¿Quién inventó el bullying?

René Avilés Fabila

 No es necesario descubrir quiénes inventaron el maltrato a los niños en las escuelas, hay que pensar en lo fácil que hoy resulta tomar una palabra anglosajona y ponerla de moda. El maltrato a alumnos pequeños de parte de autoridades y compañeros es una práctica antigua y universal. Todos, con mínimas excepciones, lo hemos padecido.

En mi caso, en el cuarto año de primaria, no se llamaba bullying, su nombre era Guillermo Moreno Aguilar, quien me pegaba y me quitaba el dinero que me daba mi madre para comprar alguna golosina en la cooperativa escolar. Se lo dije a mi maestra y ella lo minimizó. En casa tampoco encontré mayor apoyo. Aprende a defenderte, me dijeron. Ese tipo de situaciones las vi a lo largo de mis estudios, incluidos los universitarios. Más de un profesor de mal carácter nos aterrorizaba gritando y amenazando con bajarnos la calificación si no estábamos de acuerdo con sus posiciones educativas.

Ahora, con medios que no encuentran una correcta manera de contribuir a educar, de darle a la sociedad armas como la ética y el civismo, con autoridades de escasas competencia y un magisterio lleno de vicios y defectos, mal pagado para colmo, con sindicatos lamentables, no parece haber más solución que poner en movimiento (inútil) todo el sistema político. Y mientras que los maestros se roban los exámenes que deben aprobar y siguen cobrando su escaso salario sin buscar la superación, el gobierno desata “un combate frontal y definitivo” al bullying. El problema es que no hay datos confiables, no sabemos cómo enfrentarlo, no hay forma de arrancarlo de raíz. Todo se limita a perseguir a un director de escuela primaria o a tres maestros de secundaria que jalonearon a un par de niños y alguien los vio o, más moderno, tomó la foto.

El responsable no es el actual secretario de Educación Pública, él es el heredero de una larga tradición de corrupción y ausencia de valores educativos. El asunto comienza con la familia y escala todos los niveles de la educación. Cuando inicié mi vida como maestro de secundaria, siendo realmente joven, recuerdo a una directora de secundaria en Milpa Alta que trataba a los alumnos con una larga vara como si fueran ganado. Nadie la enfrentaba. Parecía viva la frase de “la letra con sangre entra”. Es un problema nacional, no son casos aislados. Los habitantes originarios de México aprendieron el castellano y el cristianismo a base de golpes y castigos. Vaya historia la nuestra. Los jóvenes que osaron exigirle mejor trato educativo, cultural y social al Estado en 1968 fueron golpeados, encarcelados y asesinados. Eso podría ser el famoso bullying a gran escala, en el nivel que se llama represión draconiana.

Ya todos los partidos decidieron que como no se ponen de acuerdo en las grandes reformas políticas y económicas, les es sencillo fraternalmente declararle la guerra al bullying.

Pero hemos avanzado, ya sabemos cómo calificar el maltrato a los niños. El inglés es salvador. Las modas son idiotas.

 

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