Antes, nosotros le quitamos recursos

Marco Antonio Aguilar Cortés

Suele acontecer que los problemas más importantes son los de menor interés periodístico; en cambio, lo banal puede lograr ocho columnas, como el caso de los asuntos sentimentales del “nuevo amor del doctor Manuel Mireles, líder de autodefensa, con una jovencita de 18 años”.

Obvio que ese caso forma parte de su vida privada, y merece todo nuestro respeto; sin embargo, algunos medios masivos de comunicación lo han publicitado como noticia de especial importancia, olvidándose de los graves problemas que nos aquejan.

¿Qué está pasando con tantos temblores que sacuden el planeta Tierra por doquier?

Siempre ha habido sismos de muy diversas intensidades; empero, ahora, son más frecuentes y de drásticas sacudidas. Y es que a nombre del desarrollo, del avance científico y tecnológico, estamos dejando oquedades enormes en las entrañas del planeta.

De sus fondos le hemos venido extrayendo en asombrosas cantidades petróleo, gases, minerales, agua y materiales diversos. Y en su lugar ha quedado el vacío. Esto acelera los reacomodos de las placas tectónicas, con meneos cada día más violentos.

Esas convulsiones del interior de la Tierra vienen acompañadas de peligrosos tornados, huracanes, tsunamis, desgajamientos de montañas, granizos de tamaño descomunal, extremosos fríos y excesivos calores, lluvias desordenadas y torrenciales, entre otros desórdenes climáticos nunca antes padecidos, al menos por las generaciones que han dejado registros históricos.

Y todo lo anterior está también provocado por la mano poco inteligente del ser humano.

Son motivo de esos desastres la gran cantidad de fábricas productoras de gases y desechos, los millones de autos, camiones, trenes, aviones, barcos en que nos movemos a diversos lugares, y los que al final nos moverán a la catástrofe.

Pero el hombre como depredador eficaz está contribuyendo al calentamiento global, ocasionando menoscabo en los polos de la Tierra, con riesgo de hundir continentes e islas; y a través de sus actividades agrícolas, en forma espantosa, está destruyendo la vida, en lugar de alimentarla con inteligencia.

Las selvas y los bosques se ven devastados en porcentajes altísimos, ocupando esos sitios como tierras de cultivo; plantando aguacates, sembrando granos, o estableciendo simplemente desarrollos urbanos sin sentido humano, sino con el ánimo de amasar fortunas, comprando baratos los inmuebles para venderlos carísimos.

Las tierras ganaderas provocan metano en cantidades peligrosas. El óxido nitroso proviene de las tierras fertilizadas. El dióxido de carbono lo acarrea la silvicultura, la ganadería y las siembras.

La masividad humana con su industria, urbanismo y agricultura ha alterado la vida del ecosistema.

Reflexionemos el cómo rediseñar un mejor modelo de desarrollo. Se debe, ¡y se puede!, ya que la sobrevivencia de la especie humana está de por medio.