Con la mariguana: siempre a la defensiva
Debemos desarrollar una relación con las drogas que nos
demanda la sociedad para reducir la aplicación de la
ley e incrementar la información y la educación.
Alejandro Madrazo Lajous
Jorge Carrillo Olea
Ruego al lector me permita expresar dos ideas preliminares. Una: de siempre he sido partidario de la legalización de todas las acciones vinculadas con la marihuana, y dos: debe formularse y difundirse un riguroso estudio sobre el futuro de las otras drogas, naturales o químicas y ampliar el derecho a decidir.
Lamentablemente estas ideas no son compartidas aún por aquellas mayorías y a veces minorías que influyen en las realidades nacionales. Son ideas que al final del siglo XX y en el inicio del actual han ido tomando lentamente mayor presencia y fuerza en la población pero aún de manera insuficiente.
Esta actitud es consecuencia de que México y sus hijos hemos sido desde hace doscientos años manifiestamente conservadores para todo efecto práctico, por más que oficialmente y siempre para efectos públicos nos proclamemos liberales. En la realidad auténtica somos conservadores en aspectos sociales, morales, culturales y económicos.
Por estas circunstancias no dejan de ser pasmosos y admirables los actos políticos y jurídicos que contra nuestras realidades anímicas nos definieron como república representativa, democrática, federal y laica: los liberales auténticos de la Independencia, de la Reforma y Revolución. Después muy pocos merecen el mayor respeto por genuinos, como Lázaro Cárdenas o Reyes Heroles.
Decimos ser federalistas y somos más centrípetos que España con sus 17 autonomías; decimos ser laicos y resultamos guadalupanos; decimos ser socialdemócratas y cada día estamos más cerca de la democracia cristiana; proclamamos ser honrados y resultamos ladrones, y así.
De manera tal que dar pasos hacia la legalización de temas que demandan visiones progresistas, liberadoras y de respeto a la individualidad de las decisiones, apenas se avizora. Ojalá que este criterio poco halagüeño esté equivocado. Me alegraría.
Los pasos dados a favor del aborto y de las uniones homosexuales son apenas garbanzos de a libra y se han logrado sólo escasamente, después de muchos años de oprobio y sólo a contracorriente de visiones claramente reaccionarias, tan seudo revolucionarias como las asumidas en materia de aborto por 17 congresos estatales mayoritariamente priistas.
El PRI en 2009 guardó un silencio cómplice cuando su partido encabezó la criminalización de las mujeres por aborto en esos estados de la república sosteniendo la deífica idea de la existencia de vida desde el momento de la concepción.
Fue una vergüenza ver a obispos presionar a gobernadores y éstos a sus congresos. Fue un acto que llevó posteriormente a ese partido a sacar el bulto, pero en el fondo las cúpulas del Revolucionario coincidían con aquellas vergonzosas posturas.
Fue hasta el 21 de diciembre de 2009 que la Asamblea Legislativa del DF, y gracias a la fuerza del PRD, aprobó una enmienda al artículo 146 del Código Civil para el Distrito Federal, que dejó de calificar el acto registral como: “la unión libre de un hombre y una mujer”.
Consecuentemente, aunque con absurdos rechazos de ciertos estados, a partir de entonces, el matrimonio entre personas del mismo sexo es legal en el DF e igualmente válido en el resto de la república mexicana y en el extranjero.
Con estos antecedentes de un liberalismo que marcha cuesta arriba y a veces para atrás, la legalización del uso del consumo de mariguana se ve muy comprometida. Siendo una medida tan simple si se enfoca con sensatez, hasta diputados asambleístas del teóricamente progresista PRD se han declarado en contra.
El prohibicionismo sobre la mariguana universalmente se encuentra acosado, y en algunos países de Europa, en 23 estados de Estados Unidos y en Uruguay está de algún modo desaparecido. México siempre llega tarde a las grandes decisiones y paga enormes costos.
México ha padecido por asumir posturas erráticas, intolerantes, restrictivas, típicas de quienes están siempre a la defensiva, pero así somos. En el caso actual esos costos no son solamente en rezagos frente a la comunidad internacional, son costos en vidas, en salud y de enormes capitales.
Cada vez más voces en el mundo se alzan para buscar otra respuesta al problema de las drogas debido a los inmensos costos que ha significado enfrentar con policías y militares un negocio tan rentable. Y es que en el mejor de los casos para ello, se han obtenido sólo flacos resultados.
Aquí se trata de hacer clara una definición personal de escepticismo sobre la eficacia de las ideas progresistas cuando las acosan las sombras. La pregunta no sería por qué está perdida la guerra contra las drogas, sino por qué la continúan.
hienca@prodigy.net.
