Lastimosa situación
Jorge Carrillo Olea
En textos anteriores se ha planteado la lastimosa situación que se vive en nuestra frontera sur resultado de las convulsiones criminales en ella. Los estados afectados son Chiapas en su región Soconusco, Los Altos y la Selva Lacandona; por otros motivos y en menor grado, Tabasco, Campeche y Quintana Roo. Nuestra frontera sur podría tener un enorme potencial pero lamentablemente hoy el delito es su marca.
La prosperidad de la región es la víctima de la espiral de criminalidad que afecta a Mesoamérica, entendida ésta en términos geopolíticos y geoeconómicos, como medio México, Centroamérica y de ciertas formas el Caribe.
Se explicaría el uso del término víctima/victimario en el hecho de que la criminalidad originada en México —narcotráfico— se exporta hacia el sur y masas delincuenciales tipos maras salvatruchas y otros grupos criminales —no se alude a los migrantes— emigran de sur a norte .
Más allá del dolor infligido a la población, la violencia cuesta a la región un porcentaje de su PIB, lo que significa reducir la oferta de empleo, servicios y flujos de capital foráneo como inversión productiva.
Las tasas de criminalidad en El Salvador, Guatemala y Honduras están entre las cinco más altas de América Latina. En los otros tres países de la región —Costa Rica, Nicaragua y Panamá— los niveles son mucho más bajos, pero una reciente alza está ya generando preocupación.
La región centroamericana, que incluye a México, Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá, registra desde mediados del siglo XX de cinco a ocho veces más homicidios respecto de su población que la proporcional de Europa, según el Análisis de Políticas y Asuntos Públicos de la Organización de Naciones Unidas para la Droga y el Crimen.
Un estudio del Programa de la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre la seguridad en Centroamérica estableció en 2010 que el robo de vehículos es una de las 23 modalidades del crimen organizado en el istmo y que su ámbito territorial es transnacional.
La determinó que el crimen es una actividad cuya complejidad, organización y gravedad son altas y que las autoridades no disponen de un registro actualizado para intercambiar información. Esta ausencia de comunicación es el indicio más evidente de que el fenómeno no se está concibiendo como un tema global, que afecta a todos.
En el frecuente robo de vehículos, las víctimas son interceptadas por sorpresa en las vías públicas y bajo amenaza las despojan de ellos. Entre los principales clientes compradores están redes de narcotraficantes, que pueden utilizarlos en sus operativos o los envían a otros países del istmo y aun a destinos transcontinentales para ser vendidos sin rastro.
Centroamérica está considerada una de las zonas más violentas del mundo, con promedios de homicidios superiores. En sus investigaciones sobre los problemas de inseguridad en la región, el PNUD ha identificado que en este tipo de hechos hay de manera creciente dos fenómenos sociales graves: los linchamientos y las operaciones de “limpieza social”.
Los linchamientos, según el PNUD, son realizados bajo el pretexto de una presunta “justicia popular” que es ejecutada por grupos o escuadrones de la muerte con el pretexto de liberar a una comunidad de focos indeseables. Esta carga delincuencial debe entenderse como una alerta de la descomposición social de la que provienen.
En el contexto de lo ya descrito, es relevante el caso del lavado de dinero que es una de la formas de criminalidades más sutiles y menos atendidas y que amenaza a la estabilidad de los sistemas financieros de la región.
Panamá es un foco de gran actividad en ese delito, le seguirían Guatemala y Costa Rica. La visión para su enfrentamiento es aun primordialmente como un delito que afecta a la salud financiera y no se ven aun los efectos sociales de él.
Además de las realidades del fenómeno criminal sobre la situación socio-económica de todos los países mencionados, para México está el reto de ejecutar una política exterior digna, de colaboración comprometida con países que aun sienten respeto por el nuestro y que por ello esperarían de él una postura gallarda.
Aquella gracejada de Vicente Fox del Plan Puebla-Panamá dejó amargas y vergonzosas secuelas del papel ridículo y lesivo que desempeñó México. No es posible seguir menospreciando realidades regionales que afectan a ambas políticas, exterior e interior de nuestro país.
El lamentable estado de la vigencia del crimen sobre la ley en una región a la que pertenecemos, debería alertarnos para muy solidariamente iniciar un programa muy serio de colaboración para aceptar la fuerza del gastado dicho de que el crimen no reconoce fronteras.
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…Suspensivos. ¿Por qué si los obispos cuestionan a Enrique Peña Nieto sobre las leyes secundarias, él no les cuestiona por qué canonizaron a un protector de pederastas?
hienca@prodigy.net.mx
