Brasil 0-México 0
Alfredo Ríos Camarena
Las ya muy comentadas declaraciones del expresidente Lula referentes a que México tiene peores indicadores en todas las áreas de desarrollo, crecimiento, etc. que Brasil, se expresaron en un marco cuyo objetivo era apoyar la campaña de reelección de la presidenta Dilma Rousseff, compañera de Lula en el Partido de los Trabajadores; sin embargo, el momento fue indudablemente equivocado y lastimó la sensibilidad mexicana, sobre todo que pocos meses antes este mismo personaje vino a México a validar y a apoyar la Cruzada contra el Hambre que se inició en Chiapas el pasado mes de abril; el presidente Lula realizó un trabajo excepcional en esta materia en Brasil.
Pero ¿de veras de veras los indicadores de Brasil son mucho mejores que los nuestros? Por supuesto que no, ni en crecimiento económico actual, ni en el tema de la inseguridad, ni en muchos más. La prensa internacional especializada en aspectos financieros ha creado en determinadas circunstancias un ambiente favorable a distintos países para convertirlos en favoritos de los mercados y de la inversión; el milagro brasileño fue espectacular y logró acelerar su industrialización, así como diversificar sus exportaciones, pero las expectativas que se le habían atribuido han cambiado en los últimos tres o cuatro años y la reacción interna contra la corrupción ha desatado un proceso de inestabilidad social por inquietudes político electorales y desde luego por la desigualdad; no obstante, en la arena electoral, las encuestas le dan una ventaja todavía de más de 30 puntos a la presidenta para que obtenga su reelección, lo que seguramente sucederá, pero estos mismos medios de comunicación, con motivo de las reformas planteadas por el presidente Peña Nieto, se han inclinado a darle a México un atractivo lugar para la inversión privada. En todo caso ni el “momento brasileño”, ni el “mexican moment”, corresponden a realidades, sino a especulaciones mediáticas.
La respuesta que recibió Lula por parte del presidente Peña Nieto quien se encontraba en Madrid en conferencia con el presidente Rajoy, fue precisa y elegante; sin entrar en ningún conflicto, expresó Peña Nieto que cada país tiene sus propias condiciones históricas, sus propios paradigmas, sus propias metas.
Mientras tanto, comenzó el campeonato mundial de fútbol en condiciones verdaderamente difíciles para el gobierno brasileño; creció la protesta social en grupos sindicales y en células anarquistas y ha propiciado una enorme indignación de los brasileños, que consideran una exageración el gasto destinado al campeonato de futbol y a la incapacidad de terminar adecuadamente la infraestructura que también servirá para la próxima olimpiada, sin embargo, los brasileños piensan que hay elefantes blancos innecesarios, gasto público dispendioso y en el fondo el tema de la corrupción. Claro que el pueblo de Brasil no está contra el futbol, sino contra la corrupción y la desigualdad.
La presidenta evaluó la posibilidad de pronunciar, como todos los jefes de Estado, el discurso inaugural, pero optó en su calidad de candidata, por una táctica de la avestruz, pues estuvo presente, pero supuestamente nadie la vio: quizá estuvo bien su estrategia, pero para muchos observadores brasileños fue un acto de cobardía; para empeorar las cosas, tampoco habló Joseph Blatter, presidente de la FIFA, por los escándalos de corrupción en que está envuelta esta institución futbolera.
Finalmente, a pesar de la enorme calidad del futbol brasileño, no le pudieron ganar al equipo mexicano en un empate cero a cero que refleja en realidad que no hay diferencias entre Brasil y México; somos países hermanos en América Latina y compartimos un destino común, ésta es nuestra realidad y nuestro horizonte.
Qué pena que Lula haya expresado esas afirmaciones, finalmente intrascendentes; qué pena que Dilma Rousseff se esconda frente a su pueblo y qué bueno que la política internacional mexicana se maneje con categoría y finura.
En fin, Brasil y México tienen mucho que hacer para superar la pobreza, la desigualdad y la inseguridad, entretanto, sigámonos emocionando con el futbol y ojalá nuestro equipo siga dándonos emociones que nos enorgullecen.
