Ultrajante paranoia temática

Marco Antonio Aguilar Cortés

Tenemos problemas de violencia, nadie lo puede negar; también es cierto que ha venido descendiendo el índice de esta furiosa rabia que excita la presencia de la fuerza delincuencial.

Subsisten, eso sí, los grupos del narcotráfico, las organizaciones criminales, y quienes siendo funcionarios de alto nivel están coludidos con estos delincuentes.

Empero, a esos graves males no debemos darles —ni el individuo inteligente ni la honrada sociedad— las dimensiones que no les corresponden.

Esas lamentables desgracias se maximizan, y no para bien, sino para mal, conduciéndonos a considerar cierta la presunción de que detrás de todo ello existen intereses comunes entre esa delincuencia y la publicidad sobre excesiva y deformadora.

Tuve una conversación grata con Eduard Rubenovich Malayan, embajador de Rusia en México, quien visitó Michoacán en días recientes, esparciendo sus conceptos con buen español y excelente lógica.

Primero me pidió que le explicara la forma de gobierno y Estado que tiene nuestro país y nuestra entidad federativa, para después externarme su idea sobre Michoacán y Rusia, “emparentadas por cultura e historia”, y a las que los medios masivos del mundo occidental “con frecuencia unen con información y fotografías violentas”.

Imágenes avecindadas de Michoacán y Rusia exhibiendo autos incendiados, y fuerzas armadas en confronta bélica con la delincuencia guarnecida y violenta.

Agregando el embajador que tales notas “exageran a la realidad”, cuando “la inseguridad prevalece en todos los países del mundo”; y por lo que él nota que “el tema de la violencia y la inseguridad se ha convertido en una obsesión, por lo que recomiendo desobsesionarse”.

Es justa la preocupación del diplomático, pues tomar el narcotráfico, el crimen organizado, la violencia y la inseguridad como el gran tema de nuestro tiempo, y tenerlo a todas las horas del día de todo el año en revistas, periódicos, radio, cine, televisión, internet, en las redes y demás medios masivos de comunicación, es hacerle el caldo gordo a los vividores de esos males, quienes forman parte de un abanico amplio y peligroso.

Si seguimos así, trayendo a colación para todo la violencia, sin ton ni son, nos empantanaremos en una ultrajante paranoia.

A quienes competa luchar en contra de esa peligrosa delincuencia deben hacerlo con honradez, eficacia, rapidez y calladitos; en cambio, al resto de los mexicanos nos corresponde trabajar en nuestras diferentes áreas de manera productiva, y buscando reducir la enorme distancia entre el salario del trabajador y la ganancia del capital.

Ese trabajo productivo con buen sueldo, y esa ganancia del capital no superior a 25 veces el salario remunerador, es lo que debemos publicitar con estimulantes notas informativas en los mejores espacios de nuestros medios masivos de comunicación.

¡No a la violencia!, ni como información.