Teodoro Barajas Rodríguez

El narcotráfico es un monstruo sanguinario por todo lo que produce, que se puede resumir en una palabra: muerte. En la era de la globalización los tentáculos del crimen organizado llegan a todos los confines, el negocio de la muerte trasciende fronteras porque los adictos cada vez son más demandantes. En México se capturó al narcotraficante más buscado en el mundo: Joaquín Guzmán Loera, conocido como El Chapo.

Tras el golpe mediático, vendrán las pesquisas laboriosas que seguramente pondrán a temblar a más de uno, porque un negocio de las dimensiones de las del Chapo Guzmán requiere de todo un tinglado, enlaces, lavadores de finanzas, empresarios que son parte de la maquinaria, así como las presiones del gobierno de Estados Unidos por el asunto de la extradición.

La historia del cártel de Sinaloa debe muchas de sus páginas al ahora detenido; en sí mismo el golpe ha sido espectacular, ha motivado el reconocimiento al gobierno federal de la comunidad internacional, así como de políticos de diferente signo y orientación como Felipe Calderón. Los gobiernos panistas no pudieron detener a Guzmán Loera, quien se fugó del penal en el sexenio de Vicente Fox.

Los grupos del crimen organizado, temibles poderes fácticos, no son fáciles de desmantelar, si hacemos una analogía bien podríamos compararlos con aquel ente mitológico de los griegos conocido como La Hidra de Lerna, un monstruo serpiente con muchas cabezas, se corta una pero siempre brotan más; el problema del narco sigue latente, lo que indica los niveles de impunidad y corrupción en diversas instancias gubernamentales.

En los años ochenta se detuvo a capos como Rafael Caro Quintero, el Tío Neto y muchos más involucrados en los expedientes oscuros del mal que mata y corrompe, en la actualidad el número de adictos ha crecido, las políticas de persecución a tales ilícitos en los últimos años no fueron las mejores, acaso por ello la captura de Guzmán Loera acapara los titulares.

También se ha cuestionado la identidad del detenido, habrá quienes lo hagan dolosamente, un gobierno de la extracción ideológica que fuere tiene aliados y enemigos, en otros casos la ponzoña de la duda obedece a un clima motivado por yerros del pasado reciente.

Independientemente de la perspectiva con que se quiera mirar el hecho de la detención del narco más buscado y uno de los más acaudalados del mundo, se trata de un acierto; aunque muchos delincuentes más  están en libertad perpetrando crímenes que matan lentamente a los consumidores de enervantes y con ello a las sociedades.

Aunque se digan muchas cosas, la verdad incontrovertible es una: Joaquín Guzmán Loera ha sido capturado. No se extingue con ello el sanguinario papel de los cárteles, pero sí es posible diseñar una estrategia adecuada que coadyuve para disminuir los estragos que provoca ese mal tan característico en nuestro tiempo.