Sólo piensa en ser presidente
Jorge Carrillo Olea
Algunas ciudades en varios países han creado desde hace más de cien años la figura de gerente. Es una realidad en Estados Unidos o Europa y en diversas ciudades de Latinoamérica. Su función, es importante subrayarlo, es exclusivamente administrativa.
Se le contrata para que gestione profesionalmente la ciudad, sin inspiración política, partidista, sectaria o de interés personal. En esencia, es un administrador de la ciudad que la dirige como si se tratara de una empresa, mediante la preparación de planes anuales, su ejecución y evaluación de resultados contra presupuestos financieros; la supervisión de los contratistas, buscando el buen funcionamiento y el buen ver de la urbe.
Alguien le sopló mal a Miguel Ángel Mancera y le hizo pensar que sus funciones eran ésas y no profundizar y actuar a favor de la ciudad de México del año 2050. De ahí su preocupación, por ejemplo, sobre las bicicletas.
Habiendo hoy imponentes problemas en la ciudad y amenazadores conflictos previsibles, el jefe de Gobierno pasó el 3 de mayo taqueando con albañiles; dictando ley seca en Viernes Santo y echándose para atrás; planteando el discutir nuevos salarios mínimos nacionales o compitiendo personalmente en carreras deportivas.
Seguramente esa conducta fue de su propia definición para alcanzar el perfil deseado de alto funcionario mediante su actuación individual y la de su gobierno. La concibió populista, cotidiana, intrascendente y aburrida. Seguramente fue diseñada con esos criterios políticos y mediáticos. Se equivocó.
A la vuelta de año y medio ha perdido la mitad del capital popular que lo eligió. Prefirió los actos pequeños e irrelevantes, los menos propios de un gobierno sereno, visionario y trascendente. Otra vez se evidencia la causa/efecto: el señor lo que quiere es ser presidente de México.
Ernesto P. Uruchurtu fue regente de la ciudad de México. Durante su administración se realizó la planeación y ejecución de la obra urbanística más importante que se recuerde. Entre sus frutos más importantes destacan el entubamiento del Río de la Piedad, hoy avenida Cuauhtémoc, la construcción del Viaducto Miguel Alemán, el entubamiento del Río Churubusco y la construcción de la avenida del mismo nombre.
Construyó el Periférico desde el Toreo de Cuatro Caminos hasta Cuemanco. Se llevó a cabo la ampliación del Paseo de la Reforma desde la Lotería Nacional hasta la Calzada de Guadalupe y la ampliación de la avenida Insurgentes Norte desde el Monumento a la Madre hasta Indios Verdes.
Se construyó el colector central, paso previo al drenaje profundo, y se cambió cerca del 80% de los drenajes pluviales del Centro de la ciudad con lo que se terminaron las venecianas inundaciones que venía sufriendo por décadas.
Se construyeron más de 180 mercados públicos destacando, entre otros, los de la Merced, San Juan, Sonora y los de la Lagunilla y Peralvillo.
Se creó la tercera sección del Bosque de Chapultepec, con lagos y montaña rusa y el Bosque de Aragón, la Ciudad Deportiva de la Magdalena Mixhuca, el autódromo Hermanos Rodríguez, el Museo de la Ciudad de México y mil cosas más. La ciudad se proyectó para décadas.
El gobierno de Mancera ha resultado simplemente decepcionante. No hay en él una visión de gran futuro y sí una inundación de menudencias verdaderamente preocupantes por su nimiedad, como su anunciado proyecto de enseñar a leer a albañiles en las obras en que estén empleados.
La ciudad está en graves complicaciones sobre todo en materia de empleo y de servicios básicos: ambulantaje, seguridad, transporte y tránsito son su coco. Sin embargo, el señor Mancera simula no advertir que el gran paraguas que abonaría a su favor, que haría su gobierno histórico, es la reforma política que ha sido el espejismo de los jefes de Gobierno. Por todos justamente anhelada, por ninguno encarada con efectividad.
En agosto de 2013 se entregó una propuesta de reforma al Consejo Rector del Pacto por México. Éste cumplió los fines para los que fue diseñado por los talentos de Enrique Peña, pero en cuanto a la reforma del DF, su eficacia se estancó en el Senado de la República, dejándolo para otro día. La fracción del PRD ha alentado la moción, Mancera ha callado incomprensiblemente.
Ante un simple observador de los hechos, la realidad es que no ha pasado nada más allá de los lucidores discursos de siempre y observar que la congeladora del Congreso puede ser la tumba de ese anhelo.
Los tiempos vuelan y a decir de un cómodo observador que advirtió “no es el mejor momento” se empieza a adivinar lo que pasará. Nada. Si Lázaro Cárdenas hubiera pensado así, todavía estaríamos esperando la expropiación de 1938.
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