Tragedia del pueblo venezolano
Jorge Carrillo Olea
El presidente venezolano Nicolás Maduro no es Mr. Bean, el antiguo comediante inglés lleno de talento y simpatía. Ni siquiera se parece a algún ejemplar vernáculo. Sus asesores de imagen se preocupan por hacerlo parecer lo menos respetable posible.
Pero sin discusión es presidente constitucional de un nobilísimo país, que fue electo con serias disconformidades el 14 de abril de 2013 obteniendo una votación de 50.6% avalada por observadores internacionales. Enrique Peña Nieto obtuvo el 38.2%.
Es muy difícil hacer un juicio objetivo ya que el peor enemigo del presidente Maduro es el presidente Maduro. Le acompañan con gran antipatía los sectores más reaccionarios de su país y de EstadosUnidos. Sus críticas lamentablemente aunque despiadadas son justas. Hablan acerbamente del derrumbe “cívico, moral, físico, económico y humano” del país.
Son consecuencia del terrible estado político y económico que vive Venezuela. Se le suman la ola criminal que se ha desatado, los desenfrenados actos de corrupción de gobierno y una pésima gestión administrativa en general, hoy registra una inflación de más de 50%. Otro enorme fallo ha sido el manejo de su imagen y relaciones internacionales.
Agréguese la fuerte posición económica y política de venezolanos en el exterior que son enemigos a muerte de Maduro, principalmente en Miami, lo que le produce una fortísima ola de opinión en su contra con ecos por todos lados.
Esa ola tiene otros componente igualmente poderosos: legisladores republicanos de Estados Unidos en ambas cámaras y medios formadores de opinión ultraconservadores como CNN, The Miami Herald Tribune, Fox News, NBC, The New York Post y The New York Daily News, que son representantes del peor conservadurismo norteamericano.
Todos ellos han desatado una guerra que ha contaminado a ciertas editoriales en América Latina y por ende a nuestras opiniones, pues mediáticamente estamos influidos por la valoración derechista que esparce Estados Unidos. Eso hace ver una Venezuela al borde del abismo y que, según ellos, como que hay que empujarla.
Desde el gobierno chavista se estableció un sistema de fuertes subsidios que ha sido el sostén de la popularidad de aquel gobierno y del actual. Es un sistema de subvenciones amplio y eficiente, por lo que muchos de los beneficios que reciben los venezolanos que se derivan de la riqueza petrolera y la deuda pública del país parecen justos a la población empobrecida.
Entre esas asistencias están: una red de supermercados con precios muy bajos en las zonas pobres de Venezuela. Servicios de agua, electricidad, [gas, gasolina, salud, educación universitaria y sistemas de transporte gratuitos o muy subsidiados. El salario mínimo que es de casi 600 dólares mensuales, el más alto de Latinoamérica.
La síntesis es que el pueblo venezolano está dolorosamente dividido en una fórmula terrible: las clases ricas, acomodadas y extranjerizantes que indudablemente tienen base para sus críticas y que disfrutan del apoyo de sus congéneres en Estados Unidos. Lamentablemente en sus manifestaciones y revueltas anti Maduro han muerto ya 20 personas a manos de la autoridad.
Por otro lado están las clases populares, maliciosamente manipuladas en su extrema pobreza a base de dádivas y exhibido todo esto al exterior como una tragedia del pueblo venezolano, que indudablemente de muchas maneras lo es.
En el exterior, a favor de Hugo Chávez y hoy de Maduro, están los gobiernos con orígenes izquierdistas como Cuba, Argentina, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Brasil y las corrientes izquierdistas de ellos. Destaca como único en contra el presidente de Chile, Sebastián Piñera, dentro de su lógica filial a la derecha.
Estos jefes de Estado se fortalecen muy eficazmente en organizaciones regionales que han puesto a la OEA —ministerio de colonias de Estados Unidos como le llaman algunos—- en una situación de inacción política abierta. Esas organizaciones básicamente son: Unasur, CELAC y Mercosur, en las que Estados Unidos no tiene presencia.
Y es todo este preocupante escenario en donde México se encuentra ausente una vez más. La explicación, podría ser quizá, que: 1. Se está aplicando la Doctrina Estrada y consecuentemente el Art. 89, Frac. X, de la Constitución, referidos a la “libre autodeterminación de los pueblos”. 2. Algo pasó en Toluca y Obama gentilmente —es un hombre fino— sugirió el silencio que se observa. 3. Una vez más la cancillería no sabe qué opinar.
De la tesis uno es de observarse que este gobierno ha dado muestras de no regirse por principios. De la dos vale decir que, aunque incómoda, no es de descartarse, y de la tres habría que con tristeza mover la cabeza para acá y para allá.
Usted seguramente conoce cuál es la buena.
hienca@prodigy.net.mx
