Dejó de tener sentido

René Avilés Fabila

Un pajarito indiscreto y muy politizado, con información e inteligente como no lo es el pajarito que sirve de intermediario entre Chávez y Maduro en Venezuela, me dijo que la cúpula priista está por decidir la supresión de la R en las siglas PRI. Ello es razonable por muchas razones. La primera es que ya no es lo que fue hace décadas, un partido que representara la Revolución Mexicana. Comenzó la decadencia luego del general Cárdenas, cuando su sucesor, Ávila Camacho, se declaró creyente y eliminó algunos avances constitucionales, en especial los de Cárdenas como la modificación para que el artículo tercero incluyera educación socialista. Gradualmente los demás mandatarios se inclinaron hacia una ruta conservadora, acaso el único que no lo hizo fue López Mateos, llegó a precisar, cuando la Revolución Cubana surgía impetuosa en 1959, que su gobierno era de “izquierda dentro de la Constitución”.

En 1968, Díaz Ordaz, al ordenar la atroz represión de octubre contra los estudiantes, sepultó la Revolución Mexicana. La R dejó de tener sentido. El partido oficial podía ser de instituciones, pero no tenía nada qué ver con la vieja revolución de 1910-1917. Era un mero recuerdo, nostalgias de un posible cambio positivo y radical. Las diferencias de clases y las injusticias eran tan ofensivas como durante el régimen porfirista. Sin embargo, la palabra revolución permaneció en el tedioso vocabulario de la clase política nacional hasta Salinas de Gortari, él ya la dejó como epitafio antes de traernos doctrinas en verdad exóticas, políticas y económicas.

Con todo rigor, tampoco el PRD debiera utilizar esa enigmática letra. La revolución que los perredistas buscaron es una mentira piadosa y con fines demagógicos. Nunca desearon una revolución, buscaron cambios ligeros. La estructura quedaría igual.

Otro pajarito, asimismo experto en política mexicana, estuvo de acuerdo conmigo. Hace años que México dejó de ser revolucionario para ser una palabra en discursos aburridos y demagógicos. Echeverría y López Portillo exageraron al utilizarla. El segundo declaró varias veces antes de morir que él era el último presidente revolucionario. Dios mío, qué aberración. Pero el nuevo pajarito me dijo una broma atinada. De ser cierto que al PRI le urge suprimir la R, para evitarse problemas (todavía hay viejos militantes que recuerdan el movimiento) podría dejársela con distinto significado: rubia, para competir contra el tenaz López Obrador, quien tiene en su Morena, dice él, la clave para ganar la presidencia y modificar el rostro de México.

Como sea, le digo a los priistas: sus siglas son huecas, obsoletas, traen recuerdos amargos. Hay que cambiarlas por unas más realistas, ajustadas a la realidad. Si muchos dirigentes priistas se han declarado pragmáticos, ésta podría ser una base para determinar el nombre adecuado del añoso PRI. Y confiemos, sin pedir mucho, que sea una buena oportunidad para no sólo cambiar de siglas sino también de sentido político social.

 

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