Nada nuevo, pero la vergüenza subsiste
Jorge Carrillo Olea
¿Será México una emulación del teatro griego que identificaba la tragedia y la comedia mediante máscaras, que tenían una clara función? Éstas poseían la función de puntualizar si se estaba representando una historia trágica (odio, ira, dolor, tristeza) o cómica (sátira, ironía, chiste, alegría).
Cómo alejar de esta alegoría dual nuestra actitud hacia las fronteras norte y sur. Cómo justificar nuestra doble conducta, demandante al norte y humillante al sur. La frontera norte es todo un tema nacional, hasta oportunista. La frontera sur, simplemente, no nos ha importado, no existe.
De manera pasajera hubo interés cuando el 30 de abril de 1983 se dio una matanza de indígenas guatemaltecos fugitivos en un paraje llamado Chupadero dentro de territorio nacional. Los autores fueron militares de aquel país. O bien cuando el surgimiento de EZLN el 1 de enero de 1994.
Nunca antes ni nunca después y eso, hay que advertirlo, sólo como preocupaciones estrictamente nacionales y sin ningún interés por las garantías constitucionales que en nuestro territorio tendría todo ser humano independientemente de su origen.
Declaraciones, promesas, certidumbre política sobre el riesgo que se corre por la omisión gubernamental. Nada ha faltado y nada sustantivo ha pasado. Las violaciones a derechos humanos están a la vista de todos y no se hace nada. El lucidor gobernador Velasco nunca menciona su frontera sur y elude siempre mencionar a ese Sodoma y Gomorra que es Tapachula.
La frontera sur con Guatemala y Belice tiene una extensión de mil 200 km —con Guatemala 970 y con Belice los 230 restantes—. Tan larga extensión además se extiende en más de su mitad sobre la selva más espesa de nuestro territorio.
Para resguardar el interés nacional y los derechos de todo tipo de mexicanos y extranjeros existen sólo 29 puntos oficiales de cruce, y aunque se habla de 200 fuera de control oficial, la verdad es que la frontera es un colador inmedible.
La gran mayoría de los migrantes se internan en México con el fin de llegar a Estados Unidos. Hay además una incuantificable suma de trabajadores que ilegalmente prestan sus servicios en nuestro país buscando una remuneración en la agricultura, en los servicios urbanos, turísticos, en los domésticos, la prostitución y en el crimen. Son explotados en todos ellos, los delitos sexuales son cotidianos.
El Instituto Nacional de Migración cree que cada año se repatrian aproximadamente 250 mil extranjeros y suman mil 300 los muertos. Se emplea el verbo creer porque de tener cierta veracidad tal cifra supondría que hay alguna forma de control y eso sencillamente no es así.
Las violaciones a toda garantía o derecho en toda la escala son atroces. El síntoma más ominoso quizá sea el ferrocarril conocido como La Bestia del que nadie puede explicarse su existencia y operación a los ojos de todo tipo y nivel de autoridades.
Pertenece al consorcio estadounidense de ferrocarriles Genesee & Wyoming Inc. El tren es la corroboración de que nada, en ningún sentido, se mueve sin el interés presidencial. Hacer una lista de las autoridades federales, estatales y municipales corresponsables en la omisión que se torna obstrucción de la justicia sería inútil.
Son muchas, son todas. Todas las autoridades son ciegas y mancas, pero salvan esa manquedad para recibir la cuota monetaria o en especie correspondiente. Una muestra más de que a Enrique Peña la palabra corrupción, como dijera Napoleón, no está en su vocabulario.
Los gobiernos centroamericanos, principalmente, han sido pasivos ante el mexicano al no hacer las ruidosas reclamaciones a que tendrían todo derecho. Es una pasividad que para nada ayuda a atenuar ese tétrico drama.
La visita pasada del presidente Peña a Honduras para firmar un acuerdo (otro) con su presidente Hernández Alvarado en que se comprometen a cumplir la ley fue otro acto de magia. Nada pasará, nada cambiará.
Es de aquí que contrasta nuestra actitud de rasgarnos las ropas ante las violaciones a nacionales en la frontera norte y voltear la cara respecto de lo que pasa en el sur. Algún día nos arrepentiremos.
Un camino de esperanza sería el ver formarse una comisión intersecretarial que tuviera la misión de atender los problemas específicos del área, que van desde el crimen común hasta la destrucción ecológica. En su zona de actuación deberían estar los países centroamericanos.
No habrá ningún éxito sin la cooperación internacional. Nuestro magnetismo criminal daña terriblemente a esos respetados pueblos y viceversa, todo lo que se origina allá repercute en México.
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