CIENCIA
Hace dos años lo advirtió la OMS
René Anaya
Hace dos años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó una advertencia sobre la posibilidad de que en poco tiempo podríamos entrar a la era de los postantibióticos, ya que había indicios de que algunas bacterias se habían vuelto resistentes a los antimicrobianos.
En ese tiempo, la OMS exhortó a instancias normativas y de planificación, a pacientes, personal sanitario, médicos, farmacéuticos, dispensadores de medicamentos e industria farmacéutica a pensar en luchar contra la resistencia a los antibióticos y a asumir su responsabilidad. Pero no se atendió su pedido y el futuro nos alcanzó.
La temida nueva era
Sin ánimos catastrofistas, con datos concretos y confiables, el 30 de abril se difundió el comunicado: El primer informe mundial de la OMS sobre la resistencia a los antibióticos pone de manifiesto una grave amenaza para la salud pública en todo el mundo, en el que se lee que “esta grave amenaza ha dejado ser una previsión para el futuro y es ya en todas las regiones del mundo una realidad que puede afectar a cualquier persona de cualquier edad en cualquier país”.
El doctor Keiji Fukuda, subdirector general de la OMS para Seguridad Sanitaria, planteó que “los antibióticos eficaces han sido uno de los pilares que nos han permitido vivir más tiempo con más salud y beneficiarnos de la medicina moderna. Si no tomamos medidas importantes para mejorar la prevención de las infecciones y no cambiamos nuestra forma de producir, prescribir y utilizar los antibióticos, el mundo sufrirá una pérdida progresiva de estos bienes de salud pública mundial cuyas repercusiones serán devastadoras”.
De hecho, ya se están notando esas repercusiones graves, pues en el informe Resistencia a los antimicrobianos: informe mundial sobre la vigilancia, la OMS da a conocer que siete bacterias causantes de infecciones comunes graves como la septicemia (infección generalizada del organismo), las causantes de diarrea, neumonía, gonorrea y de infecciones urinarias presentan resistencia a los antibióticos.
Esos datos se recogieron de 114 de los 194 países miembros de la OMS que respondieron a la solicitud de información sobre esas siete bacterias (Klebsiella pneumoniae, Escherichia coli, Neisseria gonorrhoeae, Staphylococcus aureus resistente a la meticilina, Streptococcus pneumoniae resistente a penicilina, Salmonella no tifoidea y Shigella), con lo que se corroboró que las advertencias de la OMS eran reales y que actualmente ya nos encontramos en un momento de transición, como lo ha hecho notar el doctor Fukuda, quien ha puesto el dedo en la llaga supurada: “El problema es mundial, lógicamente varía de región a región y según la enfermedad, y va a afectar más a los países en desarrollo o más pobres”.
Ni remedio ni trapito
En las seis regiones en que la OMS dividió el mundo (África, América, Mediterráneo Oriental, Europa, Asia Sudoriental y Pacífico Occidental) el problema es similar, aunque se acentúa en los países más pobres; así lo advierte también Jennifer Cohn, directora médica de la Campaña de Acceso a Medicamentos Esenciales de la organización Médicos sin Fronteras, quien ha referido: “Asistimos a tasas terribles de resistencia a los antibióticos dondequiera que miramos, desde los niños ingresados en nuestros centros nutricionales en Níger hasta los pacientes de nuestras unidades de cirugía y trauma en Jordania”.
La solución (el trapito) se encuentra en acciones coordinadas que deberían llevar a cabo diferentes sectores de la sociedad, según la OMS. Las personas pueden contribuir con un uso racional de los antibióticos prescritos por el médico, que incluye completar el esquema de tratamiento y no proporcionar antibióticos a otras personas. Los médicos, por su parte, deberán mejorar la prevención y el control de las infecciones, y prescribir antibióticos solo cuando sean verdaderamente necesarios.
En el ámbito gubernamental se deberá reforzar el seguimiento de la resistencia a los antibióticos; regular y fomentar el uso apropiado de los medicamentos; fomentar la innovación y la investigación y desarrollo de nuevos instrumentos; y promover la cooperación y el intercambio de información entre todas las partes interesadas (gobierno, centros públicos de investigación y empresas químico-farmacéuticas privadas).
Estas acciones se podría realizar si se creara un sistema integral de desarrollo social que abarcase tanto mejores servicios públicos de salud, como una adecuada infraestructura sanitaria (redes de agua potable y drenaje, entre otros), así como programas para fomentar una cultura médica entre la población; asimismo, se debería invertir más en investigación y desarrollo tecnológico. Es decir que se tendría que modificar el actual sistema político y económico que privilegia la concentración de riqueza y poder en unos cuantos, de esa manera se tendría el esperanzador trapito.
La realización conjunta y coordinada de estas acciones podría comenzar a disminuir la resistencia a antimicrobianos en nuestro país. El actual gobierno debería mostrar voluntad política y fuerza económica para hacerlo, pues se trata de un grave problema de salud pública.
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