CIENCIA
Junto con los Homo sapiens tuvieron descendencia común
René Anaya
Aunque persiste la creencia errónea de que los neandertales eran seres subhumanos, la realidad es que las investigaciones de fines del siglo pasado y de este han demostrado que esos homínidos, que vivieron en Europa, Oriente Próximo y Asia Central en un periodo comprendido entre 250 mil y 30 mil años, eran individuos inteligentes y dueños de una cultura.
Pero no solo eso, la obtención de su genoma completo, dado a conocer en diciembre del año pasado, confirmó que la especie humana moderna y los neandertales tuvieron descendencia común y, por tanto, se sospechaba que se había producido intercambio de genes entre ambas especies. Eso fue confirmado por dos grupos de investigadores que publicaron sus resultados a fines de enero en las revistas Nature y Science.
Svante Pääbo y Kay Prüfer, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, de Alemania, el 18 de diciembre pasado dieron a conocer en la revista Nature los resultados del análisis del genoma neandertal completo, que comprueban el proceso de hibridación de los homínidos.
Se ha demostrado que los neandertales, los Homo sapiens y los denísovanos (especie humana descubierta en marzo de 2013 en las cuevas de Denísova, en los montes Altái de Siberia), que coexistieron en Eurasia hace 50 mil años (Pleistoceno tardío), intercambiaron genes entre sí, pero también con otra especie de homínidos que aún no ha sido identificada. Es decir que tenemos genes de tres especies ya extintas: neandertales, denísovanos y la aún desconocida.
De esas tres, la única especie de la que se tiene la secuencia genética completa es la de nuestros primos los neandertales, que al parecer fueron quienes más convivieron con nuestros antepasados directos, los sapiens. Gracias a ese proceso de hibridación nos transmitieron algunas de sus características, aunque prácticamente ninguna de sus rasgos físicos exteriores.
Los neandertales eran de 1.70 metros de altura, con brazos y piernas cortas en relación con el tronco, anchos de espaldas y robustos y musculosos. Con ese físico requerían de 4 mil a 5 mil calorías diarias (el doble que nosotros), casi todas procedentes del reino animal.
Su frente era huidiza, con gruesos rebordes óseos encima de los ojos, no poseían mentón en la barbilla. La forma de su cráneo y cerebro era alargado, casi esférico visto desde detrás. Su capacidad craneana era superior en promedio a la nuestra. Al parecer su piel era clara y algunos eran pelirrojos, según ha descrito Carles Lalueza-Fox del Instituto de Biología Evolutiva del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España.
El legado evolutivo
Tal vez la característica más importante para nuestro proceso evolutivo fue el de los genes que intervienen en la producción de queratina, la cual es una proteína fibrosa que proporciona fortaleza a la piel, pelo y uñas. Aunque los humanos procedentes de África tenían queratina, no era tan fibrosa como la de los neandertales. Esta característica pudo ser crucial para que las regiones frías de Eurasia pudieran poblarse de los actuales Homo sapiens.
“Es tentador pensar que los neandertales se adaptaron al medio ambiente no africano y proporcionaron esa ventaja genética a los seres humanos”, ha señalado David Reich, investigador de la Escuela de Medicina de Harvard y autor principal, con Svante Pääbo, del artículo publicado en Nature sobre la herencia neandertal.
Tanto Reich como Benjamin Vernot y Joshua Akey, investigadores de la Universidad de Washington, que publicaron su trabajo sobre los genes neandertales en la revista Science, coinciden en concluir que los genomas europeos y asiáticos tienen entre uno y tres por ciento del ácido desoxirribonucleico neandertal; en tanto que los africanos actuales tienen 0.08 por ciento, y los africanos aborígenes, ninguno, lo que confirmaría que la hibridación sucedió después de la migración a Eurasia.
Vernot y Akey advierten que podría ser mayor el porcentaje en europeos y asiáticos, si se suman los fragmentos que tiene cada individuo. De esta forma, los neandertales podrían tener una participación de entre 20 y 30 por ciento del actual genoma del ser humano.
La otra parte de la herencia neandertal, que podría considerarse maldita, está relacionada con enfermedades como la diabetes tipo 2, la enfermedad de Crohn (proceso inflamatorio del tubo digestivo, probablemente autoinmune), cirrosis biliar y lupus eritematoso. También se le ha relacionado con la tendencia al tabaquismo, pero se advierte que existen otros factores no genéticos para esta y otras adicciones.
Lo que sí se conoce es que en el Pleistoceno tardío se presentaron las condiciones propicias para un proceso de hibridación de cuatro especies de homínidos, de la que surgió el ser humano moderno, con más vello corporal y piel más apta para soportar el frío, aunque también con ciertas enfermedades. Pero ese legado genético probablemente fue crucial para nuestro proceso evolutivo.
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