Patricia Gutiérrez-Otero

A José María Arguedas.

El anuncio de la desaparición de la figura del “subcomandante Marcos” fue lo que marcó su regreso y su desaparición. Apareció para rendir homenaje a un compañero muerto en La Realidad durante un ataque, el compañero Galeano, y para anunciar que desaparecía el personaje del sup Marcos. Sin embargo, dio las razones de su aparición como personaje y de su desaparición como tal; aquí quiero resaltarlas, porque si es así, es una causa de gozo, y lo que parece un juego, cobra sentido, aunque como él dijo: “Sé que eso no cuadra con los esquemas cuadrados que en los distintos arriba hay, pero eso la verdad nos tiene sin cuidado”. ¿Por qué apareció esta botarga, llamada Subcomandante Marcos? Según la explicación de él mismo, los indígenas lo decidieron así para visibilizarse. Cito la carta de despedida: “En la madrugada del día primero del mes de enero del año 1994, un ejército de gigantes, es decir, de indígenas rebeldes (todas las cursivas de la carta son mías), bajó a las ciudades, para con su paso sacudir el mundo. Apenas unos días después con la sangre de nuestros caídos aún fresca en las calles nos dimos cuenta que los de afuera no nos veían (…). Su mirada se había detenido en el único mestizo que vieron con pasamontañas, es decir, que no miraron (sic). Nuestros jefes y jefas dijeron entonces: ‘sólo ven lo pequeño que son, hagamos a alguien tan pequeño como ellos, que a él lo vean y que por él nos vean’”. Haya sido con tanta autoconciencia o no, lo cierto es que un mestizo, con ideología revolucionaria en un proceso de transculturación, se prestó para crear un personaje que supo jugar con los medios occidentales, hablar su lenguaje, e introducir a la lengua y cosmovisión de los indígenas: “Empezó así una compleja maniobra de distracción (…) una maliciosa jugada del corazón indígena que somos; la sabiduría indígena desafiaba a la modernidad en uno de sus bastiones: los medios de comunicación. Empezó entonces la construcción del personaje llamado Marcos”. Esta construcción prosiguió hasta el momento en que otra generación ya podía mirar a los indígenas, transculturación que también tuvo lugar al interior de los zapatistas. Cito dos textos reveladores, en los que Marcos ya no habla como Marcos, el mestizo, sino como uno más de los zapatistas que antes no eran vistos: “En estos veinte años ha habido un relevo múltiple y complejo en el EZLN. Algunos han advertido sólo el evidente: el generacional. (…) pero algunos estudiosos no se han percatado de otros relevos: de clase, el de clase mediero ilustrado al indígena campesino. El de raza de la dirección mestiza a la dirección netamente indígena y el más importante: el relevo de pensamiento. Del vanguardismo revolucionario al mandar obedeciendo”. Y el otro texto, central para entender el proceso: “ya había una generación que podía escucharnos y hablarnos sin esperar guía o liderazgo, ni pretender sumisión o seguimiento. Marcos el personaje ya no era necesario. La nueva etapa en la lucha zapatista estaba lista. Es nuestra convicción y nuestra práctica que para revelarse y luchar no son necesarios ni líderes ni caudillos, ni mesías ni salvadores; para luchar sólo se necesita un poco de vergüenza, un tanto de dignidad y mucha organización, lo demás o sirve al colectivo o no sirve”. Por eso, felicito a los compañeros zapatistas: su triunfo como comunidad ha permitido que el personaje de Marcos se desvanezca. Bienvenido al compañero Galeano que se reintegra a la colectividad. Otras lecturas críticas pueden darse, ésta, con un voto de confianza, es la que hago en este momento.

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