El 26 de junio de 1955, un grupo de pensadores progresistas sudafricanos se reunieron en Kliptown, en lo que llegó a conocerse como el Congreso del Pueblo. Inspirados por los principios universales de la democracia, la libertad y la igualdad, ellos definieron un futuro común para Sudáfrica, caracterizado por la inclusión y el respeto a los derechos humanos en ese documento perene, la Carta de la Libertad. Los sustentos conceptuales de este futuro común fueron la comprensión y la aceptación de la realidad de que todos los sudafricanos comparten un destino común. Tal fue la comprensión que influenció el párrafo inicial de la Carta de la Libertad, que dice: “Sudáfrica le pertenece a todos los que en ella habitan, sean negros o blancos, y ningún gobierno puede con justicia reclamar autoridad a menos que esté basado en la voluntad de la gente”. Tal es el espíritu que inspiró las negociaciones políticas pacíficas en Sudáfrica, a las cuales el mundo entero alabó como un “milagro”.

La nueva Sudáfrica

La nueva nación sudafricana, nacida de las luchas comunes y los sacrificios de su gente, celebra 20 años de su existencia. Celebramos y honramos los esfuerzos de aquellos que se negaron con tesón a permitir que el temer a la muerte, la tortura, el encarcelamiento, el exilio o la persecución se interpusieran en el camino de la libertad y la justicia para todos; celebramos la traducción a la realidad y la actualización de la tesis de que ciertamente Sudáfrica le pertenece a todos los que en ella habitan, negros y blancos. Por mucho que la libertad sea una condición esencial de la existencia humana, carecíamos de libertad, pero su precio estuvo marcado por los sacrificios que hicieron muchos de aquellos a quienes hoy agradecemos y rendimos tributo. La nuestra creó una situación política en la que todos los sudafricanos quedamos libres de temor, incluyendo la libertad del temor de la opresión de un grupo sobre otro; del temor al desempoderamiento de un estrato a otro; del temor al uso del poder del Estado para privar a cualquiera de sus derechos fundamentales; y del temor a la tiranía. La sabiduría, los sacrificios y las acciones, al igual que las palabras de los hombres y mujeres que nos dieron el don de la libertad permanecen entretejidos en un lienzo histórico para instruir a las generaciones que aún no han nacido.

Compromiso democrático

Este día marca un punto de inflexión en la historia de nuestro país y representa un desprendimiento decisivo y un rechazo absoluto a esa parte de nuestro pasado que es vergonzosamente racista, autoritario, cerrado, insular y represivo. Es una identificación vigorosa de nuestros valores y actitudes y un compromiso con los valores democráticos, universalistas, humanitarios y con aspiraciones hacia la igualdad que hoy se encuentra articulada en nuestra Constitución. En su irreprimible marcha a la eternidad, el tiempo nos remonta inevitablemente a este día de nuestro calendario nacional, dirigiendo nuestra memoria colectiva a este evento nacional histórico. Al continuar su curso la marcha del tiempo, creando así una distancia de 20 años entre hoy y el 27 de abril de 1994, la libertad que los sudafricanos gozamos se madura, arraigando firmemente a la democracia y los derechos humanos en nuestra tierra.

A fin de depositar permanentemente el significado del momento en nuestra conciencia nacional para que pueda ser la estrella del norte que guie a las futuras generaciones, celebramos ese día. Al hacerlo, hacemos un pacto solemne de que nunca jamás el estatus legal de nuestra gente, y los derechos que de ahí emanan, y por ende, el estatus de nuestros connacionales, volverán a quedar definidos en términos de raza, color género u orígenes histéricos: nos gozamos en la diversidad de nuestro pueblo y creamos un espacio para que todos juntos nos definamos como un pueblo unido en su diversidad.

La presencia en México

México abrió sus cálidos brazos diplomáticos para abrazar a Sudáfrica mediante el establecimiento de relaciones diplomáticas hace 21 años y, desde entonces, estas relaciones han crecido a pasos agigantados. Cabe señalar, sin embargo, que los registros históricos revelan que a finales del siglo pasado, el contacto entre nuestros países ya existía en la persona del General Ben Viljoen, quien saliera de Sudáfrica tras la Guerra Anglo-Boer para establecerse en Chihuahua en 1905. Posteriormente, él se mudó a Texas, donde se hizo amigo de Francisco I. Madero como resultado de lo cual, éste lo nombró Comisionado de los Indios Yaqui tras haber resuelto exitosamente una disputa con ellos a petición de Madero.

Más interesante aún es el hecho de que el Presidente Madero nombraría a Viljoen Cónsul de México en Breslau, Alemania, en 1912. Más tarde, Viljoen moriría en Nuevo México en 1917. Ciertamente, éste fue un pionero de nuestras relaciones diplomáticas.

En cuanto al comercio, se ha registrado un marcado aumento en las actividades comerciales bilaterales. Por ejemplo, existe una gran visibilidad y participación en el mercado de empresas sudafricanas en México tales como Old Mutual, Dimension Data y ASPEN, la mayor empresa sudafricana fabricante de farmacéuticos que está establecida en Toluca, la cual recientemente adquirió la división para fórmulas de infantes de NESTLÉ en México al igual que licencias para algunas de sus marcas en América Latina. Con esta adquisición, ASPEN pasa a formar parte del grupo de las 20 compañías más grandes en México.

La diáspora africana 

Nuestras relaciones de persona a persona han permitido que restablezcamos la conexión con nuestros hermanos y hermanas de la Diáspora africana en México, especialmente con aquellos de la región de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca, y con otros tantos en Veracruz, San Luis Potosí y otras regiones de México.  Hoy podemos decir con todo orgullo que la distancia entre África y estas regiones de México ya no es relevante, pues nuestra relación con ellos ha acortado la distancia geográfica entre ellos y su continente.

Los fundadores de nuestra nación nos han legado una noble herencia de no racismo, no sexismo y de valores democráticos. Estos constituyen los bloques constructores que necesitamos para seguir dándole forma a la Sudáfrica que vislumbraron las madres y los padres fundadores de nuestra nación, articulados por Nelson Mandela en los siguientes términos: “una sociedad en la que todos los sudafricanos, negros y blancos, puedan caminar con la cabeza en alto, sin ningún temor en sus corazones, seguros de su derecho inalienable a la dignidad humana, una nación arcoíris en paz consigo misma y con el mundo”.

*El autor es embajador de Sudáfrica en México.