David Alejandro Boyás Gómez

 Para celebrar el centésimo aniversario del natalicio del gran poeta mexicano Efraín Huerta (1914-1982) la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México organizó un ciclo de conferencias y charlas con reconocidos escritores y especialistas, que compartieron con los estudiantes y el público en general sus opiniones sobre la vida y la obra del gran Cocodrilo.

Vicente Quirarte dictó una conferencia el 21 de mayo, donde propuso cambiar el nombre del Circuito Interior (título de uno de sus poemarios) por el de Circuito Efraín Huerta, en honor al autor de Los hombres del alba (1944), quien con sus versos recorrió los mundos de la calle y la poesía.

El escritor David Huerta, quien no sólo es hijo de sangre del guanajuatense, sino hijo poético también, por cuanto le corresponde ser de la generación poética siguiente a la revolución estilística que significaron los Poemínimos y otras creaciones, habló de la propuesta de su padre en términos de creación y lenguaje. En conferencia magistral el día 22 de mayo aseguró que Los hombres del alba (1944) se enfrenta sin decirlo a la estética del realismo socialista, ideología política en la que él militaba.

Ese mismo día se presentó una de las mesas llamada Testimonial, pues los miembros que la integraban conversaron sobre sus encuentros particulares con el autor de La muchacha ebria.

Joaquín Diez-Canedo Flores, director de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos dijo no haber conocido personalmente al autor, pero sí a través de sus obras, así que resaltó elementos de la poesía de Huerta como la accesibilidad del lenguaje, un sello muy particular del poeta, pues fue de los mejores en México en escribir con ese estilo. Mencionó también que en la difusión del sentimiento su poesía fue “sobria” y subrayó la identificación social de sus versos.

La profesora Carmen Galindo indicó haber conocido a Huerta pero que nunca lo trató con demasiada intimidad, a pesar de que trabajaban en el diario El Día. Afirmó también que Carlos Monsiváis, gran lector de poesía, reconoció lo magno de la obra poética de Efraín, en especial recordó su entusiasmo por El Tajín”, que apareció en una plaquette.

Galindo relató el momento en que los presentaron: “Lo conocí en un coctel de la Alianza Francesa. A mi hermana y a mí nos trató mal, seguramente por ser hijas de un productor de cine que Huerta denostaba como critico cinematográfico”. La profesora coincidió en destacar su talante erótico, pero sobre el contenido socialista de la obra huertiana. Aspecto fundamental en Huerta y en José Revueltas que ha sido opacado por los tiempos que corren.

Para la maestra Margarita Peña, Efraín Huerta fue, además un ayudante voluntario en la revista Rehilete, y siempreun buen amigo. Reconoció el sarcasmo en su poesía, la desesperación ante la muerte presente en sus versos a través de un tono expresionista y lo irónico de sus odas.

Finalmente, contó que el poema Agua del Dios se lo dedicó a ella Huerta en recuerdo de un momento lúdico en que un grupo de amigos bailaron ante el Dios Tláloc recién traído entonces a la ciudad de México.

Los tres coincidieron en lo fundamental: Efraín Huerta es un poeta que abarca el espectro social que se vivía en el México del siglo XX, sus obras llevan el contenido de compromiso político que exigía una sociedad cambiante y lo manifiesta también a través de poesías de contenido sexual.

Este homenaje del Colegio de Letras Hispánicas se suma a los muchos que se han organizado e invita a releer y recordar a uno de los más altos poetas en lengua española de la literatura contemporánea, para volvernos a acercar al poeta que Siempre amó con la furia silenciosa de un cocodrilo aletargado.