Mientras los gobernantes impuestos en Kiev tras el derrocamiento del presidente Víktor Yanukóvich comienzan a aplicar recetas neoliberales, crece la preocupación internacional porque su poderosa industria militar incremente la proliferación de tecnologías de misiles balísticos estratégicos.

El primer ministro interino de Ucrania, Arseniy Yatsenyuk, es reiterativo en el compromiso de cumplir todas las exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI), promesa que según sus palabras formuló personalmente a la directora gerente de esa institución financiera, Christine Lagarde.

“Puedo asegurar que este gobierno cumplirá todas las condiciones del FMI”, ha reiterado en diversos foros nacionales y durante sus visitas a Europa y Estados Unidos, en busca de empréstitos ya aprobados, pero aún por llegar.

En este contexto, comenta la publicación rusa Nezavisimaya Gazeta, genera preocupaciones el destino que tomará la industria castrense que Kiev heredó de la Unión Soviética tras su desintegración, la cual incluye tecnología y producción de misiles espaciales.

Un decálogo entregado como receta por una comisión de expertos del FMI que trabajó durante algunos días en Kiev sugirió privatizar todas las minas e importantes fábricas y empresas.

Podría ser una de ellas la Oficina de Diseño Yuzhnoye Yanguel, con sede central en Dnepropetrovsk, proyectista de cohetes balísticos intercontinentales calificada por Nezavisimaya
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como “joya de la corona”.

Este buró diseñó el misil intercontinental R-36M2 Voevoda hasta ahora el más grande de las Fuerzas de Misiles Estratégicos de Rusia (FME) y del mundo con un alcance de entre nueve y 16 mil kilómetros.

Con una longitud de hasta 37,25 metros, tres de diámetro y un peso de hasta 211 toneladas, los Voevoda pueden transportar una carga explosiva equivalente a entre 18 y 25 toneladas de trinitrotolueno (dinamita).

Especialistas de esta corporación tienen la tarea de supervisar y prorrogar su vida útil hasta que este proyectil sea reemplazado completamente por nuevos portadores rusos como los Topol, Yars y otros, según las FME.

Igual sucede con los planos de otro misil intercontinental, el RT-23 Molodets, diseñado para ser instalado y enmascarado en vagones de trenes.

Recientemente, el teniente general ruso Yuri Netkachev advirtió que Estados Unidos hará lo posible porque Moscú deje de usar los misiles Voevoda, lo cual constituye un objetivo estratégico para Washington.

La liquidación de misiles pesados de esta clase debilitaría las FME de Rusia y potenciaría el sistema global de defensa antimisiles, consideró el experto ante la prensa.

De hecho, el 29 de marzo último el director del consorcio de productores ucranianos de armas Ukroboronprom, Yuri Teréshchenko, en cumplimiento de una orden de Kiev informó que cesaban todos los contactos con la industria castrense rusa.

Sin embargo, por su complementariedad con el complejo militar industrial del Kremlin y la dependencia de los pedidos, Yuzhnoye y otras grandes empresas ucranianas del sector podrían verse condenadas a la bancarrota.

En este caso, la opción es recurrir a otros clientes extranjeros que disponen de municiones nucleares, pero carecen de misiles portadores como los que puede facilitar Ucrania, y en tal situación Nezavisimaya
Gazeta
menciona a miembros de ese club como Israel, India y Pakistán.

En relación con Israel, incluso, la publicación resalta el mutismo y la tolerancia de Tel Aviv ante el antisemitismo público de algunos de los actuales gobernantes de Kiev y el nazismo expreso del Sector Derecho, principal tropa de choque en las protestas que desembocaron en la defenestración de Yanukóvich.

Israel suele reaccionar de manera muy crítica frente a las manifestaciones neonazis en Europa, y en cambio prácticamente no prestó atención a una reciente agresión contra el rabino de Kiev, quien fue insultado, golpeado y apuñalado por “unos desconocidos”.

En las circunstancias actuales, diversas fuentes coinciden en que las empresas militares de Ucrania corren el riesgo de ser privatizadas y vendidas total o parcialmente a cualquiera de los países interesados.

Podrían adquirir en tal caso una fábrica de armamentos o una oficina de diseño junto con los archivos y las tecnologías de que dispone.

Otra variante no descartable es que los propios empleados de la esfera defensiva, en especial sus directivos, vendan los documentos y ellos mismos acepten contratos como especialistas en los países mencionados.

Nezavisimaya
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reconoce una tercera opción a cargo del gobierno provisional que encabeza Yatsenyuk, consistente en la entrega de la documentación y la tecnología de los armamentos, incluidos los Voevoda y los RT-23, a cambio de un préstamo.

Todas estas posibilidades se concatenan con declaraciones formuladas en días pasados por el vicepresidente primero del gobierno ucraniano, Vitali Yarema, al reafirmar la intención de cesar la cooperación con Moscú en este sector.

Yarema señaló que Kiev buscará nuevos mercados para las producciones del complejo militar industrial, y que en particular los gobernantes impuestos tras el derrocamiento del presidente Yanukóvich pretenden reorientar las exportaciones.