Por Elizabeth Ponce

El pasado domingo, la Plaza de San Pedro en Roma fue testigo de la celebración donde se llevo a cabo la canonización de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II, ceremonia presidida por el Papa Francisco. Ambos pontífices llegaron a la santidad gracias a diversas excepciones al procedimiento interno de la Iglesia para la canonización.

En el caso de Juan Pablo II, el Papa Benedicto XVI decretó la dispensa de los cinco años que, según la ley canónica, deben pasar antes del inicio formal de un proceso de canonización.

El abogado defensor de la causa de Wojtyla, Slawomir Oder, explicó que esa fue la única excepción en todo el proceso que llevó a Juan Pablo II a los altares y fue una respuesta a la solicitud de los fieles en la plaza después de su muerte, quienes pidieron “¡santo súbito!” (santo ya).

Oder, quien tiene el puesto de postulador, recordó que la ley exige el paso de un lustro para verificar la solidez de la “fama de santidad” de los aspirantes. Reveló que en una de sus principales reuniones con Joseph Ratzinger, el pontífice le recomendó: “avancen rápido, pero trabajen bien”.

Reconoció que Juan Pablo II tenía defectos, como todos los hombres, al precisar “no debemos pensar que la santidad es como un pedazo de oro que nace fuera del contexto”.

Juan Pablo II, emotivo

En una entrevista, Oder relató una anécdota según la cual una de las monjas que ayudaban en el apartamento papal dijo una vez a Juan Pablo: “Santo Padre, estoy preocupada por Su Santidad”, a lo que él respondió: “Yo también estoy muy preocupado por mi santidad”.

Sostuvo que la dimensión del Papa polaco que más le creaba problemas era su emotividad, porque era un hombre sanguíneo que reaccionaba con fuerza, por eso a veces tenía salidas bruscas en circunstancias en las cuales debía dar una respuesta neta.

“Me viene a la mente un episodio cuando estaba todavía en Cracovia, uno de sus sacerdotes que le daban problemas, Wojtyla decidió castigarlo quitándole la licencia de conducir y le dijo: ‘déjame la licencia aquí y vuelve a casa a pie’, hecho del cual se arrepintió posteriormente, contó.

Oder comentó otra anécdota “una vez tuvo una reacción espontánea, sanguínea, cuando en uno de los viajes le propusieron usar un chaleco antibalas, él lo rechazó con firmeza porque no quería, tenía otra protección a la cual se encomendaba. Esta emotividad suya lo hacía un verdadero hombre, hecho de carne y hueso”, estableció.

Juan XXIII

El otro Papa que es ya reconocido como santo, Juan XXIII, también tenía defectos, según constató el postulador de su causa de canonización, Giovangiuseppe Califano.

Aseguró que él era consciente de sus límites, uno de los cuales era su buen apetito, pero también se destacó también su humildad y su ironía con respecto a sus debilidades.

“Una vez un obispo le contó al Papa Roncalli: desde que fui elegido obispo no logro dormir por las noches por tantos pensamientos. El Papa le respondió: eso también me pasó a mi cuando fui elegido Papa, tenía tantos pensamientos y no podía dormir, pero una noche soñé al ángel custodio que me decía: Angelo, no te tomes tanto en serio. Desde aquella vez dormí muy bien”, contó.

Juan XXIII llegará a los altares también gracias a una excepción, concedida por el Papa Francisco quien eximió de la constatación de un milagro necesario para su reconocimiento como santo.

Proceso para declarar santo a una persona

Declarar a una persona santa es un proceso largo que suele prolongarse durante años y comienza en la diócesis del candidato a santo, cuando el obispo diocesano y el postulador de la Causa presentan un informe sobre su vida y virtudes. La Santa Sede, por medio de la Congregación para las Causas de los Santos, examina el informe, dicta el decreto ‘Nihil obstat’ –que indica que nada impide iniciar la Causa– y el candidato pasa a ser Siervo de Dios.

La siguiente fase es la declaración de Venerable, para lo cual, una comisión jurídica designada por el obispo diocesano recibe los testimonios de las personas que conocieron al Siervo de Dios y una comisión de censores teólogos analiza la ortodoxia de sus escritos.

El Relator de la Causa nombrado por la Congregación para las Causas de los Santos, elabora el documento denominado ‘Positio’ en el que se incluyen los testimonios de los testigos, los principales aspectos de su vida, virtudes y escritos. Si la Congregación aprueba la ‘Positio’, el Papa procede a promulgar el Decreto de heroicidad de virtudes. Así el que era Siervo de Dios pasaría a ser considerado Venerable.

Beatos

Para que la persona sea proclamada Beata, el Postulador de la Causa debe probar ante la Congregación para las Causas de los Santos: la fama de santidad del Venerable –para lo que elabora una lista con las gracias y favores pedidos a Dios por los fieles por su mediación–; y la realización de un milagro atribuido a su intercesión. El “presunto” milagro es examinado en la diócesis y pasa a la Congregación para las Causas de los Santos.

Ahí, dos médicos peritos examinan si las condiciones del caso merecen un estudio detallado y su parecer se discute por la Consulta médica de la Congregación para las Causas de los Santos. El hecho extraordinario es discutido por ocho teólogos del Congreso de Teólogos de la Congregación para las Causas de los Santos y el resultado de su estudio es comunicado por el cardenal ponente a los integrantes de la Congregación que, reunidos en sesión solemne dan su veredicto final sobre el milagro.

Si el veredicto es positivo, el prefecto de la Congregación ordena la confección del decreto correspondiente para ser sometido a la aprobación del Santo Padre que será el encargado de aprobar el Decreto de Beatificación, determinar la fecha de la ceremonia litúrgica y celebrarla.

Para que el Beato sea proclamado Santo, debe ser aprobado un segundo milagro que es presentado y examinado por la Congregación para las Causas de los Santos; se requiere que este segundo hecho milagroso haya sucedido en una fecha posterior a la beatificación. El Santo Padre aprueba el Decreto de Canonización, convoca un Consistorio Ordinario Público en el que informa a los cardenales, determina la fecha de la canonización y se celebra la ceremonia.

Sombras canonización Juan Pablo II

Curas pederastas, Marcial Maciel

A pesar de las múltiples muestras de aceptación sobre la canonización del Papa Juan Pablo II, existe un amplio sector con posturas en contra por la protección del pontificado de Juan Pablo II a curas pederastas, particularmente a Marcial Maciel.

El papado de Juan Pablo II, minimizó la gravedad del problema de los abusos hasta casi el final de su pontificado de 26 años, a pesar de que desde la década de 1980, los obispos de Estados Unidos pedían a la Santa Sede una forma más rápida de lidiar con los curas pederastas.

Documentos de los archivos de la entonces Sagrada Congregación para Religiosos mostraron cómo una sucesión de papas (incluso a Juan XXIII, que también será canonizado el próximo domingo) simplemente desestimaron reportes creíbles de que Marcial Maciel era un artista de la estafa, drogadicto, pederasta y un fraude religioso.

Para 1948, siete años después de que Maciel fundó la orden, la Santa Sede tuvo documentos de enviados vaticanos y obispos en México y España que cuestionaban la legitimidad de la orden de Maciel, subrayando la cuestionable fundación legal de su orden y alertando sobre su comportamiento “totalitario” y las violaciones espirituales a sus jóvenes seminaristas.

Los documentos muestran que la Santa Sede estaba bien enterada del abuso de drogas por parte de Maciel, de sus abusos sexuales y las irregularidades financieras desde 1956, cuando ordenó una investigación inicial y lo suspendió dos años para curarse de una adicción a la heroína.

El fraude de Maciel, uno de los más grandes escándalos dentro de la iglesia católica en el siglo XX, hace surgir hoy en día en millones de los que se encuentran en contra de la próxima canonización, preguntas incomodas para el vaticano y la herencia que estos cuestionamientos le dejan al Papa Francisco, ¿Cuántas personas fueron ingenuas por tanto tiempo?.

Hoy en día la problemática al interior de la iglesia católica hace dudar cobre como la propia estructura de la iglesia, son todo y valores y prioridades permitieron que una orden, como un culto, crecieran desde adentro; preguntas que quedan en el aire de personas con el coraje de querer saber ¿hasta dónde debe llegar la responsabilidad por el daño hecho?