Bernardo González Solano
Desde hace cuatro décadas y media, en 1969, cuando el entonces joven escritor Jorge Mario Pedro Vargas Llosa frisaba los cabalísticos 33 años, la edad de Cristo, y le faltaban 41 para obtener el Premio Nobel de Literatura, publicó su tercera novela: Conversación en la catedral, la única, según él, que le ha dado más trabajo entre revisiones y reescrituras amén que “si tuviera que salvar del fuego una sola, salvaría ésta”, ya estaba angustiado por la suerte que ha corrido su país de origen. En el primer párrafo de este libro, el novelista, ahora peruano-español-dominicano,hizo célebre la pésima situación de su patria: “Desde la puerta de La Crónica, Santiago (Zavala) mira la avenida Tacna, sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de anuncios luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú?”.
Quizás desde antes la suerte del Perú le ha dolido al autor de La guerra del fin del mundo. El hecho es que la citadísima frase de esa novela le dio carta de presentación como un escritor preocupado por su lugar de nacimiento. Años más tarde se presentaría como candidato a la presidencia peruana y perdería la elección frente al entonces poderoso adversario, el “chino” Alberto Fujimori, actualmente en la cárcel acusado de varios delitos. La derrota le pesó al famoso novelista, uno de los pilares del llamado “boom latinoamericano”. Hasta el momento, nunca más ha vuelto a contender en lides políticas, pero tampoco ha dejado de opinar y de presentarse en actos públicos peruanos, incluyendo la última elección presidencial, cuando anunció que aunque preocupado votaría por Ollanta Humala, el actual mandatario del Perú.
Hace pocos días, en una reciente entrevista, en su acostumbrado lenguaje claro y directo, como cuando afirmó en 1990 —en el encuentro de la revista Vuelta—, que “México era la dictadura perfecta” (lo que originó fuerte conmoción política en la que tomaron parte el director del magazine, el también laureado Nobel de Literatura, Octavio Paz, y el presidente mexicano del momento, Carlos Salinas de Gortari), aunque ya ha cambiado de opinión al respecto, sostuvo que “ya es hora de que el Perú tenga una presidenta mujer”. Para disipar cualquier duda, agregó que Nadine Heredia Alarcón, esposa del presidente Ollanta Humala, “tiene condiciones absolutamente magníficas para serlo”, aunque aclaró que no para el año 2016, sino hasta los comicios de 2021. Ahí se armó la de Dios es Cristo. El fuego, sobre el particular, ya estaba encendido y Vargas Llosa le agregó varios litros de combustible. Como si Perú no tuviera bastante convulsión política sobre la forma de gobernar del actual presidente Humala y de su inquieta esposa, la fotogénica Nadine Heredia, que unos de sus adversarios llaman la “copresidenta” y otros la “incómoda primera dama”.
Las palabras de Vargas Llosa siempre tienen resonancia mundial y en el caso de su preferencia feminista para la presidencia del Perú, y de Nadine Heredia específicamente, no fueron la excepción. En los actuales momentos de crisis del país andino, para los partidos de la oposición la crisis tiene nombre de mujer: Nadine Heredia Alarcón, de 37 años de edad, esposa del actual mandatario, madre de tres hijos –Illary, Nayra y Samín–, y presidenta del Partido Nacionalista en el poder. Además de primera dama, apoya al Ejecutivo como portavoz informal y sirve de enlace ente ministros y parlamentarios. Según una encuesta publicada en Lima por la empresa Ipsos, a principios de marzo pasado, la aprobación a la gestión del presidente Ollanta Humala, bajó a 25%, ocho puntos menos que en febrero, debido en parte a las criticas por la influencia de su esposa en el gobierno. Asimismo, el sondeo reveló que la aprobación a la consorte presidencial sufrió un bajón de 13 puntos, al pasar de 40% en febrero a 27% en marzo. Tranquilidad, tranquilidad política en Perú, no hay precisamente.
Así las cosas, Nadine Heredia reaccionó a los comentarios del célebre escritor: “Agradezco a nuestro Nobel Mario Vargas Llosa sus palabras y elogios a mi persona. Pero, la verdad con tantas cosas por hacer aún hasta el 2016 no es una cuestión en la cual esté pensando. El futuro, el 2021, le pertenece a Dios. Lo que sí sé, y repito nuevamente, es que no seré candidata a la presidencia de la República el 2016”.
De carismática primera dama con poder político (egresada de la Universidad de París y de la Universidad de Lima, con título en Ciencias de la Comunicación y una maestría en Sociología en la Pontificia Universidad Católica del Perú), quizás demasiado para algunos, Nadine ha pasado a ser, para muchos en la opinión pública, una pareja que le “hace sombra al marido y que toma decisiones que no le corresponden porque nadie ha votado por ella”. Según la misma encuesta, el 69% de los peruanos prefiere que Humala gobierne solo, y no de forma conjunta con su esposa, porque no es una autoridad electa (43%), y el 66% cree que el rol de Heredia es negativo para el gobierno del Perú. Por otra parte, un 27% considera que Nadine debe participar activamente en el gobierno porque Humala necesita ayuda y también porque es legalmente la presidenta del partido oficialista (20%). La encuesta fue a nivel nacional entre el 11 y 14 de marzo, con un nivel de confianza de 95% y un margen de error de 2.8%. En pocas palabras, la participación de Nadine Heredia en el gobierno y en la política peruana es motivo de debate cotidiano. Esto es un hecho.
El principal enemigo a la vista de Nadine es Alan García, ex presidente peruano (1985-1990 y 2006-2011) y probable candidato a una tercera reelección en 2016, quien hace unos meses acusó a la pareja de buscar la “reelección conyugal” —al estilo Kirchner en Argentina— y de querer inhabilitarlo políticamente con una investigación criminal sobre los indultos concedidos a muchos narcotraficantes (por supuestamente liberar a 5,500 personas, 3,274 de ellas acusadas de narcotráfico) durante su último mandato que, de momento, no ha procedido. De hecho, entre los Humala y Alan García hay viejos enfrentamientos políticos no saldados.
Así las cosas, Nadine declaró a la BBC: “Se difundió la falsa versión que mi compromiso estaba vinculado al objetivo de disputar las elecciones presidenciales el 2016. A pesar de mis reiteradas declaraciones afirmando que no pretendo ser candidata presidencial, dichos poderes fácticos persisten aún en esta campaña, cada vez que, como decimos en el Perú, “levanto cabeza”.
El foco de interés está encendido en todo momento. En temas intrascendentes, como si rompió o no el protocolo al pisar la alfombra roja en la toma de mando de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, al asistir a esa ceremonia en Santiago acompañando a su esposo el presidente Ollanta Humala. O en temas más serios. Hace pocos días, el Congreso se negó a dar un voto de confianza al nuevo gabinete de ministros para “castigarla” por haber desautorizado, supuestamente, al entonces primer ministro César Villanueva, sustituido luego en el cargo por René Cornejo tras su renuncia. El poder de la primera dama es innegable. Algunos incluso la llaman “presidenta Nadine”.
El tándem Humala-Heredia llegó al poder en julio de 2011. Además de ser matrimonio y de haber procreado tres hijos, sus giros en política hacia la izquierda o la derecha les han provocado más de un enemigo sobre todo dentro de la familia del presidente.
La controversia que genera la singular dama no es asunto nuevo. El presidente ha tachado de machista a los que dicen que tiene demasiada influencia en su gestión y ha defendido a capa y espada su “gobierno en familia” (cómo recuerdan estas palabras al expresidente de México, Vicente Fox y a su mujer, Martita). Pero esto le ha jugado una mala pasada a Humala, con su familia, la que más ha criticado su gobierno con Nadine.
Isaac Humala, padre del mandatario, ha dicho: “Heredia está borrachita de poder”. Y ha ido más lejos: “es una loca de atar”. Aparte las palabras de su hermano Ulises, quien aseguró que “Nadine ha mostrado todo su poder, y todos los ministros tienen más temor que nunca porque ven que la que verdaderamente ejerce el poder en el país es ella, y no el Presidente y menos aún el primer ministro”.
Ulises Humala mejoró su opinión sobre su cuñada y dijo:”en los hechos, ella cogobierna”; y don Isaac remató esta idea en declaraciones a los medios: “Cogobernando, dirían todos.Yo diría gobernando. Ella está gobernando. Yo desconozco a mi hijo. De Humala solamente lo conozco por su apellido. Ya es Heredia. Estamos bajo el gobierno de Heredia”. Con estos familiares para que quiere enemigos el presidente Humala.
Tanto sonará Nadine Heredia como cabeza indirecta del Gobierno que está clara para muchos la posibilidad —aunque aún improbable porque la ley no lo permite y es poco probable que se cambie la norma— de una candidatura suya a la Presidencia. Para algunos es, en efecto, la potencial sucesora de Ollanta Humala y la única figura fuerte del oficialismo para un nuevo periodo. Si es viable, sin embargo, que Heredia termine ocupando cualquier otro cargo político, como un puesto parlamentario, donde pueda seguir activa en la política, hasta las elecciones de 2021. “¿En qué momento se jodió el Perú?”. VALE.
