CIENCIA
Revelan recientes investigaciones en Alemania
René Anaya
Para nosotros siempre ha estado ahí en el cielo nocturno, ha sido nuestra compañera desde los tiempos nómadas hasta la actualidad, pero hasta ahora no sabemos a ciencia cierta cómo se originó la Luna, el único cuerpo espacial al que ha llegado el ser humano.
La mayoría de los astrónomos coinciden en afirmar que la Luna prácticamente surgió casi al mismo tiempo que la Tierra, pero difieren en señalar las hipótesis sobre la manera en que entró en órbita alrededor de nuestro planeta. Sin embargo, un grupo de investigadores alemanes acaba de aportar pruebas que al parecer confirman que fue producto de una colisión con un enorme planeta.
En el principio fue la Tierra
Las cinco hipótesis más aceptadas del origen de nuestro satélite señalan que todo comenzó con la Tierra.
La hipótesis de fisión plantea que la Tierra y la Luna eran un solo cuerpo, la fuerte aceleración rotatoria del planeta causó que se desprendiera una gran masa que dio origen a la Luna. En contra de esta hipótesis, se considera que la Tierra debería haber tenido un movimiento de rotación de tres horas, en lugar de 24.
En la hipótesis de captura se refiere que al igual que los satélites de Marte, la Luna era un cuerpo planitesimal(objeto sólido muy pequeño) que fue capturado por la fuerza de gravedad de la Tierra y quedó girando alrededor de ella. Su composición química debería ser muy diferente a la del planeta y no es así.
La hipótesis de acreción binaria sostiene que tanto nuestro planeta como su satélite se formaron al mismo tiempo con el mismo material y en la misma zona del Sistema Solar (por la unión de materia sólida), pues la edad geológica de ambos cuerpos es semejante. Su composición química y densidad deberían ser idéntica, pero no es así.
La hipótesis de precipitación, recientemente postulada, refiere que la energía que se liberó durante la formación de la Tierra calentó una parte del material que dio origen a una atmósfera caliente y densa de metal y óxidos, que al enfriarse precipitó granos de polvo que formaron la Luna. En esta hipótesis intervienen muchos factores que difícilmente pudieron haberse conjugado.
La hipótesis de impacto, la más aceptada, plantea que hace 4 mil 500 millones de años la Tierra chocó con un planeta del tamaño de Marte, que causó que grandes bloques de materia se desprendieran durante el impacto y, en un proceso de acreción (agregación de materia a un cuerpo), se formó la Luna.
Theia, la madre de la Luna
Aunque la mayoría de los astrónomos defiende esta hipótesis de impacto, no se habían encontrado pruebas de esa colisión, pues cálculos hechos con computadoras señalaban que la composición de la Luna debería ser de entre 70 y 90 por ciento del planeta que chocó y de entre 30 y 10 por ciento de la Tierra, pero en las muestras de piedras lunares traídas por meteoritos no se había encontrado esa relación en isótopos (átomos de elementos que tienen una cantidad diferente de neutrones) de oxígeno, titanio, silicio y otros elementos.
Ante esa situación, los científicos alemanes Andreas Pack, Bjarne Friedrichs y Add Bischoff, dirigidos por Daniel Herwartz, de las universidades de Gotinga, Colonia y Münster, pensaron que los resultados contradictorios se debían a que las rocas lunares de meteoritos se alteraban con el agua, por lo que solicitaron a la NASA muestras traídas a la Tierra por el Programa Apolo.
Con rocas lunares procedentes de las misiones Apolo 11, 12 y 16 que se llevaron a cabo entre 1969 y 1972, los científicos procedieron a realizar análisis químicos. Herwartz y colaboradores encontraron una proporción específica de isótopos de oxígeno más elevada que en las muestras terrestres, lo que “sustenta la hipótesis de la formación de la Luna como consecuencia del gigantesco impacto”, han escrito en el artículo “Identification of de giant impactor Theia in lunarrocks”, publicado el 6 de junio en la revista Science.
De esta manera, la hipótesis de que un planeta llamado Theia (diosa que según la mitología griega es la madre de Selene, la diosa de la Luna) se impactó con la Tierra y formó nuestro satélite parece confirmarse. “Estábamos llegando al punto de que algunos sugerían que la colisión no había ocurrido, pero ahora hemos descubierto pequeñas diferencias entre la Tierra y la Luna, lo que confirma la hipótesis de un impacto gigante”, ha afirmado Herwartz.
Sin embargo, Mahesh Anand, de la Universidad Abierta del Reino Unido, ha advertido: “Debemos ser cautelosos acerca de cuánto representan a toda la Luna esas piedras, por lo que un mayor análisis de una variedad de rocas lunares es necesario para cualquier confirmación”.
No obstante, las investigaciones de los científicos alemanes han empezado a probar que Theia, la madre de la Luna, existió y dejó una huella profunda en nuestro satélite.
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