David Alejandro Boyás Gómez

 

Lingüista, antropólogo y músico, David Chávez Rivadeneyra es profesor en la Escuela Nacional de Antropología e Historia e imparte la cátedra de Lenguas indígenas de México en la UNAM.

 

Maestro, ¿por qué es importante estudiar las lenguas indígenas de México?

–Porque en las lenguas indígenas suele estar depositado un conocimiento que tiene siglos, a veces milenios. Estas formas de ver el mundo que se encuentran en la lengua son útiles para el manejo de los entornos. Cuando alguien llega a explotar recursos a una región y no conoce el medio o no sabe cómo es el ciclo de un año completo en ese lugar, suele dar al traste con los ecosistemas. Por ejemplo, en la lengua tzotzil se encuentra una serie de informaciones que no están en el español. Por otro lado, la cosmovisión. Todo el conocimiento de lo que la gente entiende por su microcosmos está en la lengua.

También es importante estudiarlas por justicia, porque han sido ignoradas, ninguneadas, maltratadas, incluso perseguidas en otras épocas de la historia de México bajo el falso argumento de que son un obstáculo para el “desarrollo” y la “civilización”, y no es cierto. Últimamente ellos han demostrado que hablar una lengua originaria no es un obstáculo para estudiar Medicina o Ingeniería, e incluso otras lenguas. Al contrario; una cosa que los indígenas suelen decir cuando salen de sus comunidades a estudiar a otros lugares es que sus lenguas maternas les ayudaron en el aprendizaje de las lenguas extranjeras. Un purépecha me decía que aprendió alemán gracias a que sabía purépecha porque el español no le ayudaba nada.

 

En este sentido, ¿cuál es su opinión de que el 21 de febrero sea el Día Internacional de la Lengua Materna?

–Es demagogia: el día de la mujer, el de la madre, el del padre… Pero en el caso de las lenguas maternas es una ridiculez, en un día no se puede hacer nada. ¿Se puede aprovechar? Tal vez de alguna manera, si se busca hacer conciencia. Siempre he pensado que debería haber una campaña permanente del gobierno y de toda la sociedad en general para la indianización de México.

 

¿Indianización de México?

–Maestro, ¿indianización de México?

–Sí, porque siempre ha sido al revés, siempre se ha buscado que los indígenas se integren a la nación mexicana, que se castellanicen, que vivan al estilo capitalista y ese tipo de cosas y nunca se ha prestado atención a la relación contraria.

 

 

De Frida Kahlo a la India María

 

Hubo en el siglo XX un intento del arte nacionalista de indianizar al México mestizo que provocó cierto rechazo por parte de algunos intelectuales…

–Sí. Diego Rivera y Frida Kahlo, por ejemplo, fueron agentes de indianización. Frida vestía trajes típicos y Diego pintaba indígenas en sus murales. Pero se acabó. No se desarrolló esa corriente, pero por ahí iba la cosa. Eso era lo que se debía seguir haciendo. Y es que a alguna gente no le gustó. A ellos, como decía Bonfil en el México Profundo les gusta lo de fuera. Decir que tienen un antepasado en Bélgica siempre da más orgullo que decir que tienen un antepasado Chamula. Entonces, eso es contra lo que se debería luchar. El Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI) debería iniciar una campaña de spots en televisión y radio que le dé a la población una mirada diferente, que se vea con otros ojos lo que siempre ha sido un estigma. Por ejemplo, María Elena Velasco con su personaje de la “India María” no ha servido para dignificar al indígena, sino para hacer de él un payaso, un personaje de risa en el mejor de los casos. Lo estigmatiza, lo hace un estereotipo.

¿Pero no ha servido también el mismo personaje para subrayar justamente el maltrato hacia los indígenas?

Francisco Toledo como referencia

 

–Pero por qué no tener una visión más global: supongamos que hacemos un episodio para televisión con un indígena que está en el extranjero, digamos en Nueva York. Es pintor y fue a vender sus cuadros. Ya vendió, ya fue la exposición y gente de todo el mundo conoció la obra de este señor. Él regresa a México, va para Oaxaca y llega hasta su pueblo. Vemos en Juchitán cómo tiene su estudio y cómo vive un indígena zapoteco universal.

Que es nada menos que el pintor más reconocido de México, Francisco Toledo.

–Sí, que es uno de los pintores más reconocidos de México y rompe con el estereotipo del indígena pobre, ignorante, precario, todo lo que se ha dicho.

El México Profundo, de Bonfil

 

¿La política en México ha dejado de lado a los indígenas o los ha utilizado a su favor?

–Siempre. Siempre los ha dejado de lado y también los ha utilizado como electorado. Dicen: voy a comprar el voto de este grupo indígena, a hacer que voten por mí, les voy a poner lo que me pidan, una cancha de básquet. Pero ha sido muy chato el personaje de ese lado de la política porque no ha ido a lo profundo, como decía Bonfil. Si se fuese a lo profundo habría que reconciliar a los indígenas con el resto del país y eso cambiaría completamente a la sociedad. Es como diría Bert Hellinger, en los padres y en los abuelos viene todo lo que somos. Una reconciliación con ellos unificaría a México.

¿Sería para ti una de las soluciones a los grandes problemas que tenemos?

–Sí porque hay muchos problemas que vienen desde la Nueva España por ese no reconocernos indígenas, por no querer ver esa cara morena de México: negarla, ocultarla, meterla bajo la mesa o el tapete, aspirar a ser lo que no se es, como le pasó a Porfirio Díaz, que se afrancesó. Y qué padre quedó el Paseo de la Reforma y el Ángel de la Independencia que son cosas muy hermosas que me gustan mucho, pero quiso acabar con los Yaquis por ejemplo.

Propició políticas para mezclarlos a fin de que perdieran su identidad…

–Y eso que él tenía sangre indígena, que era de Oaxaca.

Como Benito Juárez.

–Como Benito Juárez.

El maya de Yucatán, a salvo

 

¿Cuáles son las lenguas originarias con mejores condiciones de permanencia y por qué?

–El maya yucateco es la que mejor suerte ha tenido porque es muy uniforme, eso es una gran ventaja, no se ha fragmentado como el náhuatl por ejemplo. Se habla en una gran extensión de terreno que es prácticamente toda la península de Yucatán y además la gente la ve como la herencia de los antiguos mayas. Lo habla más de un millón de personas. Es de las más habladas, de las más uniformes y de las que tienen mayor prestigio e historia; tiene detrás la civilización maya y toda la grandeza del clásico, y es por eso con mucho de las mejor posicionadas.

¿Y qué lenguas son las que están en mayor peligro?

–Muchas. EL INALI tiene un semáforo donde en verde están las lenguas como el maya yucateco, el náhuatl o el zapoteco, las que no tienen mucho problema. En amarillo las que ya están perdiéndose y en rojo las que ya les quedan muy pocos hablantes. Pero pocos hablantes son decenas. El caso emblemático es el del awakateco o el del ayapaneco, que son dos hablantes y se hacen incluso chistes porque no se hablan los señores. Sí hay lenguas en México que tienen un puñado de hablantes, que ya no se están transmitiendo a los niños y que se van a perder. Pero no es para rasgarse las vestiduras. Son procesos de evolución que se están dando en todo el mundo, no sólo en México y son de alguna manera el signo de los tiempos.

Pero sí hay políticas distintas en el mundo en comparación con México. Por ejemplo, el vasco, con 75 mil hablantes apenas, está siendo recuperado, hay medidas para que se hable en las escuelas, para que todo el mundo sea bilingüe…

–Sí, bueno, Cataluña es emblemático en ese sentido. Los catalanes son muy celosos de la conservación de su lengua. La han defendido a capa y espada sobre todo después del franquismo que la prohibió. Y en general el valenciano, el gallego, no se diga el vasco (que es de hecho una lengua aislada, sin familia lingüística, de esas rarezas del mundo), han sido muy defendidas porque pasa lo que pasó con los judíos: después de que los trataron de exterminar, de que fueron prohibidas esas lenguas, ahora se han fortalecido.

No es el caso de México

–No lo es. Sin embargo, hay lenguas que se han, por lo menos, no perdido y que han ganado en hablantes, que han tenido más difusión. Quizá el purépecha podría ser un ejemplo. Por un lado reivindicaron el término purépecha, lograron deshacerse del término tarascos. Ya hoy no se usa el tarasco. Eso es del siglo XX. En este siglo todo el mundo habla de los purepéchas. Y además hay autores que están haciendo el esfuerzo de producir literatura. Está el novelista Ismael García Marcelino. Ya lleva dos novelas en purépecha y las edita bilingües. Pero también está la lucha de todos los indígenas contra el analfabetismo en sus propias lenguas. Pueden aprender español pero leer y escribir en la lengua indígena, que tiene tradición oral de siglos, es muy difícil. Y los purépechas lo están haciendo también.

Las variantes, una riqueza

 

Uno de los principales problemas de México es la educación. ¿Qué propondría para la enseñanza en una comunidad donde se hablan varias lenguas originarias?

–Pues hay una propuesta que hizo un señor de la Huasteca como tesis de licenciatura. Él había sido maestro de primaria. Decía que lejos de ver como un obstáculo la variación o los dialectos, lo veían como una riqueza. Que cuando hubiera diferencias la gente aportara con la diversidad. Que se buscara una especie de gramática incluyente, un diccionario que dé cuenta de la variación, que diga cómo se escriben las palabras prototípicamente y luego las variantes de cada pueblo. Así se daría cuenta de todas las posibilidades. Y también, que a partir de esa variación, se logren puntos de encuentro. Que sí haya un estándar, pero que no esté peleado con la variación. Sí, tengo una variante que es la de la mayoría, o la más antigua, o la de mayor prestigio, o simplemente la más consensada (que es la que se escribe), pero todas las otras ni las niego, ni las desecho.

El caso de Marcelino Hernández

–Marcelino Hernández es el nombre de este maestro que decía que cuando reunía a los profesores al principio usaban el español como lengua franca. Pero tras un rato charlando, se daban cuenta de que sí se entendían a pesar de que eran de diferentes pueblos. Y si se hacen ese tipo de talleres y de esfuerzo se puede lograr el anhelado estándar. Eso no es nada del otro mundo, claro que se puede.

Cambiar la percepción sobre el indígena

 

¿Qué opinas de la cátedra que impartes?

—Es el granito de arena que yo propuse aquí en la Facultad de Filosofía y Letras, porque antes no existía este curso.

¿No te parece extraño que en la carrera de Letras Hispánicas de la UNAM no existiera el curso?

–No, porque es la historia de nuestro país, muestra el desprecio del indígena siempre. Además, aquí la tradición había sido hispánica e incluso de lenguas clásicas. Pero, afortunadamente se está dando el cambio y me enorgullece ser protagonista del cambio, porque al principio se dudó que se inscribiera alguien. Ahora uno de los cursos más numerosos, tengo la sala llena de estudiantes. Me da gusto ver que sí ha funcionado y que sí es algo que les interesa a los alumnos: conocer más de las lenguas indígenas.

Además era una tontería no aprovechar toda la riqueza lingüística del país para poner ejemplos de lingüística, que es lo que hacemos con este curso: tratar de usar las lenguas, en el mejor sentido de la palabra, para explicar teoría lingüística que es lo que vienen a estudiar aquí los muchachos. Se consiguen con un mismo tiro dos objetivos: la lingüística y la revaloración de la riqueza cultural de México.

Y el curso tiene el espíritu de cambiar la percepción de los alumnos con respecto a los indígenas, romper con los estigmas, con los prejuicios, con el racismo que sí existe y es todavía muy fuerte hacia el indígena. Afortunadamente está cambiando; yo soy positivo y creo que sí se está dando un cambio. Antes ni siquiera existía un instituto de lenguas indígenas.

Sí ha habido avances.

–Sí, y hay que reconocerles a todos lo que han hecho su lucha para que esto pase, por ejemplo los zapatistas, que al principio yo mismo no entendía la revuelta. En aquellos años, era estudiante en la Facultad y pensaba “pero, ¿qué quieren, qué buscan, quiénes son…? No quedaba muy claro qué estaba pasando, pero al paso de los años a mí sí me quedo claro de qué se trataba. A pesar de que la campaña era de desprestigio, yo acabé por darme cuenta de que era una lucha legítima. Una de las demandas era que ya no se buscara el desplazamiento de las lenguas sino su conservación.

Y están también las luchas de los nahuas, los purépechas, los grupos de todo el país. Desgraciadamente, no todos los grupos están en la misma tesitura. En Baja California suelen estar más bien en el camino a la extinción.

Por su cercanía con los Estados Unidos…

–Tal vez por ciudades como Tijuana o Mexicali. Y además son grupos que no tienen toda la historia que hay detrás de los mayas o nahuas. Muchas son familias lingüísticas que se presentan más en Estados Unidos. Ha mejorado la situación para las lenguas indígenas en México, se han visto mejores tiempos en los últimos años que los que se vieron en siglos.

Esperemos que siga evolucionando más en favor de la justicia, pues el hecho de que sea reconocida tu lengua te hace más visible ante la población.

–Sí y romper con el estigma. Como el profesor de náhuatl de la ENAH. Es hablante originario y cuando acaba su clase se sube a su auto y se va a su casa. Eso es lo que debería suceder, y está pasando: cada día hay más indígenas en la educación superior. Una cosa que ha sucedido con el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) y con sus programas de maestría y doctorado en lingüística es que se han enfocado en formar lingüistas en sus propias lenguas, un lingüista chol que estudia el chol, el zapoteco que estudia el zapoteco. Eso no pasaba antes, eran más bien extranjeros. Y ya hay médicos, ingenieros y de todo. La tesis de Omar Alejandro Sánchez propuso ver qué pensaban los estudiantes universitarios de origen indígena en el Distrito Federal, qué actitudes tenían. Y había de todo pero la mayoría tenía una actitud favorable hacia sus lenguas. Algunos ya ni siquiera la hablaban, pero, después de haber hecho estudios sobre ellas, regresaron a sus pueblos a buscar a sus abuelos para que les enseñaran la lengua.

Prueba de que sí se puede. Muchas gracias maestro.

—Gracias a ti.

México, 2014.