Hay mujeres cuya historia de vida es tan fascinante que pareciera salida de una novela. Tal es el caso de Jacqueline Lee Bouvier, nacida en 1929 en Southampton, Nueva York. De pequeña, le gustaba montar ponis, escribir poemas y leer libros.

A la edad de 11 ganó sus primeras competencias ecuestres. Más tarde, descubrió su pasión por la historia del arte. En 1948 conoció a John “Jack” Fitzgerald Kennedy en un tren que iba de Washington a Nueva York; ambos se reencontraron años después en una cena que ofreció un amigo en común.

En septiembre de 1953 contrajo nupcias con el entonces senador, luciendo un vestido de tafeta de seda color ivory, diseñado por Ann Lowe. El matrimonio pasó su luna de miel en Acapulco. Su primogénita, Arabella, desafortunadamente nació muerta.

John F. Kennedy asumió la presidencia de los Estados Unidos de América en enero de 1961. Durante la ceremonia lo acompañó su refinada esposa, quien eligió un abrigo línea “A” de Oleg Cassini -artífice del guardarropa que lució durante sus años en la Casa Blanca- y un sombrero de Halston.

Trajes sastre de falda, vestidos sin mangas de cintura ajustada y abrigos a la rodilla de corte recto definieron su código indumentario. La elegancia de sus atuendos se acentuaba con sombreros pillbox, gafas de sol oversize, collares de perlas, guantes blancos y su voluminosa melena.

Jacqueline sentía predilección por los sellos de moda europeos, como Dior, Chanel, Givenchy, Balenciaga e Yves Saint Laurent. Para no ser tachada de malinchista, mandaba a confeccionar sus trajes, con telas importadas, en un taller neoyorquino llamado Chez Ninon.

La tragedia tocó a la puerta de la familia Kennedy en noviembre de 1963. Durante un recorrido oficial en Dallas, John F. Kennedy fue asesinado de un disparo en presencia de su esposa. El mítico traje rosa que Jacqueline vestía -el cual diversos historiadores apuntan que había sido confeccionado con telas de la casa Chanel- quedó manchado de sangre. La consorte se rehúso a quitárselo, y apuntó: “Quiero que vean lo que le han hecho a John”.

Al mes siguiente de la muerte de Kennedy, Jacqueline abandonó la Casa Blanca y se mudó a Georgetown. En octubre de 1968, la neoyorquina contrajo nupcias con el magnate griego Aristóteles Socrates Onassis, portando un vestido de encaje y georgette de Valentino Garavani.

Marido nuevo, estilo renovado. Durante su matrimonio, Jackie O, sobrenombre con el que comenzó a identificársele, adquirió el estilo de vida de la jet-set. Playeras, pantalones blancos, sandalias de tiras y grandes gafas se convirtieron en su uniforme. Si bien relajó su manera de vestir, no sacrificó un grado de elegancia.

El 19 de mayo de 1994, la ex primera dama perdió la batalla contra el cáncer linfático que padecía. Siete años después, en el Costume Institute del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, se presentó Jacqueline Kennedy: The White House Years, una completa exposición que reunió más de 80 vestidos de su guardarropa.

Jacqueline Kennedy llevó estilo y juventud a la Casa Blanca; asimismo, estableció un referente de elegancia para las primeras damas no sólo de Estados Unidos sino del mundo entero. Su imagen continúa siendo fuente de inspiración para reconocidas firmas de moda, mientras que su nombre es sinónimo de un icono imperecedero.