Tayde Acosta Gamas
Segunda de tres partes

 Entre 1943 y 1946, Jaime Torres Bodet realiza una labor extraordinaria, impulsa la Campaña Nacional contra el Analfabetismo, así como el Programa Federal de Construcción de Escuelas. Instaura una Comisión Revisora y Coordinadora de Planes Educativos, Programas de Estudio y Textos Escolares. Inaugura el Museo de Historia en el Castillo de Chapultepec. Crea la Biblioteca Enciclopédica Popular y la Cartilla Nacional de Lectura. Funda la Escuela Nacional de Bibliotecarios y Archiveros y el Instituto Anglo Mexicano de Cultura. Forma el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio y la Escuela Nacional para Maestros de Enseñanza Primaria. Consigue el aumento del presupuesto de la SEP y el aumento de los salarios de los profesores. Inaugura la Escuela Normal Superior. Organiza los volúmenes de México en la Cultura. Funda la Escuela de Arte Teatral del INBA. Instituye el Premio Nacional de Artes y Ciencias. Promueve la Ley Orgánica de la UNAM. Consigue los terrenos para la creación de la Ciudad Universitaria. Construye Aulas para la Formación de Técnicos. Tiene la iniciativa para trasladar los restos de Antonio Caso y José Juan Tablada a la Rotonda de los Hombres Ilustres. Realiza la Exposición Nacional de Artes Plásticas. Impulsa la creación de Estaciones de Radio con fines educativos. Inaugura la Ciudadela y la Biblioteca de México. Funda el Museo de Antropología. Unifica a los Maestros. Lleva al cabo la Reforma del Artículo Tercero.

El Secretario de Educación invita a algunos de sus amigos para que participen con él en esta tarea: Bernardo Ortiz de Montellano, Xavier Villaurrutia, Celestino Gorostiza, Salvador Novo, Samuel Ramos, Rafael F. Muñoz… Pero su mejor colaborador es José Gorostiza, con él asiste a la Conferencia sobre Educación y Cultura convocada en la ciudad de Londres en 1945, que da como resultado la creación de la UNESCO. Con el auxilio de José Gorostiza, Jaime Torres Bodet dicta su conferencia y redacta buena parte del texto constitutivo del Organismo recién creado.

El 11 de abril de 1945, ingresa en la Academia Mexicana de la Lengua en sustitución del novelista Teodoro Torres. El acto que se lleva al cabo en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes es presidido por el Lic. Manuel Ávila Camacho, su discurso de ingreso recibe la respuesta de Alfonso Reyes.

En diciembre de 1946, Jaime Torres Bodet es designado como Secretario de Relaciones Exteriores del gobierno de Miguel Alemán Valdés. De nueva cuenta su trabajo es muy destacado. Asiste a una serie de acontecimietos que definen el momento caótico de la Posguerra y de la Guerra Fría. Desde su cargo, Torres Bodet busca que tanto México como las naciones latinoamericanas sean respaldadas por las grandes potencias; que sean cumplidos los convenios anteriores a la Guerra Mundial; que se vele por la seguridad de los países americanos y que se les apoye en su desarrollo.

Entre sus responsabilidades más importantes destaca la organización de la visita del presidente Harry S. Truman a México, de singular relevancia por tratarse de este personaje pero también por ser la primera ocasión en que un mandatario de los Estados Unidos visita México. Asimismo, colabora con el viaje del presidente Miguel Alemán a la Unión Americana. Pero sin duda, lo más trascendente es su participación en la Conferencia de Quitandinha en Río de Janeiro, para suscribir el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, que estructura jurídicamente la seguridad y la paz en América después de la contienda mundial. Del mismo modo, su presencia en la Novena Conferencia Internacional Americana realizada en Bogotá, y que se distingue por ser uno de los actos más atropellados de la época, pues ya reunidos en Colombia y a punto de comenzar los actos de la Conferencia, es asesinado el político y candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán, lo que conduce al levantamiento denominado como el “Bogotazo”, en el cual, Jaime Torres Bodet se ve orillado a la misma situación que vivió al salir de Bruselas en 1940, responsabilizarse y resguardar la integridad de los diplomáticos mexicanos, incluso de políticos de otras regiones, para finalmente, convertirse en una de las figuras más importantes durante la crisis y redefinir el rumbo de la Conferencia.

Igualmente es significativa su participación en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, reunión que se produce para suscribir “una paz real”. Más adelante prepara la Organización de la Segunda Conferencia General de la Unesco que se efectúa en México. Y también, como parte de sus compromisos, debe afrontar la posición de México de cara a los Tratados de paz con Alemania; los Convenios de Comercio con los Estados Unidos; la Partición de Palestina; el Plan Marshall; el asesinato de Jan Masaryk; la Carta de la Organización de Estados Americanos (OEA); la división de Alemania…

 

Un hombre muere en mí, siempre que un hombre muere en cualquier lugar, asesinado por el miedo y la prisa de otros hombres…

Jaime Torres Bodet

Como resultado de los hechos anteriores y, sobre todo, debido a su colaboración en el nacimiento de la Unesco y en la redacción de su Carta Constitutiva, en 1948 obtiene el reconocimiento internacional y es propuesto para Director General de la Organización. El 10 de diciembre rinde protesta en Beirut, el mismo día en que la Asamblea General de la ONU. aprueba en París la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Desde la Dirección General de la Unesco, Torres Bodet advierte que debe emprender una inmensa labor educativa y cultural, infortunadamente las grandes potencias brindan un presupuesto relativamente mínimo para esta industria si se compara, por ejemplo, con el presupuesto que se destina para armamento. Desde el principio. este tema se convierte en la batalla perdida de Torres Bodet, pero a pesar de este panorama, no es nada desdeñable el trabajo que realiza con el mayor esfuerzo durante cuatro años.

El tiempo no alcanza entre viajes, entrevistas, juntas, atender peticiones y muchas veces necedades. Intenta por medio del trabajo palpable: creación de escuelas, becas, cursos, exposiciones, tocar la razón y el sentido común de los países más prósperos, y solicitar un apoyo al que están obligados, pero que no pocas veces se presenta en forma de limosna. Visita varias naciones: Bélgica, los Estados Unidos, Gran Bretaña, México, Italia, Cuba, Egipto, la India, Yugoslavia, China… En la mayoría de estos lugares emprende alguna tarea que no siempre es correspondida. Entre diferentes personalidades y autoridades, destaca su relación con personajes como León Blum, Juan XXIII, Bertrand Russell, François Mauriac, Albert Camus, André Malraux, Pierre Teilhard de Chardin, Gabriela Mistral, Sri Pandit Jawaharlal Nehru, Pío XII, el Mariscal Tito, Nelson Rockefeller, T. S. Elliot, Albert Einstein…

Es relevante su participación en la Convención Universal del Derecho de Autor, pero quizá la decisión más importante de Torres Bodet al frente de la Unesco, es su propia renuncia, detonada principalmente por la adhesión del gobierno de Francisco Franco a la Organización, hecho que indigna a cualquier manifestación de educación y cultura, pero también la precaria situación del Organismo lo obliga a declinar, pues tanto el Consejo de la Unesco, así como mandatarios y personalidades de distintos ámbitos, consideran a Jaime Torres Bodet como el funcionario más adecuado para esa Dirección, admiran su entrega, su capacidad, su honradez, pero Torres Bodet no necesita de esas deferencias, el problema de la Unesco es económico, y él sabe que al presentar su dimisión, con ese acto de sacrificio personal, la comunidad internacional podrá advertir las necesidades y el valor real de la Unesco, y con ello se tomará con más seriedad al Organismo. No es fácil ésta decisión, pero Torres Bodet hace muestra de su dignidad frente a este escenario y no da marcha atrás. El tiempo le otorga la razón, a partir de esa protesta en forma de renuncia, los países son más generosos en sus contribuciones y Jaime Torres Bodet es recordado como el Director que salvó a la Unesco de una prematura desaparición.

Al regresar a México, Torres Bodet decide finalizar su trayectoria como funcionario público, quiere dedicar el tiempo a la escritura. El 8 de octubre de 1953 ingresa al Colegio Nacional, su discurso de ingreso es contestado por Manuel Toussaint.

En esta temporada sufre un severo incidente que en momentos anuncia una posible ceguera, ante este hecho, cae en una profunda depresión, su esposa y sus amigos buscan distraerlo, con el paso de los días comienza una ligera mejoría, pero existe un ambiente de preocupación general por la salud del ex funcionario, a tal grado que el presidente Adolfo Ruiz Cortines lo busca para ofrecerle un nuevo puesto en su gobierno y que con esto el escritor salga de ese lamentable estado. Torres Bodet ya no quiere otro encargo pero se deja seducir ante la posibilidad de viajar nuevamente a Francia, ocupar el puesto de Embajador en París. De todos los lugares del mundo, según lo menciona, es en México y en París donde se siente más completo, más vivo, así que acepta el ofrecimiento del presidente Ruiz Cortines y sale rumbo a Francia.