Salamanca será Salamazda
Marco Antonio Aguilar Cortés
El presidente Enrique Peña Nieto reiteró, desde Salamanca, Guanajuato, que “mi compromiso con los mexicanos es no proponer nuevos impuestos ni aumentar las tasas de los existentes en lo que resta de esta administración”.
Objetivos de esa decisión: “proteger la economía de las familias mexicanas; y dar certeza a los inversionistas que creen y confían en nuestro país”.
Sin duda, se refirió a los impuestos federales, por lo que las contribuciones estatales y municipales podrán seguir su marcha, y se podrá a través de ellas lograr ajustes y compensaciones en las finanzas nacionales.
Como la Ley de Ingresos Federal la discute y la aprueba el Congreso de la Unión, a través de sus cámaras que trabajan siempre de manera separada, el Ejecutivo federal a cargo de Peña Nieto no se puede comprometer a que no haya nuevos impuestos ni aumentos en sus tasas, sino sólo “a no proponerlos él”.
Si el presidente de México no los propone y el Poder Legislativo federal aprueba nuevos impuestos y aumenta sus tasas bajo la iniciativa de quienes legalmente tienen derecho a hacerlo, el Ejecutivo no faltaría a su palabra, ya que él simplemente se ha autoobligado a no proponerlos.
También quedó claro que no los propondrá, salvo “un caso de contingencia internacional”; y este caso que no se precisa ya se presiente.
La economía mundial que antes se fincaba en los bienes y servicios tangibles producidos por el talento y el trabajo socialmente organizado del hombre, ahora se finca en lo bursátil, en lo virtual, en cosas intangibles de elevadísimo precio en el mercado de los poderosos.
Eso nos conduce, globalizadamente, al veloz crecimiento de una burbuja tecnológica a punto de estallido, de mayores dimensiones a la que se padeció en el sector de las puntocom en el año 2000, y que produjo peligro a la economía mundial.
WhatsApp Messenger se autopresenta como “una aplicación de mensajería multiplataforma que te permite enviar y recibir mensajes por SMS”. Esto que miles de millones de personas utilizan para mensajearse con amistades, sin comprender plenamente de qué trata, va a ser comprado por Facebook en 19 mil millones de dólares, sabiendo que todo ese WhatsApp funciona debido a 30 ingenieros que han creado esa tecnología Silicon Valley. Y éste es un solo ejemplo, de los muchos que existen en esa paranoia.
Es toda una locura en una economía fincada en fantasías tecnológicas que están rompiendo toda proporción humana.
Cuando el presidente Peña Nieto habló de no crear ni subir impuestos estaba en la planta armadora de automóviles Mazda, la que anunció una inversión de 770 millones de dólares para 2016, una miseria en comparación con el precio de WhatsApp.
Por esos 770 milloncillos el gobernador Miguel Márquez aceptó la idea de que Salamanca cambie de nombre a Salamazda.
Si WhatsApp se domiciliara en Guanajuato, el gobernador le pondría WhatsApp a la capital de ese estado.
