Valentina Oliver
A mi hija Emilia
Poeta de todas las horas, huye del tiempo, sus poemas son instantáneas que revelan el ser, no lo explican, lo manifiestan. Entre el ser y la nada, el poeta elige la otredad, salir de sí mismo. Entre intersticios místicos hay algo de esotérico en su obra tardía debido a la influencia de la cultura hindú y las filosofías de Oriente; ahondó en la filosofía China, el pensamiento y la filosofía de Japón, el budismo clásico y el tantra, con base en lo cual comparó Occidente con Oriente.
Su poesía es un gran puente tendido entre Oriente y Occidente. Sus años en la India fueron de profunda meditación sobre la concepción del mundo, la vida y el arte. La India entró en Paz por los sentidos. Su educación hindú fue sentimental, artística y espiritual, no sólo literaria. Por eso la India fue una influencia muy grande en su vida. Incluso lo hacía pensar en México.
El laberinto de la soledad expresa un compromiso con su país e incluye en sus reflexiones los sucesos de Tlatelolco en 1968, además de preocuparse por la identidad del mexicano, interés que continúa en Posdata. Se hace las preguntas que en los años treinta se hizo Samuel Ramos en El perfil del hombre y la cultura en México. Tales reflexiones surgieron cuando estuvo en los Ángeles. Atrapan su atención personajes del folklore mexicano como el pachuco y los pochos, y compara su moda con la que vio en Francia después de la ocupación alemana, para afirmar que en algunas coincidencias la gente siente a veces la necesidad de revelarse ante la sociedad y reafirmar su personalidad.
No evitó ser un hombre de su época y dialogó con su momento histórico con profundidad. En 1936 participó en la guerra civil española en donde mostró su solidaridad con la causa de los republicanos pero, desilusionado por la represión a camaradas en Cataluña, denunció los campos de concentración soviéticos y los crímenes de Stalin en marzo de 1951.
Su interés por la poesía lo llevó a escribir una serie de ensayos como El arco y la lira en donde se plantea cuestiones sobre lo poético, el escritor hace una lectura y un análisis sobre la poesía y el lenguaje.
Su poesía lo lleva a recrear imágenes muy bellas donde todos los elementos confluyen armoniosamente. En sus textos líricos se abrazan el cielo y la tierra, el hombre y la mujer, los astros, las plantas, los animales, las palabras juegan y pueblan mundos, crean. Es capaz de saltar de lo bien expresado a la plenitud del goce estético. Consigue transmitir el misterio de una expresión artística, algo enigmático, fascinante, inefable. El sentimiento que transmite es capaz de proporcionar una emoción intensa; le importa la fascinación y la contemplación.
Sus maestros fueron los surrealistas con quienes entabló una amistad. Pero participó en varios movimientos como el existencialismo, el modernismo, el estructuralismo.
Su esencia tiene algo de humanista, pues reivindica sus valores al tener dos premisas constantes: la conciencia crítica y la defensa de la libertad, que caracterizan el humanismo. En su poética se acercó a la realidad admirando a la naturaleza, conciliando el ser con el cosmos, en busca de unidad de hombre y mundo, y de los hombres entre sí.
Paz fue un escritor interesado en múltiples temas: historia, sociología, antropología, lingüística. Pero su preocupación primordial fue la creación poética: “Escribo poesía porque no tengo más remedio, responde a una necesidad interior”. Por tanto, la poesía revela la condición humana sin tratar de explicarla.
Está influenciado por sus experiencias que lo despiertan y lo llevan a lecturas personales, relaciones y viajes. Por lo que es un autor autodidacta, cuya mente posee una claridad y una lucidez asombrosa. Esta consideración es importante para entender su pensamiento literario y, sobre todo, su expresión artística.
En su viaje existencial Octavio Paz fue un creador de mundos, un crítico de su realidad, un profeta. Su sabiduría es una fuente interminable de aguas mansas donde quien se acerca a beber, vislumbra la luz de lo inmutable, lo inalterable, a la vez que puede experimentar la fugacidad del cambio. Su obra es una ontología del ser. Tanto en sus ensayos como en su poesía se descubre al ser, se revela y se desvela en sus diferentes facetas. La mística de su obra lo convierte en hechicero de la palabra, curandero de almas, escritor entrañable que despierta conciencias, alquimista, demiurgo, mago del lenguaje.
