Grito ciudadano

 

En realidad, este texto debería titularse: Un minuto por no más sangre, pero de alguna manera, pienso que el concepto contra la violencia correspondería más bien, al decir: “no más sangre”. Si pienso en la palabra “México”, de inmediato, la relaciono con sangre, no más con sangre, con puritita sangre.

En realidad, la campaña “No más sangre” la inició Eduardo del Río (Rius) a principios de enero. Respecto a esta iniciativa convocada a todos los caricaturistas, Rius ha sido tajante: “Hay mucho descontento en el país; mucha gente encabronada, hastiada, desesperada, que se siente impotente ante la situación que estamos viviendo. Por eso se nos ocurrió que podríamos hacer algo para que esa gente pueda manifestar pacíficamente su descontento y frustración” (Proceso, 9 de enero, 2011).

Más adelante en la entrevista del semanario que le hiciera José Gil Olmos, agrega: “No tenemos patrocinadores políticos ni empresarios ni televisivos. Somos la pura ciudadanía que quiere hacer algo y que quiere ayudar a la otra ciudadanía que no tiene a su alcance medio alguno para manifestar su desencanto”.

Hay que decir que si alguien conoce de descontento y desencanto dentro de la ciudadanía mexicana en las últimas décadas, sin duda es Rius, uno de los caricaturistas políticos más comprometidos e incisivos del país. Rius no le tiene miedo a nadie: critica, denuncia, se burla de los políticos, no hace concesiones y lo que es más importante: sus monos representan la voz de los que no tienen.

Desde que se inició esta campaña han pasado seis meses y la sangre sigue cubriendo la República Mexicana. De allí, que el lunes pasado se hubieran reunido en el Museo de la Ciudad de México académicos, activistas, investigadores, periodistas y centenas de ciudadanas y ciudadanos, para exigir a las autoridades terminar con la impunidad de los casos criminales, pero sobre todo, sacar el Ejército de las calles.

En el evento, uno de los discursos más conmovedores, fue el del ex presidente de la Corte Genaro Góngora Pimentel. Clara y llanamente afirmó que el país vive condiciones de impunidad e inseguridad que han coartado las libertades de los ciudadanos y tienen a una parte de la sociedad esclavizada al miedo.

“La inseguridad —señaló— nos priva de uno de los hechos fundamentales: la libertad; nos encontramos esclavizados al miedo y nos niega la tranquilidad de disfrutar de la libertad de tránsito, de la libertad de reunirnos, de la libertad de ir a trabajar, de la libertad a recibir educación, de la libertad a un ambiente sano y en paz. Pero más importante aún, de la libertad de vivir en plenitud”.

Lorenzo Meyer tomó el micrófono y sin más exigió al gobierno no más sangre. Exigirle al gobierno (con minúsculas), parecería una utopía en este momento, pero sí representa una obligación de la ciudadanía por ser la seguridad pública uno de sus derechos básicos. “Hay que revisar la fórmula del Estado para enfrentar el crimen organizado. Hay que definir el problema desde el principio”, sugirió el historiador.

Creo que el que concluye mejor todo el sentir de la ciudadanía mexicana respecto a la violencia es John Ackerman: “La paciencia se agota. La sociedad no está dispuesta a cruzarse de brazos mientras se da la militarización del país. De manera colectiva queremos gritar un «no a la guerra»”.