Mondragón y Kalb
Alfredo Ríos Camarena
El pasado sábado 15 de marzo, en medio de un puente vacacional, se conoció la renuncia de Manuel Mondragón y Kalb de la manera más inesperada y poco aseada, pues se trató este asunto tan delicado sólo por twitter, incluso el secretario de Gobernación la dio por aceptada también de manera sorpresiva, haciendo a un lado las fórmulas protocolarias con las que este gobierno ha sido muy respetuoso.
El tema de la seguridad es fundamental para el éxito de este gobierno y el nombramiento de Mondragón tuvo una enorme aceptación después de su trabajo en la ciudad de México, que permitió la popularidad del exprocurador y hoy jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera. Su apabullante victoria electoral tuvo mucho qué ver con la acción de la policía del Distrito Federal que encabezó y dirigió con acierto Mondragón. Por eso fue invitado por el actual jefe de Gobierno para continuar en el cargo; no obstante, el presidente Peña Nieto lo invitó a trabajar en esta delicada área anotándose un buen éxito con este nombramiento; primero como subsecretario encargado de la desaparecida Secretaría de Seguridad Pública, más tarde, como comisionado nacional de Seguridad, ratificado por el Senado de la República. Este nuevo esquema seguramente obedeció a la decisión presidencial de mantener el tema de la seguridad nacional y pública en un solo mando con el secretario de Gobernación al frente, lo cual tiene una inobjetable lógica, pues en el pasado reciente hubo discrepancias entre ambas secretarías. Cuando lo nombraron, ya conocían su edad, por lo que ahora resulta absurdo achacar a ésta su renuncia. Por eso no renunció Mondragón.
Lo que muy probablemente sucedió es que existieron diferencias entre la personalidad tan importante del secretario de Gobernación y la de un policía sui géneris: médico, marino, atleta y vinculado a muchas corrientes políticas de pensamiento distinto. Algo sucedió muy posiblemente vinculado al tema michoacano donde se nombró un súper comisionado, con facultades extraordinarias y donde nada tenía que ver ya Manuel Mondragón. Las diferencias entre la estrategia de utilizar las autodefensas para el combate a Los Caballeros Templarios, que por cierto ha tenido algunos logros, es un elemento que seguramente distanció de criterios al excomisionado y al secretario de Gobernación; por otra parte, el hecho de que fueran la Marina y la Procuraduría General de la República quienes obtuvieron el éxito de la captura de Guzmán Loera también pudo haber influido aun cuando no olvidemos que Mondragón es un marino de alto rango. Como quiera que haya sido, no es una buena noticia; el nombramiento del nuevo comisionado se otorgó a Monte Alejandro Rubido García, funcionario en materia de seguridad, con buenas credenciales.
Otra arista del tema es la creación de la gendarmería nacional que terminó por anunciarse como una división de la Policía Federal y que todavía no ha tenido resultados.
Esperamos que el nuevo comisionado esté a la altura de esta delicada labor y que se siga aprovechando, como se ha dicho, la experiencia del doctor Manuel Mondragón y Kalb.
