Delia Pérez
El libro Constelaciones de la mirada (Universidad Autónoma Metropolitana, México, 2014), reúne ensayos críticos sobre arte contemporáneo y los problemas estéticos que plantea la percepción de la obra de arte. En él se presentan críticas expositivas y perfiles narrativos e históricos de artistas clave de las últimas cinco décadas, así como revisiones historiográficas de algunos de los movimientos artísticos del siglo XX (informalismo, expresionismo abstracto y arte conceptual). Miguel Ángel Muñoz (Cuernavaca, Morelos, 1972) estudió historia en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, y realizó la maestría y doctorado en Historia del Arte en la UNAM. Desde hace un par años forma parte del Seminario de Cultura Mexicana. Es autor de importantes compilaciones de textos históricos de Gutierre Tibón, José Hierro, Rubén Bonifaz Nuño y Rafael Canogar, estos tres últimos sobre historia de las formas estéticas, entre otros libros. Las constelaciones de la mirada —nos comenta Muñoz— “fue idea fue de Bernardo Ruiz, director de publicaciones de la UAM: reunir parte de mis ensayos dispersos”. Y aprovecho para preguntarle a Muñoz cómo se fue armando este volumen. Responde: “La mirada del artista es siempre transgresora e incluso subversiva desde el punto de vista del tiempo. Las entrevistas las hice en diversos momentos y recogen un panorama múltiple de arte contemporáneo. Tarea nada fácil. Además, el artista se aventura a diseccionar capa a capa las convenciones que controlan o determinan la presencia sensible del objeto más trivial. En el caso de ensayos o entrevistas sobre artistas como Richard Serra, Eduardo Chillida, Antoni Tàpies, Joan Hernández Pijuan, Josep Guinovart, Juan Genovés, Roger von Gunten, José Luis Cuevas, Ricardo Martínez, Roberto Matta, Ignacio Iturria, Rafael Moneo, John Berger, Rubén Leyva, Rafael Canogar, Albert Râfols-Casamada o Luis Feito, fueron creciendo con el tiempo, pues tuvimos múltiples intercambios de ideas, correspondencia y sugerencias, que llenaron páginas y páginas interminables”. El debate entre lo moderno y lo contemporáneo está abierto, y Miguel Ángel es un poeta apasionado del arte moderno (Picasso, Tàpies, Klee…), tema que le hace opinar: “Al margen del debate de la modernidad o de la posmodernidad, que parece protagonizar la escena artística contemporánea, coexisten hoy diversos acercamientos a la obra de arte todavía vigentes y activos, que nos sitúan a una distancia apropiada para entender las calidades estéticas que la singularizan. Figurativo o abstracto, instalación o fotografía, de contenidos narrativos o gestuales; lo cierto es que, entre nosotros, el arte prosigue su camino incierto con la condición de siempre. Para el artista, el laberinto planteado en cada nueva obra poco tiene que ver con los debates del gusto contemporáneo. Esta visión demuestra que el arte que se produce en las últimas cinco décadas del siglo XX ha minado cualquier noción de arte puramente visual. Las instalaciones, los performances y los trabajos en video, pintura, fotografía y escultura muestran su carácter híbrido”. Constelaciones de la mirada es un libro cercano para cualquier lector, pues éste “se siente invitado a responder también con modos de mirar plurales; a pasear, sentir la experiencia de una obra en la que los sentidos están implicados; a leer y mirar, a entender y describir una teoría que se cobija bajo una instalación o una fotografía, o a sentir una mirada poética en la que sobrevuelan los significados. Por ello, hemos convocado a estos creadores que reducen la belleza al placer de ver, oír y tocar. Cada uno posee un lenguaje plástico sorpresivo por su refinamiento e incisiva formalidad. Poussin, el pintor filósofo, llamaba delectación al objetivo que persigue la contemplación de toda obra de arte. Algo de lo que esta afirmación inquietante puede significar es uno de los numerosos interrogantes que el lector y espectador curioso debe plantearse frente a las voces de los creadores que he seleccionado. Con ello demuestran que, a pesar de un mercado que impone la dinámica de marcas y signos múltiples como calificativo último de originalidad, el artista se define todavía por la curiosidad versátil que permite renovadas sorpresas y propicia inesperados descubrimientos”.
