Ricardo Muñoz Munguía

Un libro, en muchos casos, representa el carácter de su creador. Julián Herbert (Acapulco, 1971) expone, o se expone, abiertamente en versos de su volumen más reciente Álbum Iscariote. Se trata de encontrar significados, y de mostrarlos, basándose en su carácter que se complementa de angustia, de dolor, de desesperanza y, a la vez —por paradójico que sea—, de fe, del humor o la ironía que con cierta irreverencia poética inyecta su estilo con tonos violentos, de inquietud ante la existencia. Y leerlo es como escucharlo, pues en lecturas poéticas Julián suelta la voz, hace las formas fuertes que están encarnadas en sus versos, como lo puede ser un fragmento de “Oscura”, poema que dedica a Javier Sicilia: “Me inculcaba el demonio de una negra rabia acústica: ¿para qué escribir poemas/ si todo lo que hiere tiene el tacto vacío, usura de una tumba?”.
De Julián Herbert, su perfil de narrador es lo que más llama la atención. Y es de estar de acuerdo pues su novela Canción de tumba, que obtuvo los premios Jaén de Novela 2011 y el de Novela Elena Poniatowska 2012, es de altos vuelos tanto en lo que se cuenta como en la forma que lo cuenta. Parte de los libros de Herbert han obtenido reconocimientos, y quizás una de sus fórmulas tenga que ver con el lenguaje abierto que va directo y con la claridad persistente tanto a la imaginación como a la vivacidad de la historia, que en la mayoría de ocasiones es su propia historia. De toda esa labor están los libros de poesía El nombre de esta casa, La resistencia, Autorretrato a los 27 y Kubla Khan, del libro de cuentos Cocaína, del de ensayo Caníbal. Apuntes sobre poesía mexicana reciente y de las novelas Un mundo infiel y la mencionada al inicio de este párrafo.
Álbum Iscariote, poemario que hoy nos ocupa, se construye con la más amplia diversidad de temas, además de insertar secciones con imágenes que van de sitios, quizá de una casa antigua, donde el abandono ha sepultado su sello; o una serie de imágenes prehispánicas que muestran el peregrinar o transformación de esos personajes, y entre esta serie, otra serie de fotos en sepia que hablan de un tiempo lejano pero vivo —además de unas placas de automóviles—, instantes que el poeta dibuja con estos versos: “Los fragmentos humanos/ sólo son discernibles/ cuando no los defines: cuando su/ ilusión de movimiento encarna el águila bicéfala/ del sonido y la imagen: esa superficial/ trasmisión de los sólidos”. Además de otras imágenes que tienen que ver con la poesía visual o textos/imágenes que son ubicaciones de computación o figuras/fórmulas tipográficas.
La poesía de Julián Herbert parece cubierta con las páginas de un diario, que no termina, que levanta bruscamente el desconocido ser que lo habita. “Todos sabemos que la poesía no es más (ni menos) que una destreza pasajera./ Una destreza que, perdida, se hace tú y alumbra oscura”. Es, pues, un álbum de sangre y del mirar.

Julián Herbert, Álbum Iscariote. Era/conaculta, México, 2013; 160 pp.