Hoy la frase no resiste un análisis lógico
Marco Antonio Aguilar Cortés
El cogito cartesiano ha sido reiteradamente usado para asuntos ocurrentes totalmente ajenos a su origen. Amo, luego existo; cobro, luego existo; leo, luego existo; y así de manera sucesiva hasta el hartazgo.
René Descartes (1596-1650), quien nació en un 31 de marzo (como nuestro Premio Nobel de Literatura Octavio Paz, 1914-1998), formuló esta expresión en latín como uno de los fundamentos del racionalismo de la cultura occidental, y un principio de su Discurso del método, con el cual establece una ruptura con la escolástica y los silogismos aristotélicos empleados en toda la Edad Media: Cogito ergo sum, Pienso, luego existo.
En la época actual tal frase no resiste un análisis lógico. Hacer depender la existencia del pensamiento, no corresponde a nuestra realidad, ya que las cosas existen aunque no piensen; y las cosas que piensan, o sea los llamados humanos, existen por otras razones, y no solamente porque una de sus facultades es la de pensar.
Externo esas reflexiones, pero podría ahondar en lo limitado de ese cogito; empero, en el tiempo de Descartes fue una frase de avanzada que sirvió para superar, con las luces del renacimiento filosófico, los dogmas de la metafísica eclesiástica.
Cada siglo tiene sus filósofos, quienes analizan desde su perspectiva los temas universales en su presencia concreta con los problemas de su tiempo.
En este siglo XXI tenemos filósofos que destacan por sus aportes valiosos y singulares: Savater, Jürgen Habermas, Peter Sloterdijk, Richard David Precht, Byung-Chul Han, entre otros.
El último de los citados, un coreano del sur avecindado actualmente en Berlín, nació en Seúl en 1959 y acaba de expresar: “Hoy el ser ya no tiene importancia alguna. Lo único que da valor a ser es el aparecer, el exhibirse. Ser ya no es importante si no eres capaz de exhibir lo que eres o lo que tienes. Ahí está el ejemplo de Facebook para capturar la atención. Para que se te reconozca un valor tienes que exhibirte, colocarte en un escaparate”.
Y lo anterior es cierto; tanto que hay gente que, en lugar de leer su realidad circundante, lee los periódicos, ve el televisor, oye su radio, observa su internet, y le cree más a todos los medios masivos de comunicación que a la realidad que tiene enfrente, más cuando esta realidad no la tiene frente a sí.
El mundo de la apariencia considera haber ganado la batalla, pero no ha ganado la guerra ni la batalla la ha ganado del todo, pues cada vez que se le levantan las naguas revela su mercantilismo brutal, y sus dueños se exhiben como vividores que distorsionan la realidad, a cambio de unas cuantas monedas, o por odios e intereses muy personales y mezquinos.
Esas falsedades son algunas de las razones por las que nuestro mundo parece derrumbarse. Y esas mentiras de explotación mercantil no valen ni un escupitajo.
