema ideológico. Así, si el Estado tiene la finalidad de preservar el dominio de clase, y a su vez, representa a la organización de la clase dominante ¿cómo desempeña su papel? A través de la organización de los dominados para su desorganización como clase. Siendo fundamental para tal fin el sistema ideológico burgués.

La forma Estado que adquirió posterior a la Revolución de 1910 se manifestó en la asociación de la triada Estado-PRI-Gobierno. La manera en que el gobierno presenta la ideología burguesa recorre amplios aspectos, una particular política educativa, cultural, su relación con el sindicalismo, etc., hasta llegar a los puntos más evidentes pero no menos ideologizados como es la forma de presentar la dicotomía entre los “buenos” y los “malos” mexicanos.

En suma, para Carrión el Estado tiene la primerísima función de elaborar y mantener la coherencia ideológica de la clase dominante con el objetivo de asegurar la reproducción de las relaciones sociales de producción capitalista.

Ideología y movimiento obrero

Como ya se señaló, para nuestro autor la ideología no es una relación pétrea y pasiva, de una clase hacia otra. Es una relación social, donde el dar y recibir cobra sentido bajo la lógica de la valorización del capital que predomina en un periodo histórico definido. Cuando los dominados asumen el pensamiento y forma de ver el mundo de los dominantes se ejerce el dominio ideológico, así el sistema ideológico opera de acuerdo con sus objetivos, en este caso: ocultar y transfigurar la explotación y las relaciones de clases sociales.

Para él es en el seno del movimiento obrero donde la ideología burguesa adquiere materialidad -al desviar la lucha de los trabajadores y sus demandas inmediatas e históricas- por lo que cobra relevancia para Carrión su estudio, análisis y crítica. Su intención es desmitificar la ideología burguesa en el seno del movimiento obrero, entendiendo que éste no se limita a su organización tradicional en el capitalismo: los sindicatos, sino que es el conjunto de desposeídos de todo, que cuentan tan sólo con una mercancía: su fuerza de trabajo.

Es en el sindicalismo “oficial”, y también en el independiente, donde la ideología actúa al desvirtuar las aspiraciones de clase y al incorporar elementos de lo que Carrión denomina como reformismo burgués, resultado de la revolución de 1910 y de las necesarias alianzas de clase. Este reformismo se expresa en las ilusiones de una forma particular de desarrollo, como por ejemplo la pregonada vía mexicana, la tercera vía con sus ropajes de “nacionalismo revolucionario”. Lo que trae como resultado que el enemigo principal del movimiento obrero aparentemente sea el charrismo sindical -parte de las prácticas corporativas y clientelares del Estado- y no el Capital y sus relaciones inherentes: la producción social y la apropiación privada de la riqueza.

De acuerdo con lo anterior, para Carrión el charrismo sí es un enemigo del movimiento obrero, pero no el principal. Su crítica pasa por explicar la función del charrismo en el ejercicio de la dominación de clase, mostrar sus ropajes ideológicos, diluir sus ilusiones, y principalmente, su crítica sirve para ubicar la labor política de las organizaciones revolucionarias que participan en el movimiento obrero.

Por otro lado, para nuestro autor, está presente la construcción y elaboración de una ideología proletaria. Las herramientas que proporciona en su libro, las críticas y los elementos que le son propios al movimiento obrero, como su solidaridad, internacionalismo y un propio nacionalismo, son insumos para la formación de una ideología, o en el sentido magonista, una utopía proletaria independiente.

 

Las herramientas del sistema ideológico

Entre las herramientas de las que echa mano el sistema ideológico para difundir y amalgamarse con los intereses comunes encontramos: la educación, los medios de comunicación, el fundamentalísimo papel de la Iglesia -con la subyacente lógica colonial- enfatizando que todas estas herramientas no son meros instrumentos o aparatos sino el resultado de relaciones sociales con bases materiales. Ejemplo de ello es el papel de la educación crítica, principalmente en las universidades, siendo espacios de producción y reproducción del sistema ideológico en constante tensión.

Se señaló que mirar e interpretar el mundo de los dominantes por parte de los dominados es el fin de la ideología, lo que no se limita a los mecanismos ideológicos evidentes -incluida la filosofía vulgar-, sino que, se propaga y se refuerza desde la ciencia, el conocimientos y la filosofía. Para explicarnos como procede dicho mecanismo, Carrión recupera la crítica que realizó el Mtro. Alonso Aguilar de la economía política burguesa, especialmente de sus “recetas” para salir del subdesarrollo, la llamada teoría burguesa del desarrollo. El objetivo principal de la teoría del desarrollo es mistificar las leyes del capitalismo, presentando el desarrollo como un elemento aislado, y desde la perspectiva ideológica, ocultando las relaciones del imperialismo que determinaron la formación del capitalismo dependiente, y constituyéndose en una herramienta de la ideología de la clase dominante. La crítica a la economía política burguesa recorre los planteamientos del dualismo estructural, como es el pensamiento dicotómico sobre el desarrollo del capitalismo latinoamericano.

 

Ideología de la cultura e ideología cultural

Si bien la ideología y la cultura se relacionan mutuamente, cada una, tiene una particular forma de desenvolvimiento. Así, la cultura o la alta cultura son impregnadas por la ideología burguesa, no siendo un vaso receptor sino medio de reproducción, aquí merecen mención especial las referencias a la labor reproductiva de la ideología que emprendieron los escritores Carlos Fuentes y Octavio Paz, que de manera sutil -en otras no tanto- desdibujan los “problemas” del régimen y de la llamada familia revolucionaria.

Fuentes y Paz, sintetizan ejemplarmente la labor de divulgadores de la ideología, no siendo claramente defensores del régimen -en ese momento, del Estado-PRI- pero sí de una vía capitalista. Explicando los problemas del desarrollo desde un enfoque psicologista, esto es, reduciéndolos a factores subjetivos, y su “alternativa” a los problemas nacionales: una tercera vía, siempre, en el marco del capitalismo, lo que denomina Carrión como el reformismo utópico. La crítica de Carrión hacia Paz y Fuentes se enmarcan en el interés por apuntalar el papel de los intelectuales en la reproducción ideológica, siendo a su vez, un componente fundamental para el control de los trabajadores.

Ahora bien, para Carrión, no existe una sola cultura, más bien, habla de culturas -sin recurrir al relativismo-, señala que la cultura del pueblo y los trabajadores, ha sido moldeada por el periodo colonial y el desarrollo del capitalismo en México, sin embargo, se halla en constante tensión con la ideología burguesa. Se recrea y resiste, pero no basta con señalar que existe la cultura popular, es necesario potenciarla y fundirla con un frente de lucha revolucionario, de allí su afán por la construcción de un frente cultural.

 

Diversidad de la dominación

y dominación de la diversidad

Para él, el sistema ideológico no nació con el capitalismo, éste lo reordena para sus fines, lo expande y potencializa, echa mano de formas y modos que no necesariamente son capitalistas pero que los utiliza para sus fines, como son las relaciones caciquiles y clientelares. Pero también hay ideologización en la relación hombre-mujer, en las relaciones de los pueblos indios-Estado, genera aquello que Carrión denomina una segunda ideología. Así, las relaciones ideológicas tienen como finalidad la dominación de lo diferente, de aquello que estorba a la “normalidad” de la reproducción del capital.

En la esfera ideológica se diluye el enemigo principal, se disuelven las relaciones materiales que permiten que se reproduzca la opresión y la profundicen, desde esta perspectiva, la opresión de la mujer es responsabilidad del hombre, y podríamos decir ahora, la opresión del indio es responsabilidad del blanco-mestizo, etcéteras. Y sin duda, existen relaciones de opresión que no son menos importantes, en tanto, se vinculen a la lucha contra la ideología burguesa que mistifica las relaciones de dominación.

Si bien el lector hallará una multiplicidad de formas ideológicas burguesas como la imperialista, nacionalista, el nacionalismo revolucionario, la opresión de la mujer y lo diferente-diverso. El elemento que las articula, que les da sentido e inteligibilidad es el recurrir a las clases sociales, sus relaciones y luchas, valga decir, que para Carrión, la clase social no es una “cosa” sino una relación en sí.

 

A manera de conclusión

El material que hoy presentamos, es también, una crítica a los falsos retornos y nostalgias imposibles. Desenmascarando falsas expectativas. Es un llamado a elaborar, desde el hacer político una ideología y una utopía propia e independiente.

El interés de Carrión al realizar la crítica radical a la ideología burguesa es en el fondo y forma un interés por la organización independiente de los trabajadores y su manera de expresar una política propia.

La lucha crítica de la ideología burguesa es la búsqueda incesante por ubicar el enemigo principal en el plano concreto, y es también, un llamado a la unidad de la diversidad, la unidad de los dominados.

En el tiempo que nos corresponde, esta lectura es una invitación a situarse en el contexto político en México: vivimos no sólo en una crisis estructural del capitalismo, sino también una crisis política y civilizatoria. Las herramientas que proporciona el libro son fundamentales para ubicarnos y trazar un horizonte donde nuestros mundos tengan un lugar en la historia, al menos, iniciar la historia.

La obra de Carrión es tierra en medio del mar ideológico que trajeron consigo las políticas económicas neoliberales. El neoliberalismo como ideología, difundió el supuesto del “fin de las ideologías” que como señaló Ludovico Silva, no es más que una reideologización avasallante. Por ello, sea bienvenida la obra Crítica de la ideología burguesa al debate necesario sobre las alternativas necesarias al capitalismo.



[i] Posgrado de Estudios Latinoamericanos, UNAM.